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¿Acaso algo cambia con el nuevo CNE?

Siempre ha estado claro el hecho de que el chavismo no se la va a jugar en unas elecciones que pueda perder. Y se acaba de hacer un CNE a la medida para conquistar el último espacio que le falta: la Asamblea Nacional. ¿Qué hará la oposición democrática? Andrés Cañizales propone una opción

¿Acaso algo cambia con el nuevo CNE?

El chavismo ha dado el paso definitivo para cumplir lo que había anunciado desde inicios de 2020. Este año no habrá elecciones presidenciales en Venezuela, como venían reclamando la comunidad internacional y diversos sectores de la oposición, pero sí está la mesa servida para las elecciones parlamentarias, con un nuevo CNE.

El Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) anunció la noche de este 12 de junio la nueva directiva del Consejo Nacional Electoral (CNE). Es una decisión que apuntala la estrategia de realizar elecciones contra viento y marea (aún con el coronavirus activo) para terminar de acabar con el último espacio institucional que la comunidad internacional sigue considerando legítimo: la Asamblea Nacional que preside Juan Guaidó.

Las elecciones se celebrarán antes de que concluya este 2020 y, pese a que era un escenario bastante anunciado y previsible, los factores democráticos siguen fragmentados y desorientados. De nuevo una cadena de decisiones del chavismo parece tomar por sorpresa a la dirigencia democrática, y no hay ni una propuesta unitaria ni alternativa para responder a la hoja de ruta que ha trazado el chavismo.

El cambio de nombres en la dirección del Consejo Nacional Electoral (CNE), desde mi punto de vista, no cambia en absoluto el juego. El chavismo apuesta por elecciones, aunque carezcan de reconocimiento internacional y de legitimidad interna, pero le sirven para el control de facto de las instancias de poder.

La Asamblea Nacional Constituyente (ANC) tiene tres años establecida, el propio Nicolás Maduro lleva ya dos años en su gobierno de facto. Sería ingenuo creer que el chavismo organizaría unas elecciones de una manera distinta, que podrían significar su propio funeral.

Se avanza, bajo la lógica de hegemonía y control, para alcanzar el último espacio que aún no se tiene controlado: la Asamblea Nacional. El chavismo impone sus decisiones, pero necesita la narrativa de que el pueblo decidió. Por eso sigue celebrando elecciones que se hacen a su medida.

En mayo de 2018, además, se encontró la fórmula ideal, ya que se contó con una oposición leal dispuesta a participar para validar (a los ojos del chavismo) la relección de Maduro.

En este 2020, el propio Henri Falcón, quien hizo denuncias de fraude en 2018, estará participando en las elecciones parlamentarias. También Javier Bertucci y otras figuras “opositoras” de la autodenominada Mesa de Diálogo Nacional, formarán parte de unos comicios cuyos resultados ya están cantados.

El chavismo tendrá mayoría en el Poder Legislativo, pero este estará adornado por voces diversas y minoritarias para mostrar el carácter “democrático” del nuevo parlamento.

Si bien podemos predecir el guion de quienes detentan y apuestan a permanecer largamente en el poder, en la acera de enfrente prevalecen el desorden y la falta de estrategia.

Creo que el liderazgo de Juan Guaidó tiene dos opciones, pero en ambos casos requerirá tener un respaldo unánime de los actores políticos que lo acompañan. Y, además, deberá tener una capacidad estratégica para hacer llegar esta decisión a la población y convencer a la ciudadanía de que lo decidido es lo correcto en este contexto-país.

La primera decisión sería, como dice mucha gente en Twitter, optar por la abstención ante este CNE. Dos comentarios. En Twitter no está la opinión de todo el país, eso conviene no perderlo de vista. Además, esta estrategia ya ha sido probada en Venezuela y si bien no le da legitimidad a unas elecciones, tampoco le permite a los opositores incidir en nada de lo que allí ocurra.

La segunda opción, y es por la que yo apostaría en esta hora, es acudir a las elecciones. Hacer un trabajo pedagógico entre los ciudadanos, explicándoles que se concurre a las elecciones no para obtener más o menos diputados, sino para movilizarnos y activarnos. Quedarnos cruzados de brazos no nos llevará a ningún lado.

Acudir a unas elecciones que estarán controladas por el chavismo requiere entender que no se vota para ganar en las urnas, sino para denunciar el fraude, movilizar a los ciudadanos y presionar por el cambio. Pero eso, sin duda, requiere unidad y estrategia. Diría que una unidad estratégica que, en este momento, no se percibe en el seno de las oposiciones.