A Caracas le bastó con Edder Farías para llegar a la final

Sólo hay dos maneras posibles de jugar al fútbol: bien o mal. Con la intención de hacerlo correctamente, los entrenadores ayudan a construir, junto a sus futbolistas, estrategias que los acerquen a conseguir ese fin. ¿Por qué es tan importante jugar bien? Porque al hacerlo, un equipo se acerca aún más a la probabilidad de obtener una victoria.

A Caracas le bastó con Edder Farías para llegar a la final

Interpretar correctamente este juego nada tiene que ver con dispositivos tácticos, largas posesiones o rápidos contragolpes. Cualquiera de esas herramientas será útil solamente si se ajusta a los futbolistas que deben ejecutarlas, así como a la capacidad de estos para sorprender e imponerse al rival.
Esto no es poca cosa; el fútbol es un juego de oposición directa en el que el contrario, por medio del contacto físico, la estrategia y las capacidades propias para robar el balón y construir a partir de ello, tiene el mismo objetivo: hacer un gol más. Es tan rico este juego que la meta se puede alcanzar por medio de propuestas que asuman conductas de protagonismo o a través de otras más reactivas, más dependientes del error del contrario.
Ambas corrientes son válidas y su evaluación no debe enfocarse en el resultado sino en el correcto uso de las herramientas a disposición.
A partir de esto, no es atrevido determinar que, tanto Caracas FC como Deportivo La Guaira, jugaron una serie que no quedará en el recuerdo. Sólo un zoquete puede justificar tan pobre espectáculo bajo la falsa premisa de que lo único que importa es ganar. Perdone que insista, pero sólo el buen juego acerca al triunfo. Lo demás es equivalente a entregarse al azar.
Repase el lector cualquiera de los duelos de esta semifinal para corroborar que no exagero. No sería descabellado afirmar que tanto rojos como naranjas prefirieron jugar a forzar el error del contrario antes que promover su propio protagonismo.El recurso es válido, insisto, pero llama la atención, sobre todo en el caso de La Guaira, que, teniendo una plantilla de tales capacidades, su staff técnico haya apostado por una idea tan prudente y conservadora, sobre todo cuando el resultado del partido de ida invitaba a asumir otros caminos.
La institución parece haber llegado a un punto de quiebre: debe decidir si sigue contratando nombres o retorna a la senda anterior, aquella en la que parecían inclinados a respetar ideas y proyectos, como en tiempos de Leo González y Pedro Vera.
Hago énfasis en el equipo litoralense porque esta versión del Caracas no puede competir económicamente con su víctima de hoy.
14.Celebración-Noel-Sanvicente
Con una base casi idéntica a la del torneo anterior, Noel Sanvicente y Javier Milán, su mano derecha, fueron aprendiendo durante el torneo, rindiéndose a la evidencia de que el futbolista y el plan deben ir de la mano. Sacar provecho de las cualidades de Robert Hernández, Edder Farías, Reiner Castro y compañía conlleva un enorme ejercicio de humildad; no es sencillo desechar ideas que antes parecían recetas infalibles.
El modelo son los jugadores, y el staff técnico debe identificar rápidamente esto para competir de la mejor manera.
Al Caracas le ha costado encontrarse desde que el propio Sanvicente abandonó la institución, allá por marzo de 2010. Ninguno de los entrenadores que ocupó el cargo hasta su retorno supo darle una identidad al equipo, por ello la directiva le abrió las puertas al hijo de siempre, casi como último recurso. El ídolo máximo de la institución dudó, y por momentos, durante el torneo, se mostró inseguro, quizá porque tuvo que “entregarse” a sus jugadores más de lo que hubiese querido, o, como le pasa a cualquiera en posiciones de mando, fueron demasiadas las voces que quisieron hacerse notar.
Sea como fuere, Sanvicente y los suyos aprovecharon las bondades del torneo –ya llegará el momento de analizar este torneo que tanto atenta contra la competitividad– para meterse entre los ocho mejores y ahora, tras la victoria desde el punto penal, disputar, por primera vez en siete años, la posibilidad de coronarse campeón.
Para lograrlo, Caracas debe hacerse fuerte en su juego por los costados. Allí, con sus laterales y sus volantes externos, puede estar una de las claves en la búsqueda del campeonato. Desde esa zona, desde las bandas, será mucho más sencillo aprovechar el gran momento de Farías, a quien poco parece importarle las casi inexistentes ocasiones que el equipo genera para él.
Dicen que a los ganadores no se los discute, pero quien hace vida en este deporte sabe que, hasta en los momentos más dulces hay que encontrar el tiempo para reflexionar. La victoria es impostora porque hace creer que todo está bien, pero hoy, a pesar del pase a la final, Sanvicente y los suyos deben revisarse y buscar urgentemente correctivos a las lagunas que su juego ha presentado durante el semestre. Sólo así tendrá chance real de ganar un título que puede colocar a la institución en la excelencia perdida.
P.S: Invoco el artículo 57 de la Constitución Nacional de la República Bolivariana de Venezuela: “Toda persona tiene derecho a expresar libremente sus pensamientos, sus ideas u opiniones de viva voz, por escrito o mediante cualquier otra forma de expresión y de hacer uso para ello de cualquier medio de comunicación y difusión, sin que pueda establecerse censura. Quien haga uso de este derecho asume plena responsabilidad por todo lo expresado. No se permite el anonimato, ni la propaganda de guerra, ni los mensajes discriminatorios, ni los que promuevan la intolerancia religiosa. Se prohíbe la censura a los funcionarios públicos o funcionarias públicas para dar cuenta de los asuntos bajo sus responsabilidades”.
La invitación es para los futbolistas profesionales a que no olviden que nadie, entrenador o dirigente, puede limitar su derecho a la libertad de expresión.]]>

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