7,5 millones de votos no revierten la conciencia de fracaso venezolana

“Es poco, ¿no?”, “Me esperaba más” son algunos de los comentarios más repetidos, entre un sector de la oposición venezolana, ante el anuncio de los resultados de la consulta popular realizada en rechazo a la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) convocada por Nicolás Maduro.

“Hay un sentimiento soterrado, y a veces muy explícito, en nosotros los venezolanos. Más que una conceptualización es eso, una suerte de sensación, un sentimiento: la sensación y el sentimiento del fracaso. Algo profundo en nuestro sentir colectivo se relaciona orgánicamente con lo fallido, lo truncado, lo abortado, lo desgarrado, lo desviado, lo extraviado (como una flecha que no logra dar en el blanco)”, expresó el poeta Armando Rojas Guardia, el 31 de octubre de 2016, durante su discurso de incorporación a la Academia Venezolana de la Lengua como Individuo de Número.
Ese sentimiento parece estar presente, no solo en la ciudadanía, en general, sino también en dirigentes políticos, en este caso de oposición. La realidad es que millones de ciudadanos salieron a las calles el 16 de julio. Específicamente, 7.535.259 personas participaron en el proceso y el 99% votó en contra de la ANC. 
Durante el referéndum constituyente promovido por el fallecido presidente Hugo Chávez en 1999, 4.137.509 ejercieron el sufragio. En aquella ocasión, el llamado «comandante supremo de la Revolución Bolivariana” logró convocar 3.630.666 millones de votos a favor de crear una nueva Carta Magna. Además, la ciudadanía contó con 8 mil centros y 20 mil mesas. Este domingo, fueron dispuestos en total 2.645 “puntos soberanos” y 15.102 mesas. Sin necesidad del Plan República ni militares en las calles. 
El proceso del 16 de julio llevó a cabo lo que no han permitido ni el Consejo Nacional Electoral (CNE) ni el Presidente este año, eso que por el contrario sí hizo Hugo Chávez: preguntar al soberano si quiere o no cambiar la Carta Magna con la que, además, el chavismo se ha llenado la boca diciendo que es “la mejor del mundo”.
A pesar de las amenazas del Gobierno, como la de pretender impedir la cobertura a los medios al advertir que sancionarían a aquellos que emplearan la palabra “consulta”, la gente salió a manifestarse. Los reporteros también hicieron su trabajo.
En la parroquia San Agustín, en el municipio Libertador, al oeste de Caracas, que suele estar amenazada por colectivos violentos afectos al régimen gobernante, las colas eran inmensas. Cuando estos grupos armados llegaron a amedrentar, se robaron el material electoral y rompieron toldos, los venezolanos que aún no habían ejercido su voto no se fueron a sus casas. Por el contrario, caminaron hasta Parque Carabobo, frente al ministerio Ministerio Público, y ejercieron su derecho. 
Periodistas que cubrieron el evento en esa y otras zonas de Caracas relataron que en El Valle, por ejemplo, había muchísima gente y que desde los edificios vecinos les gritaban: “¡Valientes!”. Algo similar, pero con un saldo trágico, sucedió en la avenida Sucre de Catia, donde –a pesar de la constante amenaza de los colectivos– el entusiasmo se mantuvo hasta que unos delincuentes dispararon y asesinaron a Xiomara Scott, de 61 años de edad. Era enfermera del Hospital Pérez Carreño.  De modo que no. No solo salió el este de la ciudad.
Sucedió lo mismo en el interior del país donde, por ejemplo en Barinas, la cuna del comandante, 189.949 personas rechazaron la Constituyente. O en Aragua, entidad que hasta hace poco era gobernada por el vicepresidente de la República, Tarek El Aissami, donde 408.624 venezolanos se mostraron en contra de la convocatoria de Maduro. Allí el registro electoral es de 1 millón 134 mil ciudadanos.
Pero pese a estas muestras y números de participación, a mucha gente le pareció «poco» lo logrado. Tanto que, en el comando de la MUD, la atmósfera era alegre, pero no la meritoria para un resultado como el obtenido.
¿A qué se podría deber? Quizás una de las respuestas la ofrece el mismo poeta Rojas Guardia, quien en su discurso ante la Academia expresaba que, en el caso venezolano, esa sensación o sentimiento de fracaso tiene, a su juicio, dos causas objetivas: “(…) primero, la capitis diminutio, la disminución de nuestra autoestima nacional al compararnos siempre con la gesta heroica que está en la base, en el comienzo de la vida republicana de Venezuela. Todos nos sentimos crónicamente disminuidos frente a la envergadura política y militar, y en general existencial, de aquella nuestra primera hora histórica”.
A lo que añade que “el resultado fáctico de este aprendizaje es que siempre nos sentimos por debajo del estatuto heroico de nuestros padres fundadores”.
Rojas Guardia argumenta que esto lo demuestra incluso “el lienzo de Arturo Michelena, que todos contemplamos siendo niños, [donde] Francisco de Miranda nos mira inquisitivamente dentro de su prisión de La Carraca: sus ojos nos juzgan, nos interpelan, nos demandan y nosotros, en nuestras pobres vidas de hombres y mujeres del siglo XXI, nunca estamos a la altura de aquel juicio, aquella interpelación y aquella demanda. La psicología del héroe tiene mucho de épica adolescente: el héroe busca autoafirmarse ante el mundo (por eso, por esa obsesión autoafirmativa, la gesta heroica es tan egótica). De modo que anclarnos como país en la psicología del héroe significa estar permanentemente retrotraídos a nuestra adolescencia republicana, negarnos a salir de ella”.
Pasadas las 11:30pm del 16 de julio, las cortinas del teatro de Chacao permanecían cerradas. Había expectativa acerca del resultado. El gobernador Henrique Capriles había mencionado días atrás una cifra, de Datanálisis, según la cual hasta 11 millones de venezolanos estaban dispuestos a votar en contra de la ANC.
Hay quienes aseguran que ese comentario fue uno de los que sembró mayores expectativas en la población pero, dejando eso de lado, lo cierto es que el número logrado en la consulta era vigoroso y determinante.
El presidente de la Asamblea, Julio Borges, quien cerró el acto del domingo desde la tarima, rodeado de numerosos representantes de la MUD –con algunas ausencias, como la del diputado Henry Ramos Allup, quien no se mostró en el lugar– dio las gracias a los ciudadanos que llevaron adelante la consulta y participaron.
“Para quienes se preguntan qué significan esos siete millones de votos, les doy una idea. Cuando se convocó la Constitución, en 1999, votaron cuatro millones de venezolanos. Cuando se aprobó esa Constitución, que es la que está vigente, votaron poco más de cuatro millones y medio de personas. En la reforma constitucional votaron menos de cuatro millones y medio de venezolanos. Y cuando Maduro ganó las elecciones, que sabemos que no las ganó, fue con menos gente de la que votó hoy. Eso significa que con los votos que manifestó el pueblo venezolano, matemáticamente, Nicolás Maduro está revocado. Ese era el miedo del referendo revocatorio. Por eso no quieren hacer elecciones más nunca”. Borges justificaba así el resultado.
Nuevamente, ese país con “sentimiento de fracaso” al parecer necesitaba la explicación. Y, a su vez, los dirigentes sentían que debían darla. No fue suficiente lo visto. Había que autoafirmarse.
Al mismo tiempo había políticos que comentaban, en los pasillos del Centro Cultural, que aquello era «una victoria épica», volviendo de ese modo a caer en el paradigma heroico del que se abusa tanto y con tanta frecuencia, según opinión de algunas personas.
“Ajustar nuestros paradigmas a un modelo civilizatorio nos reconciliaría con nosotros mismos”, señala Rojas Guardia. Sería entonces ajustarnos a lo civil..
Parte de la oposición parece no estar acostumbrada al triunfo y cuando lo obtiene logra convertirlo en derrota muy rápidamente.
Esto no es casual, también Rojas Guardia en su discurso, recuerda a personajes de textos importantes de la literatura venezolana donde “el fracaso pareciera que habla”. Casos como Pio Miranda de El día que me quieras de José Ignacio Cabrujas o Andrés Barazarte de País Portátil (Adriano González León).
De modo que el poeta considera que “la única manera de revertir la negatividad de nuestro sentimiento de fracaso es encararlo, no reprimiéndolo, ni disfrazándolo, ni edulcorándolo con nuevas posturas épicas que nos alejan de nuestra realidad histórica truncada”.
Entonces, esa “flecha que no logra dar en el blanco”, encontraría su diana en  la actitud cívica de los ciudadanos que, a pesar de la violencia que amenaza diariamente la vida, y de que se trató, el 16 de julio, de una consulta donde se comprometía el resguardo de la identidad, tomaron su cédula y salieron a manifestarse.]]>

Un viaje por el infierno en el Metro de Caracas

Hasta Dante se espantaría del averno capitalino. El Metro es el infierno de Caracas. El hacinamiento, las peleas y las mafias de vendedores son una constante. De 167 escaleras mecánicas, funcionan 28. No hay rampas ni ascensores para discapacitados y ancianos. De 42 trenes solo operan 15 y en ellos se movilizan a diario más de 1 millón 300 mil personas