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7 razones por las que debemos ver Boyhood

Boyhood es una película completamente opuesta a la frenética “Birdman” o a la amena “Gran Hotel Budapest”. El enorme esfuerzo que ha significado llevar a cabo este proyecto de 12 años de filmación le ha valido seis nominaciones al Oscar. Revisemos por qué esta obra de Richard Linklater ya se ha ganado su sitio en la historia del cine.

7 razones por las que debemos ver Boyhood

7- Montaje

“Tenía una idea narrativa sobre la infancia, pero no me podía decidir qué sección en específico representar: mis ideas tenían que ver con todas las etapas de la niñez, y el hecho de crecer. Y pensé: ¿qué pasaría si filmo un poquito cada año, en el transcurso de 12 años?’ Pues sería una forma nueva y única de contar la historia. Y eso fue emocionante. Es una idea poco práctica, pero la hicimos funcionar”. Richard Linklater.

Boyhood se filmó durante varias semanas entre 2002 y 2013. Escoger las escenas que reflejan la evolución de los personajes y que le dan sentido a la trama, entre las miles de opciones posibles, agota de solo pensarlo. «Esta es toda la mierda que cortan en una película», bromeó el director que se da el lujo, en efecto, de explorar los espacios que regularmente no aparecen las cintas de 90 minutos. El resultado de ese experimento es una historia «lineal»; un presente continuo del comportamiento humano, trabajado con una naturalidad que abruma, con una honestidad impropia de nuestro tiempo. Boyhood se ubica en la esquina contraria, por ejemplo, de Interestelar (Christopher Nolan). No ofrece respuestas absolutas.

6- Guión

“Sabía que el elenco iba a estar sometido a un cambio físico constante y que de igual manera iba a estar sujeto a cambios en la cultura, en la política o en lo que estuviera sucediendo en el mundo mismo. No puedo decirte exactamente lo que sucedería, pero sabía que iba a pasar algo y que seguirá pasando algo”. Richard Linklater.

Las columnas que sostienen el libreto fílmico están hechas de titanio. Este clásico cinematográfico (no necesita que pasen los años porque ya se ganó esa designación) se basa en la aguda precisión para narrar la evolución de una familia promedio. Así tenemos al padre que solo aparece los fines de semana; la madre que debe cargar con la aparente intrascendencia de los retos diarios -que realmente marcan nuestra personalidad- y los niños, víctimas de ese estrés que producen los cambios físicos y sicológicos. ¿De qué se trata Boyhood? De tu vida, mi vida y la vida de otros. De nuestro crecimiento que regularmente tiene más puntos muertos que cinematográficos. Se cumple aquí la sentencia de que lo particular siempre es universal. Es probable, sin embargo, que sea el público mayor, aquel que se cortó la melena y guardó la guitarra en el clóset, el que conecte mejor con esta propuesta.

5- Diálogos

“¿Los diálogos? Recuerdo todavía películas de mi infancia. Películas con Katherine Hepburn y Claudette Colbert. Los diálogos eran vertiginosos, entre el hombre y la mujer había una especie de animadversión tan profunda que parecía increíble que al final se amasen. En la vida real todo es diferente. De un odio tan intenso no puede salir nunca una buena relación, por mucho humor que ambas partes le pongan”. Woody Allen.

Antes de «Boyhood», Linklater realizó otro experimento: un estudio sobre la influencia del tiempo en las relaciones. Necesitó tres actos para cerrarlo. Empezó con «Antes del Amanecer (1995)», siguió con «Antes del atardecer (2004)» y culminó con «Antes del anochecer (2013)». El actual nominado al Oscar, Ethan Hawke, las protagoniza. Además del actor, existe un elemento clave que une esa trilogía con la obra que analizamos: todas dependen de los diálogos más que de las imágenes para avanzar. Estas conversaciones transcienden la pantalla y se convierten en charlas con los espectadores. El resultado es, obviamente, la identificación. Boyhood es, ante todo, una historia que hemos vivido

¡Atención, spoiller!

Aquí podemos observar un ejemplo de cómo el diálogo se impone a la descripción y soluciona cabos sueltos:

(Luego de abandonar a uno de sus maridos, que tiene dos hijos de otra pareja: Randy y Mindy)
Samantha:  ¿Por qué no podemos traer a Randy y Mindy con nosotros?
Mamá:
 Porque cariño, no soy su tutor legal, eso sería secuestro; es contra la ley.
Samantha: ¿No podrías hablar con su mamá?
Mamá: Traté, pero no pude dar con ella.
Samantha: Bueno, ¿qué va a pasar con ellos?
Mamá: (Llorando) No lo sé.
Samantha: ¿Por qué lloras?
Mamá: Porque no tengo todas las respuestas.

Fin del spoiller

4- Ellar Coltrane

“Yo tenía siete años, fui a una audición, conocí a su papá. Me escogió por alguna razón. El concepto de 12 años es muy abstracto cuando tienes siete, la forma en la que veía el filme era muy diferente a como lo veo ahora. Al principio era algo divertido. El impacto que ha tenido a lo largo de mi vida, ahora mirando hacia atrás, es algo interesante para pensar qué tanto de mi vida y mi personalidad está ahí”. Ellar Coltrane.

Hay algo en la mirada de Ellar Coltrane que deprime. Es de una tristeza que conmueve. Desde el inicio, sabemos que le va a costar ser feliz. Y esa sensación se mantiene hasta la última escena. No basta un buen guión para que un personaje sea coherente durante los 12 años de filmación. El actor está obligado a mantener ciertos movimientos y expresiones. Súmenle que debe hacerlo en pleno crecimiento físico. Y todo esto, sin acumular experiencia en la profesión. Boyhood es lo que es porque también está muy bien actuada.

3- Patrcia Arquette

“Como actriz me importa ser capaz de vivir de ello, pero he pagado más dinero a mi niñera y al que pasea a mi perro que lo que gané por Boyhood, ¡y para estar en Boyhood! La televisión te permite ganar para vivir, para dar de comer a tus hijos y mandarlos a la universidad. Y tener el lujo de decidir hacer lo que piensas que importa”. Patricia Arquette.

El prejuicio contra el género fantástico o de terror produce situaciones como esta. Arquette, durante siete temporadas, interpretó con una sorprendente solvencia a la vidente Allison Dubois, en la excelente «Medium». Ese acercamiento a un personaje complejo, que sufre de alucinaciones que sirven para esclarecer crímenes, le serviría de apoyo para interpretar a esta madre abnegada.

El caso de Arquette es un cliché. Su carrera cinematográfica es irregular. Aceptó demasiados papeles que apenas si explotaban su precioso rostro Sin embargo, ahora que no posee los mismos rasgos angelicales (el abuso de botox es evidente) ni la delgadez adolescente, transpira una serenidad que solo la madurez puede ofrecer.

«Boyhood» es Arquette. La madre; la que debe aceptar el mal humor de sus hijos porque al padre le queda lo cómodo. Todos sabemos que los problemas de los niños  no saltan mientras se nada en un hermoso lago o se disfruta de un buen día de bowling. No. Las dificultades aparecen en la rutina. A las mamás les toca lidiar con la primera menstruación, el primer tabaco de marihuana y la primera borrachera.

¡Atención, spoiller!

Esta es la mejor escena del filme. Es un monólogo brillante por el que debe ganar el Oscar.

(Cuando Mason se marcha a la universidad)

Mamá: Este es el peor día de mi vida. Sabía que este día llegaría, ¿excepto el por qué está ocurriendo ahora? Primero me caso, tengo hijos, termino con dos ex-maridos, vuelvo a la escuela, obtengo mi título, obtengo mi maestría, envío a mis dos hijos a la universidad. ¿Qué sigue? ¿Mi propio maldito funeral?… (Llorando) Yo sólo pensé que habría sido mejor.

Fin del spoiller

2- Banda Sonora

“Todo lo que sucede en la película es por una razón. Lo mismo pasa con la música. Si yo rompo con mi novia, quiero escuchar una canción que me dijera que todo iba a estar bien. Eso significaría algo para mí: tener una conexión especial con ese tema. No deseaba canciones sobre las que la gente no tenía alguna opinión”. Richard Linklater.

El soundtrack de Boyhood está compuesto por 16 temas. Cada momento en la vida de Mason tiene su canción. Algunos éxitos se reconocen rápidamente, como «Yellow» de Coldplay,  «Somebody that i used to know» de Gotye o “Crazy “de Gnarls Barkley. Apenas si hay espacio para un guiño del director, como por ejemplo usar “Band on the run”, que pertenece a Paul McCartney cuando formaba parte de The Wings. “Tenían que ser canciones de la época. La música es, obviamente, un disparador de la memoria, de la nostalgia que te ubica en un lugar y un tiempo. Se oye una canción y pow, estás de vuelta en octavo grado”, explica Linklater.

 1- Dirección

“No estaba tan seguro de que debíamos mostrar entre lo falso y lo real, porque la película no es un documental pero se siente real. Se suponía que debía sentirse como un documento del tiempo y fue una colaboración con el mundo real y lo que estaba pasando en un momento dado. Esto hace borrosa la frontera. Alguien dijo que si no habían visto a Patricia y a Ethan, en otros filmes, podría pensarse que realmente son una familia. Un tipo en Nueva York, después de la película, me dijo ‘¿cómo escogiste esta familia?’. Pensaba que no eran actores. Y yo quería que funcionara de esa manera en la mente del espectador”. Richard Linklater.

Para los Golden Globes, Critc’s Choice Movie Awards y Berlin International Filme Festival, entre otros, Linklater es el director del año. Lo explicado en los puntos anteriores funciona como sustento argumental. No solo desarrolla una historia, bajo el pretexto de la visión de un niño, sino que la condimenta con una gran cantidad de personajes secundarios perfectamente delineados. La película inicia y cierra con el principal: Mason. Muchos son los directores que intentan darle este cierre redondo a sus filmes y muy pocos lo logran. Lo curioso es que después del último corte, queda la sensación de que no hemos llegado al THE END,  todo lo contrario. Si acaso apenas comienza otro nuevo filme que, ahora sí, cada espectador debe completar en su cabeza.

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