¿Y si a Leo González le va bien?

En una emergencia como la suscitada, González cumplía todos los requisitos necesarios para convertirse en el apagafuegos: un tipo de confianza, con trabajo, por aquello de las exigencias económicas, respetado por los futbolistas del país, exitoso y con alguien que pueda encargarse del club mientras él esté en la selección venezolana

¿Y si a Leo González le va bien?

Hay momentos en los que provoca escribir desde el corazón, más que la razón. Sobre todo cuando la realidad es tan dura que te obliga muchas veces a reflexionar, dudar y cuestionarte si todo lo que estás haciendo realmente vale la pena.

En días pasados, en ocasión del nombramiento de Leonardo González como seleccionador interino, la conmoción había sido generalizada: la traumática salida de José Peseiro del cargo de director técnico nacional dejaba a todos desconcertados. Desconcertados porque faltaban 13 días para enfrentar a Argentina en el comienzo de la triple fecha eliminatoria y había que encontrar ahora quién se haría cargo del entuerto en cuestión de horas.

Sin entrar en consideraciones acerca de las formas de cómo Peseiro terminó yéndose (cualquier persona que le deban 14 meses de salario puede tomar la decisión que él adoptó sin que nadie se lo cuestione), que lógicamente representaron un bochorno internacional (no recuerdo un seleccionador que haya renunciado porque no le habían pagado), lo que vino luego cumplió con la lógica que el fútbol plantea en cuanto a la elección del nuevo técnico.

Que Leo González haya sido designado seleccionador interino cumple con el criterio del deber ser. Con Martín Carrillo más fuera que dentro de la selección sub-20 (a los días vino su desvinculación del cargo y su anuncio como nuevo DT de Academia Puerto Cabello), no había manera de encontrar un técnico linajudo y extranjero que asumiera tamaña responsabilidad sin garantías de pago ni tiempo para trabajar con sus nuevos dirigidos. Por eso, había que voltear dentro de la casa a ver con qué se podía contar.

El vínculo entre Leo González y el nuevo presidente de la FVF, Jorge Giménez, es estrecho. Es un vínculo laboral y de amistad, que viene labrado desde que el trujillano estuviera al frente del Deportivo Lara, de quien hasta hace poco Giménez era su presidente y propietario.

En una emergencia como la suscitada, González cumplía todos los requisitos necesarios para convertirse en el apagafuegos: un tipo de confianza, con trabajo, por aquello de las exigencias económicas (tenía dos partidos al frente Lara, en su segunda etapa al frente de los crepusculares), respetado por los futbolistas del país, exitoso (ha sido campeón en los equipos que dirigió) y con alguien que pueda encargarse del club mientras él esté en la selección (su espadachín Pedro Vera perfectamente se puede quedar al frente de Lara).

Este análisis lo podemos asumir rápidamente quienes estamos vinculados al fútbol nacional y no hay que tener dos dedos de frente para entender la causalidad que desembocara en el nombramiento de Leo González como seleccionador. Ahora, lo que realmente desnuda al “país futbolero” que no somos, es que se hayan elevado tantos “¿y ése quién es?”.

En ese aspecto, asumo que seguimos siendo el mismo país con su fútbol que éramos en 1992. Y aquí escribo desde las vísceras. Un país que aspira a clasificar por primera vez a un mundial o que le exige a la FVF un sinfín de cambios para crecer, cree que aquí no se juega fútbol, que los “Venex” dan el salto al extranjero por obra y gracia del espíritu santo. Todos los que opinan, se rasgan las vestiduras y quieren decir cómo debe jugar la Vinotinto, quedan retratados cuando hay que explicarles que Leo González no es el mismo “Patón” González y que no, no es un fantasma. Entonces: no somos un país futbolero y las aspiraciones también pasan por eso.

Volviendo al interinato de Leo González. ¿Y si logra cuatro puntos de los nueve en disputa? ¿Y si Venezuela encuentra rápido una forma de juego que le permita competir? ¿Si los jugadores hacen click inmediatamente con las ideas del trujillano?  Debería quedarse.

Venezuela ha recorrido prácticamente la mitad del camino a Catar por lo que muchas variaciones de cara a lo que resta será algo más bien perjudicial. Peseiro ni siquiera tuvo un partido amistoso para conocer a los suyos y creo que el escenario de aquí hasta Catar luce mucho más complicado como para hacer pruebas, conocer al grupo y esas cosas. Ya no hay margen de tiempo para nada.

Un voto de confianza para Leo González. Capaz es él. Su trayectoria en el fútbol nacional así lo garantiza. Falta ver cómo le va en su relación con los futbolistas y la asimilación de estos a la idea de él. Y si le va bien en lo que viene, ¿por qué no podría seguir ese camino de cara a lo que resta?

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