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Una comedia zombi se burla del nacionalismo en Serbia y Croacia

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08/04/2019
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TEXTO: VESNA BERNARDIC/EFE FOTOS: KINORAMA/EFE

Podría decirse que es arriesgada la propuesta, pero funciona: “El último serbio en Croacia” se vale de los zombies para sacudir los mitos del nacionalismo balcánico

Un virus convierte en zombis a los humanos en Croacia, pero la población de la minoría serbia se salva: su sangre servirá además para elaborar con un aguardiente tradicional un suero salvador.

Este es el argumento de la comedia zombi “El último serbio en Croacia”, el primer trabajo del director de cine croata Predrag Licina, que se proyecta estos días en Zagreb.

En esta comedia, los zombis – una masa ensangrentada de piel gris, con la ropa hecha jirones y los ojos en blanco – son un símbolo de los estragos uniformadores del nacionalismo.

Al mismo tiempo, muchos croatas inmunes pese a ser mordidos por los zombis sufren un debate interno al darse cuenta de esa forma de que no son puros, ya que poseen algún gen serbio.

“Mi vida ha perdido todo sentido”, lamenta un ultra croata con tatuajes ustasha (los pro-nazis croatas de la II Guerra Mundial) al conocer su “impureza”, a pesar de que ésta le salva de ser un monstruo con la capacidad cognitiva de un molusco.

Saberse los únicos que pueden salvar a la humanidad alegra a los serbios y, sobre todo, confirma su hilarante convicción de que son una etnia “celestial”.

Esta definición era una idea realmente difundida entre ultranacionalistas serbios durante las guerras que hace un cuarto de siglo desangraron y fragmentaron la antigua Yugoslavia.

Los mitos del nacionalismo balcánico son así ridiculizados en esta coproducción croato-serbia en la que la heroína croata es interpretada por una actriz serbia, mientras que el principal protagonista serbio lo encarna un croata.

“El objetivo primario de toda esta idea ha sido hacer reír a los sufridos pueblos de la ex Yugoslavia, advirtiéndoles al mismo tiempo sobre lo pequeños e insignificantes que somos todos a nivel planetario”, comenta el director de la película a Efe.

El suero salvador cura de la pandemia a los habitantes de Croacia pero los convierte en ultras serbios. Al final, la comunidad internacional – harta de extremistas enloquecidos – bombardea el país y lo repuebla con albaneses.

Esta atrevida comedia que no deja títere con cabeza y que ataca los clichés nacionalistas de los pueblos de la región es la primera de Licina, que hasta ahora dirigía vídeos publicitarios.

Su película, que ha tenido éxito de público, es la última de una serie de comedias, como “La Constitución de la República de Croacia” y “El héroe nacional Ljiljan Vidic”, que se burlan del chovinismo.

En otra película, “¿Qué Estado es éste?”, de Vinko Bresan, cuatro jubilados que buscan de forma tragicómica hacer justicia roban el féretro del presidente nacionalista croata Franjo Tudjman vistiendo camisetas de los futbolistas internacionales Luka Modric, Ivan Rakitic, Mario Mandzukic e Ivan Perisic.

En una ridícula confusión entre generales, veteranos y víctimas de guerra, el féretro termina enterrado, de forma grotesca, en un remoto cementerio serbio.

La mayor víctima del embrollo es un hombre común, un sepulturero, al que las autoridades “patrióticas” entierran vivo en la tumba oficial del “padre de la nación croata” para evitar el escándalo que supondría la noticia sobre la desaparición del cuerpo de Tudjman.

Los gritos del sepulturero son interpretados por un embelesado seguidor de Tudjman como mensajes de su ídolo desde el otro mundo, lo que crea una nueva trama con giros absurdos.

Aunque se trata de películas taquilleras, el crítico de cine Jurica Pavicic es pesimista respecto al alcance del mensaje antinacionalista de estas obras entre el público.

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La sátira – considera – es demasiado blanda frente al nacionalismo en Croacia, gobernada desde la independencia (1991) durante la mayor parte del tiempo por la conservadora Unión Democrática Croata (HDZ) fundada por Tudjman.

De hecho, el actual Gobierno está en manos de la HDZ del primer ministro Andrej Plenkovic.

“El nacionalismo impregna todos los poros de la sociedad -desde la política, las ceremonias públicas, la escuela, la televisión, la radio, los deportes y la música”, resume a Efe el crítico.

Estas películas, agrega, “las produce una decepcionada ciudadanía liberal para otros miembros de ese mismo sector de la población. Los nacionalistas no va a verlas”.

De ahí que estas películas no hayan generado polémica entre los sectores nacionalistas, que simplemente las ignora o las considera un obra de malos croatas o incluso de traidores.

“El nacionalismo es una armadura utilizada por una oligarquía para mantenerse en el poder, un entramado en el que se entrelazan el partido gobernante (HDZ), la iglesia, los veteranos de guerra y parte de la cultura conservadora”, señala Pavicic.