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Adultos mayores: "Me toca salir todos los días con cuatro bidones para llevar agua a la casa"

El 29 de mayo es el Día de los Adultos Mayores. Decir que se "celebra", es un error. La situación de muchos ancianos en el país es crítica y todo ha empeorado durante la pandemia: sin servicios básicos, en hiperinflación, sin poder recibir remesas y con miedo al coronavirus. La Federación Nacional de Jubilados y Pensionados de Venezuela exige al gobierno que cumpla con el bono establecido para ellos por ley y que lo ajuste a 230 dólares mensuales: el costo de la canasta básica

Adultos mayores: "Me toca salir todos los días con cuatro bidones para llevar agua a la casa"

Hoy 29 de mayo se celebra el Día de los Adultos Mayores, fecha que aprovechan los ancianos para exigir –nuevamente- a Nicolás Maduro que cumpla con la Ley de Bono Para Alimentos y Medicinas a Pensionados y Jubilados, que fue aprobada por la Asamblea Nacional en el año 2016 y refrendada por el Tribunal Supremo de Justicia a través de la sentencia número 327, del mismo año.

El censo realizado en 2011 indicó que los adultos mayores en Venezuela representaban –en ese entonces- 13% de la población. Son considerados uno de los sectores más vulnerables de la sociedad y quienes sufren en mayor medida los problemas sociales y económicos que atraviesa el país.

Omar Vásquez, secretario de la Federación Nacional de Jubilados y Pensionados de Venezuela, informó que la nombrada ley fue sancionada y aprobada por la Asamblea Nacional en el año 2016, cuando el diputado Henry Ramos Allup era el presidente del organismo.

La Ley de Bono para la Alimentación y Medicinas a Pensionados y Jubilados estipula que el monto del bono al que se refiere la norma jurídica es equivalente a 67 Unidades Tributarias mensuales, lo que en la actualidad equivale a 100.500 bolívares, tomando en cuenta que el monto de la unidad tributaria se cotiza en 1.500 bolívares.

“Por supuesto que con la hiperinflación que se ha instaurado en el país el monto de este bono también quedó desfasado”, dijo Vásquez: “Nosotros exigimos que se cumpla la ley y también se ajusten los montos para que podamos comprar medicamentos y comida”.

Recordó el representante de los adultos mayores en Venezuela que el Centro de Documentación y Análisis para los Trabajadores, Cendas, calculó que la Canasta Alimentaria para el mes de abril se ubicó en 45 millones 946 mil 257, 93 bolívares, lo que se traduce en un costo de 230 dólares. Y ese es precisamente el monto que exigen para el bono que dicta la ley.

Indica la ley que son beneficiarias todas las personas que reciben una pensión otorgada por la Ley del Seguro Social a través del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales o por algún ente público. Esto incluye, entre otros, pensión por vejez, pensión por invalidez, pensión por incapacidad parcial, pensión de sobreviviente y pensión por discapacidad.

Explicó Vásquez que en el país existen unos 4 millones y medio de jubilados que padecen toda clase de problemas y a quienes no les alcanzan los 400 mil bolívares que reciben de pensión para poder cubrir sus necesidades.

adultos mayores

Foto: Daniel Hernández

“Muchos abuelos han tenido que sumarse a la llamada economía informal. Los vemos en las calles ofreciendo toda clase de artículos, vendiendo café, comida, bolsas, lo que sea, para tratar de conseguir un poco de dinero y poder comprar medicinas o completar para realizar un mercado”, dijo Vásquez.

Señaló también que en los últimos años los adultos mayores, así como muchos venezolanos, han perdido peso y sufren de desnutrición debido a la falta de una buena alimentación: “En el área de atención de la salud,la situación es igual de crítica, los abuelos no pueden cumplir con los tratamientos por los altos costos de las medicinas y en las farmacias de los hospitales no se consigue nada”.

El reto de los 400 mil

Edgar Silva, coordinador Nacional del Comité de DDHH para la defensa de los pensionados, jubilados, adultos mayores y personas con discapacidad afinó los números para entender mejor la dimensión del problema.

“La pensión que reciben los abuelos y pensionados es de 400 mil bolívares, lo que equivale a 2 dólares mensuales, mientras que las autoridades del Banco Mundial sostienen que todas aquellas personas que devengan el equivalente a 1,96 dólares diarios se encuentran en situación de pobreza extrema. Entonces, ¿cómo deben ser catalogados los pensionados y trabajadores venezolanos con esas pensiones y salarios de hambre que no alcanzan ni siquiera para comprar un kilo de carne, ni una medicina?, dijo Silva.

Silva planteó un reto a Nicolás Maduro y a los integrantes de su gabinete: “Vayan con 400 mil bolívares e intenten hacer un mercado, comprar medicamentos, pagar servicios y un alquiler. Pero además recuerden que tienen que guardar dinero para el pasaje en el transporte público, para todo un mes”.

Indicó que los ancianos venezolanos además de los problemas económicos, también sufren los malestares de no contar con buenos servicios públicos. Y están cada vez más solos.

“Los abuelos también son víctimas de los problemas que ha causado la diáspora venezolana, ya que muchos de sus hijos y nietos se han marchado del país dejándolos solos, con la promesa de ayudarlos económicamente, pero con la situación que tienen nuestros compatriotas en otros países estas ayudas han sido suspendidas o llegan con menos frecuencias”, dijo Silva.

Para conocer las condiciones en las que viven los adultos mayores en Venezuela, junto con la ONG internacional HelpAge se llevó a cabo una encuesta que entre otros resultados arrojó que 79% de los abuelos presentan algún tipo de enfermedad, mientras que 49% padecen más de dos patologías.

“Se conoció que 69% de los adultos mayores sobreviven por la ayuda de algún familiar, amigo o la caridad de alguna institución, situación que les afecta psicológicamente y le afecta en lo único que les quedaba ileso, su dignidad”, señaló Silva.

Lo que necesitan los adultos mayores

Los adultos mayores son propensos a padecer distintas enfermedades, propias de la edad y eso los convierte, además, en el sector más vulnerable a contagiarse de COVID-19.

El doctor Wilmer Benítez señala que las enfermedades de los pacientes geriátricos casi siempre son patologías crónicas: sufren de hipertensión, diabetes, insuficiencia renal, demencia, alzheimer, fracturas de caderas y accidentes cerebrovasculares (ACV), que en muchos casos pueden dejar otras secuelas en las personas.

“Especialmente la diabetes puede ser la causa de otros males, como son retinopatía, nefropatía, insuficiencia venosa que tiene que ver con las várices, artrosis y artritis, entre otras patologías que deben tener un constante cuidado y tratamientos constantes”, dijo Benítez.

Muchos abuelos requieren de las llamadas ayudas técnicas: lentes para mejorar su sentido de la visión, aparatos auditivos, prótesis de caderas si sufren de alguna caída, así como también de bastones, sillas de rueda o andaderas para ayudarlos con su proceso de movilidad.

Rosa María Navas estuvo trabajando como camarera 30 años en la Maternidad Santa Ana. Hoy tiene 82 años de edad y sufre distintas enfermedades. Presenta una discapacidad motora, padece de diabetes, problemas gástricos y artritis. Para completar el cuadro médico, tiene glaucoma en los dos ojos.

La señora Navas recibe entre la pensión y jubilación 1 millón 600 mil bolívares. Pero solo el frasco de insulina que debe comprar mensualmente le cuesta al menos 3 millones 500 mil.
Agustina del Carmen Durán de Padrón es una abuela centenaria. Sus familiares comentan que para poder mantenerla deben invertir una pequeña fortuna mensualmente.

Adolfo Padrón, su hijo, señala que solamente en la consulta con un médico geriátrico deben pagar 40 dólares, aparte de los medicamentos y exámenes que deban realizarle. Un paquete de pañales de 10 unidades tiene un costo de 10 dólares y le pueden durar unos 4 o 5 días. Entre el protector gástrico y otros medicamentos para los problemas del sistema digestivo, tratamiento para corazón, gotas lubricantes para los ojos y analgésicos, pueden llegar a invertir más de 150 dólares.

Sin servicios

Víctor Ferrer tiene 77 años de edad, es vecino de la parroquia San Juan y señala que por lo menos una vez al día tiene que salir de su casa a cargar agua, pues desde hace varios meses el servicio no llega por tuberías a su comunidad.

“He tratado de cumplir la cuarentena, entiendo que los adultos mayores somos una población con un alto riesgo de contaminarnos con el coronavirus, pero qué puedo hacer si en mi casa no llega el agua por tuberías y necesitamos el líquido para cocinar, bañarnos, limpiar la casa y cumplir con la recomendación de lavarnos las manos. Me toca salir todos los días con cuatro bidones a hacer una cola cerca de la esquina de Angelitos, en la avenida San Martín, para llevar agua a la casa”, explicó Ferrer.

Recibe una pensión que no le alcanza ni comprar medio cartón de huevos, tampoco para sus medicamentos: “A mi edad he tratado de buscar un empleo, pero nadie ofrece trabajo a los abuelos.

La caja de alimentos que entrega el Comité Local de Abastecimiento y Producción, Clap, tarda hasta dos meses sin llegar y no trae todos los productos. Es mentira que se cumpla la promesa de Nicolás Maduro, que esa caja se entregue cada 15 días”, aseguró Ferrer.

Me toca trabajar

Leonor Wilcher tiene 70 años, vive en el sector UD-2 de la parroquia Caricuao , comunidad de Las Terrazas. Al menos cinco días a la semana se traslada hasta los alrededores del mercado de Quinta Crespo para vender gorras, zapatos y ropa usada, tratando de ganar algún dinero para comprar comida.

“Me ha tocado trabajar. Lo que me pagan de pensión no alcanza, los alimentos de la caja Clap, tampoco. Me habían dicho que el gobierno había dado permiso a los abuelos para salir sábado y domingo, para estirar las piernas, pues sí me tocó salir pero a vender mi mercancía. Le tengo miedo al virus, pero tengo que comprar comida”, señaló.

adultos mayores

Leonor sale de su casa todos los días a las 6:30 de la mañana, se traslada desde Caricuao hasta el centro de Caracas en las camionetas de transporte público, pues el servicio del Metro sigue restringido y el acceso es solo para trabajadores esenciales.

Sin pensión

José Rafael González tiene 83 años y vive en una pensión en el centro de la ciudad donde debe pagar 280.000 bolívares mensuales. Pero no tiene pensión y tampoco familiares cercanos que lo puedan auxiliar.

“Yo vendo bolsas en los distintos mercados de Caracas. No puedo cumplir la cuarentena, las ventas han bajado por la falta de efectivo en las calles. Hace unos 15 días vendía las bolsas a 10 mil bolívares por unidad, pero me aumentaron la mercancía y ahora ajusté el precio a 20 mil. Tengo que salir bien temprano y caminar las calles desde las seis de la mañana hasta la una de la tarde. Le tengo miedo a la enfermedad, pero más miedo le tengo a pasar hambre”, dijo González.

Ramón Sifontes acaba de cumplir 60 años, vive en la zona de Macarao y recorre las calles de su comunidad y varios mercados con una bolsa llena de tomillo y bolígrafos que ofrece a los transeúntes que encuentra a su paso.

“Yo no tengo pensión, de mi trabajo dependen mi esposa y unos nietos que ayudamos a criar. Salgo a la calle a trabajar todos los días, uso el tapa boca para evitar el contagio, pero igual me preocupa enfermarme. Pero no tengo otro remedio. No he podido cumplir la cuarentena y no sabía que habían flexibilizado la cuarentena para los adultos mayores. No tengo tiempo de recreación, me toca trabajar”, dijo Sifontes.

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