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Premio SIP 2018 | 10 kilómetros en memoria de Juan Pablo Pernalete

A propósito del premio a la Excelencia Periodística de la SIP que obtuvo por segundo año consecutivo El Estímulo por su cobertura a las protestas de 2017 en Venezuela, recordamos algunos de los trabajos realizados por nuestro equipo periodístico. Valeria Pedicini recorrió los 10 km para elaborar una crónica sobre uno de los jóvenes asesinados en las manifestaciones: el estudiante Juan Pablo Pernalete.

Elvira Llovera sabía que su hijo había llegado a casa, incluso antes de que sonaran las llaves. El ruido que hacía al entrar era inconfundible. Tras cerrar la puerta, intuía que él se acostaría a su lado y le daría un beso por cada minuto ausente. Cada mañana, sin excepción, Juan Pablo se despedía pidiendo la bendición.

Juan Pablo Pernalete Llovera le prometió a su madre que la marcha del 26 de abril sería la última a la que iría. Lo dijo sin saber que así sería. Tras su muerte, Elvira revisa los últimos mensajes de su hijo en busca de algún consuelo. Nada parece calmar el dolor.

Este jueves 27 de abril, la «Plaza del Samán», ubicada frente al rectorado de la Universidad Metropolitana (Unimet), estaba repleta de personas, pero “jamás se había sentido tan vacía”, dijo un estudiante durante la misa oficiada en homenaje al joven de 20 años, asesinado en Altamira por el impacto de una bomba lacrimógena en el pecho.

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La tristeza invadía el lugar, casi tanto como las camisas negras y las flores llevadas por los asistentes. No había espacio para risas, banalidades, comentarios graciosos o saludos entre los allegados. Sin importar si lo conocieron o no, las lágrimas brotaban silenciosas de los ojos de muchos de los presentes.

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Ni el sol inclemente del mediodía movió a los amigos de la infancia y miembros de su equipo de basquetbol, que se mantenían en el acto para recordarlo y hacerle saber a todos quién fue Pernalete. Representantes académicos de la Unimet, profesores, estudiantes de otras casas de estudios y dirigentes políticos también se unieron al homenaje.

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¿Quién fue Juan Pablo Pernalete?

 

Las personas que lo conocieron no tienen adjetivos negativos al momento de describir a Juan Pablo. Alexander Cittadino, su amigo desde que estaban en el maternal del Colegio María Santísima de El Marqués, lo recuerda carismático, perseverante y apasionado. Pero, sobre todo, dice que fue valiente.

“Desde pequeño fue un niño hiperactivo y alegre. A nadie le caía mal, nadie odiaba nada de él. Con quien sea que hablara, esa persona sentía que se iba a hacer hermano de él”, comenta Cittadino con la nostalgia inundándole la voz. “Juanpi”, «Panjuablo o «Juantipu», como le decían sus conocidos, era un echador de broma por naturaleza. Todos coinciden en que siempre tenía una sonrisa en su rostro, aún en los momentos más difíciles.

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Juan Pablo, dice Cittadino, era A-1 con los deportes y los estudios. Jugó básquet desde pequeño hasta sus últimos años de colegio e ingresó en Medicina en la Universidad Central de Venezuela, carrera que abandonó debido a que sentía que se atrasaba mucho por la constante suspensión de clases en la universidad pública. Su talento en las canchas le concedió una beca por excelente deportiva para estudiar Contaduría Pública en la Unimet. Ahí se convirtió parte del equipo de básquet de dicha casa de estudios, en el que portaba una camisa naranja y azul con el número tres. Estuvo a punto de ser convocado por la Asociación Venezolana de Baloncesto y siempre fue su sueño jugar en la NBA.

«Era el primero en llegar a los entrenamientos y el último en irse», garantizó Andrés Toth, amigo basquetbolista, quien junto a los demás miembros del equipo participaron en la misa y pintaron con letras blancas un balón negro con emotivos mensajes para Pernalete. «Lo hicimos entre todos», dijo George Chakour a El Estímulo mientras sostenía la pelota en una mano y una rosa roja en la otra.

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La lucha de Juan Pablo

 

“Él siempre fue y será parte del cambio. Gracias por tu lucha y tu vida”, expresó el sacerdote alrededor de las 11 y media de la mañana cuando inició la misa.

Las ganas de trabajar y sacar al país adelante también eran importantes para Juan Pablo, afirmó su amigo de la infancia. Desde que iniciaron las protestas contra Nicolás Maduro, hace casi cuatro semanas, el joven estuvo en la calle. Y tenía una razón: el cáncer de su hermana menor. Le costaba conseguir las medicinas para ella. “Eso es un impulso para que cualquiera saliera a batallar por sus derechos y por lo que le hace falta”, dijo el también estudiante de la Unimet.

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Cittadino acostumbraba a acompañar a Pernalete, junto a tres jóvenes más, a las marchas. Pero el 26 de abril, día en que una bomba lacrimógena le impactó en el pecho y le causó la muerte, Juan Pablo fue solo a la movilización. «Él decidió quedarse en el gimnasio para después ir a la marcha. Nos fuimos separados y nos encontramos allá. Yo ya me estaba regresando cuando llegó». Incluso le pidió que se fuera con él:

Juan, vente, bro.
No, acabo de llegar. Me voy a quedar un rato más.

Luego de eso, Cittadino solo supo de su amigo cuando recibió la mala noticia.

Sus otros compañeros de lucha también estuvieron presentes en el homenaje de Juan Pablo con pancartas que mostraban el dolor profundo e inconsolable que sentían por el asesinato de su amigo. «Te levantamos con la esperanza de que volvieras. Gracias por tanto, guerrero», rezaba una de ellas, alzada por un estudiante que lloraba desesperadamente en la misa.

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Pernalete formaba parte de la agrupación estudiantil llamada Unimet Lucha, que se encargaba de proteger a los manifestantes durante las protestas, «haciéndole frente a la represión, estando en primera línea y evitando que los gases afecten la marcha pacífica», explicó su compañero, Erick Izaguirre.

Erick, con la ayuda de otras personas, socorrió a Juan Pablo cuando se encontraba en el piso, tras el golpe de la bomba lacrimógena que impactó en el pecho. Cuando observaron que se encontraba en estado de shock, llamaron a los paramédicos. «Logramos montarlo en una moto y tres de sus compañeros del colegio lo acompañaron hasta Salud Chacao. Dos horas después, nos enteramos que había fallecido«, relata con voz quebrada.

«Él era una persona que realmente tenía ese ímpetu de luchar por Venezuela y estaba comprometido con generar el cambio. Hoy más que nunca el Movimiento Estudiantil se siente totalmente herido: se nos fue un hermano«, manifestó el también consejero académico de la Unimet.

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Las lágrimas irrumpieron súbitamente cuando se escuchó «Yo te extrañaré», canción cristiana de la agrupación Tercer Cielo. «Ojalá pudiera devolver el tiempo para verte de nuevo, para darte un abrazo y nunca soltarte. Mas comprendo que llego tu tiempo, que Dios te ha llamado…», interpretada por el coro de la universidad, aunque nadie parecía comprender las decisiones divinas que se llevaron al joven el pasado 26 de abril.

«No te conocí, pero te siento como todos los que están aquí», dijo una de las cantantes durante la entonación. Uno de los amigos de Pernalete aseguró que quienes no tuvieron la dicha de conocerlo, lo extrañarán también.

Hasta el lugar de su caída

 

Después de la misa, muchas rosas, velas y mensajes fueron dejados por los asistentes bajo el conocido samán de la casa de estudios. «Juan Pablo fue vilmente asesinado. Murió en las calles y la mejor manera de honrarlo es ahí», dijo Samuel Díaz, presidente de la Federación de Centros Universitarios de la Unimet, mientras aseguraba que debían mantener el legado de su compañero.

Y los estudiantes hicieron caso: el recorrido, que se extendió casi 11 kilómetros, partió desde Terrazas del Ávila hasta Altamira Sur, en la avenida Ávila del municipio Chacao, donde cayó Pernalete.

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La caminata por la autopista Francisco Fajardo empezó a la 1 de la tarde, pasó por los barrios Fechas Patrias y La Bombilla de Petare, donde algunos ciudadanos saludaron y ondearon banderas de Venezuela, y tomó rumbo hacia La California. El silencio era ensordecedor y la pesadez en el ambiente aplastaba el ánimo. Las consignas propias de las protestas no tenían espacio en la actividad por la muerte del unimetano de 20 años, solo las pancartas que hablaban de nostalgia, rabia y tristeza.

Algunos dirigentes políticos acompañaron a los universitarios hasta Altamira, donde una concentración en la plaza Francia esperaba a los jóvenes que llegaron a su destino casi a las 4 de la tarde.

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“Juan Pablo somos todos”, gritaban los estudiantes que encabezaban la marcha cuando se encontraron con el resto de los manifestantes, concentrados desde horas antes en la conexión entre las avenidas San Juan Bosco y Luis Roche. Ante los aplausos, algunos de sus compañeros respondían “aplaudan más alto, que los escuche Juan Pablo en el cielo”.

El luto y la solemnidad se mantuvieron, a pesar de la gran cantidad de gente. Varios cargaban banderas de Venezuela en blanco y negro y, aunque el sol arreció durante toda la marcha, en ese momento cuando se encontraron las dos concentraciones, la sombra tomó el lugar y cayó una leve llovizna.

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Tras pasar una cadena humana que hicieron los demás ciudadanos, sus compañeros mantuvieron paso firme y sin dudar hasta el lugar donde presuntamente murió Juan Pablo. Ellos lo tenían muy claro, una certeza que no tiene el Ministerio Público: funcionarios de la Fiscalía declararon a El Estímulo que no han podido precisar el punto donde cayó Pernalete, mientras hacían el levantamiento de pruebas de una vida que no volverá a verse en las calles. 

 

Sus amigos hicieron un círculo, pusieron un cartel naranja en el piso con un mensaje escrito a mano: “Gracias a ti y a tu familia por este sacrificio. No será en vano”. Se agarraron las manos y comenzaron a rezar. Además, le dejaron una rosa en el lugar donde cayó el joven. Aseguraron que no dejarán de estar en las calles a pesar del asesinato de Juan Pablo.

Alexander Cittadino se siente agradecido por el homenaje que los estudiantes le hicieron a su amigo de la infancia, pero asegura que el dolor por la muerte de su compañero no merece vivirlo ninguna persona.

“No tenía que haber sucedido la muerte de nadie. ¿Por qué tengo que hacer una misa? ¿Por qué tengo que caminar hasta donde cayó Juan Pablo? No hay palabras de ánimo ni de aliento”, dice con frustración en la voz.

 

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