Vinotinto contra Bolivia: cuando lo normal es anormal

El debut de Venezuela fue soñado. Goleó y gustó. Y lo hizo con un 11 previsible, juntando a los que ya han sido utilizados por otros técnicos. ¿Qué cambió? Parece que el rival facilitó ese primer paso de encontrar la competitividad, perdida por los movimientos de una FVF caótica. Sin embargo, ahora viene lo más difícil: impedir el típico bajón que la Vinotinto muestra luego de un logro

Vinotinto contra Bolivia: cuando lo normal es anormal

Vivimos en un país raro, en el que un panadero maneja su propia tasa de cambio de divisas, o se abre un hueco en un condominio para buscar el agua que el gobierno no provee. Tan raro como que el equipo campeón del torneo local de béisbol -el deporte en teoría más popular- pierde en su debut ante el representante de Colombia -un recién llegado- en la Serie del Caribe. Raro, como tener dos presidentes.

Tan raro que si la vida transcurre como debe ser, nos sorprendemos. Por ejemplo, cuando el trámite de la cédula avanza sin trabas; cuando te llega el pasaporte o cuando la luz dura más allá de 48 horas. Es por eso que si Venezuela golea a Bolivia, las emociones se desbordan. Lo lógico era la victoria y por diferencia amplia. Basta recordar que el primer triunfo a camino a Rusia 2018 fue ante esta selección (5-0).

Pero cuatros años es mucho tiempo. Sobre todo si contamos que en un mismo proceso hacia el Mundial (Catar), el trono se intercambió según el antojo de quien manda en la Federación Venezolana de Fútbol. Así llegamos a tres técnicos: Rafael Dudamel, José Peseiro y ahora José Néstor Pékerman. Probablemente eso incidió en el golpe a la memoria. La realidad es que Bolivia es la víctima preferida de Venezuela. No importa quién la dirija, los resultados así lo dicen. Y si no me creen, créanle a @SoccerDataVEN.

Entonces, ¿por qué tanta bulla por una goleada que estaba entre las posibilidades? Primero, porque era el debut de José Pékerman. Segundo, porque al frente estaba César Farías, el técnico que supuestamente ha estado más cerca de clasificar a Venezuela a un Mundial, algo bastante discutible pero que se ha vendido muy bien.

El desempeño en el terreno indica la realidad de la selección del antiplano. En La Paz es un avión, fuera de allí es un mosquito sin alas. Valdría analizar por qué cada vez que un técnico venezolano tiene un partido crucial, uno para retar la historia, termina claudicando. Le pasó a Richard Páez con Estudiantes de Mérida en Copa Libertadores; a Dudamel ante Argentina en la Copa América y a Farías ante Paraguay también en la Copa América.

Farías se habría metido de lleno en la pelea por, al menos el quinto lugar en este torneo, si vencía al último de la tabla. No lo consiguió. De hecho, se pudo llevar dos o tres goles más (lo que falló Chancellor es inexplicable). ¿Por qué lució tan débil si venía de golear, a Uruguay y Trinidad y Tobago en un amistoso? Primero, porque ya no estaba en la altura, que es su única ventaja y luego porque se encontró a un equipo que volvió a creer en su estratega. O al menos eso parece.

Pékerman no se inventó un nuevo 11. Tampoco sacó a un jugador nacionalizado debajo de la manga, al estilo Lapdula (Perú) o Brereton (Chile). De hecho goleó echando mano de cuatro pilares que habían sido vilipendiados durante toda la eliminatoria. Algunos incluso fueron jubilados por los fanáticos hartos de tantas derrotas. Hablamos de Tomás Rincón, Rómulo Otero (¡qué partidazo!), Yeferson Soteldo y Salomón Rondón.

El gran amigo, escritor de “Gancho al hígado” y editor Leo Felipe Campos comentaba el partido por Twitter y hacía la siguiente acotación:

Un movimiento natural en cualquier selección -soltar a los laterales- en Venezuela se convierte en un arrojo exótico. Como si Pékerman hubiera inventado la salsa Teriyaki. La verdad es que, al menos en este encuentro, dio en la tecla para que las piezas de lego encajaran. Sin embargo, y con la certeza de aparecer como el aguafiestas, es muy rápido para decir que esta es “otra” Venezuela.

La Vinotinto jugó y ganó bien. No hay duda. Había que demostrar lo que, nombre por nombre, parecía lógico: la superioridad. Basta ver dónde juega cada venezolano y dónde cada boliviano para certificarlo. Sin embargo, será frente a los últimos rivales (Uruguay, Argentina, Colombia) que se podrá comprobar hasta dónde pesa la mano del nuevo técnico y su discurso. No es que no creamos en él, es que Venezuela suele moverse como en un Sube y Baja. Hoy puede estar muy arriba y mañana enterrarse más allá de su último puesto en a tabla.