Traductores afganos: olvidados por sus empleadores y sentenciados a muerte

Los intérpretes, que trabajaron con medios de comunicación, fuerzas armadas extranjeras y compañías de seguridad, envían mensajes por SMS o graban videos en las redes sociales pidiendo ayuda, mientras deben abandonar las casas que servían de resguardo. Desde 2014, los talibanes han asesinado a más de 350 traductores y no habían tomado el poder del país

Traductores afganos: olvidados por sus empleadores y sentenciados a muerte

Lo cuenta la periodista Jane Ferguson, colaboradora de New Yorker en un tuit: “SMS que recibí esta noche de un ex intérprete del ejército estadounidense en #Afganistán: “Por favor, rescátenme a mí ya mi familia, ya que me encuentro solo en una situación crítica aquí en #Kabul, ya que mucha gente me conoce como #interprete de EE. UU., Me matarán a mí ya mi familia”. La comunicadora aclara: “No tengo ni idea de cómo responder”.

Los relatos trágicos del regreso del régimen talibán en Afganistan son tan lamentables, rudos, difíciles de digerir, que los medios de comunicación no se dan abasto para contarlos. Las mujeres son las que peores consecuencias enfrentan, pero quienes trabajaron para los medios de comunicación o militares, como traductores, asistentes o guías, igualmente confrontan un presente delicado.

 

España ha dado un paso adelante en este sentido. El Gobierno confirmó que evacuará a los afganos y sus familias que colaboraron con las Fuerzas Armadas y con la cooperación española durante los años que duró la misión militar en Afganistán. Pero no todos los países están involucrados en esta tarea.

Uno de los problemas que enfrentan los traductores y asistentes, es que algunos firmaron contratos con compañías (terceros) y no aparecen como empleados directos de los gobiernos que lucharon contra el régimen Talibán. Debido a esto, se les dificulta el papeleo o simplemente no gozan de ningún privilegio.

Se desconoce la cifra exacta de cuántos traductores están en Afganistán. Pero sí se sabía, según diferentes reportes, que desde 2014 más de 350 traductores han sido asesinados por los talibanes. Esto, sin que los extremistas hubieran ingresado a las principales ciudades y tomado el control del país, como ahora.

La Red Global de Periodismo de Investigación, una asociación internacional de organizaciones sin fines de lucro que apoyan, promueven y producen periodismo de investigación, publicó un tuit este 16 de agosto en el que informan que están trabajando para sacar a los “colegas” de Afganistán, pero no queda claro si eso incluye a los traductores locales.

Sentenciados a muerte

El relato de Zalmai Ahmadi, quien trabajó para el ejército alemán, como intérprete, es simplemente desgarrador. Durante 14 sirvió para la policía militar, para los entrenadores de la policía afgana y también para los soldados de élite de la KSK (el Mando de Fuerzas Especiales, en alemán: Kommando Spezialkräfte). Hoy, su futuro y el de su familia es una incógnita.

Ahmadi envió un video a Livia Gerster, una redactora del periódico Frankfurter Allgemeine Zeitung, en el que muestra qué le depara la ocupación Talibán si no logra escapar. En las imágenes se ve cómo asesinan a una persona se retuerce mientras varios individuos le acuchillan y lo graban, hasta que le dan la última puñalada. “Lamento enviárselo. Pero preguntaste. Me harán exactamente lo mismo. Frente a los ojos de mis hijos”, le explicó a la reportera.

Karl Scherlin, líder de un comando en protección personal, que trabajó con Ahmadi ponía en perspectiva la labor del intérprete. Le explicó al medio alemán que el trabajo del traductor era el más peligroso porque cuando los alemanes regresaban al campamento bien custodiado por la noche, Ahmadi se quedaba afuera.

El traductor, que tiene cuatro hijos y una esposa, contó que su pequeña de 13 años, que parece un poco mayor, es uno de los objetivos de los talibanes. “Están buscando chicas así”, aseguró. Para evitar la tragedia, entregó su pasaporte y el de sus familiares a los soldados alemanes para que avanzaran con el papeleo y dejar el país, pero el campamento en Mazar-e Sharif ya no existe. Ahora no sabe dónde están los seis pasaportes de su familia. Sin ellos, ni siquiera podrá llegar a Pakistán.

Su futuro es tan incierto, que grabó un video en el que contó que las llamadas “casas seguras”, donde se escondía con otras personas que trabajaron para el gobierno alemán, ya no existen y tiene que arreglárselas por él mismo.

Marcus Grotian, capitán de las Fuerzas Armadas alemanas y que estaba muy familiarizado con Ahmadi, dijo al Frankfurter Allgemeine Zeitung que es “un absurdo cómo tratamos con el personal local”. En julio, la canciller Angela Merkel exigió que se diera una ayuda a este personal. Sin embargo, según el periódico, solo la mitad del total de aproximadamente 4.800 empleados locales, incluidos mujeres y niños, habían llegado a Alemania. El resto esperaba una visa ya que el número de rutas de escape disminuye cada día.

La respuesta del Ministerio de Defensa, por su parte, se remite a la normativa aplicable: enumeran los altos salarios y las indemnizaciones que se habrían pagado a los afganos. “No es que los hayamos obligado a trabajar con nosotros”, dijo un portavoz sin dar su nombre.

La documentalista Isabelle Niu, publicó en Twitter un pequeño resumen del trabajo que hizo para el New York Times, en el que cuenta cómo la retirada de Estados Unidos ha afectado la vida del traductor Romal Noori, un padre de 31 años con más de 10 años de experiencia sirviendo de intérprete. Dio su cara para este trabajo, aunque sabía que eso era firmar un acta de muerte.

Y Charlie Herbert, quien asegura que tiene más de 30 años trabajando en materia de seguridad con el gobierno británico en su perfil de Linkedin, contó en Twitter el caso de un individuo llamado “A” (para proteger su identidad). “Trabajó conmigo en Kandahar en 2007. Pero debido a que estaba empleado en un “contrato de terceros”, el Reino Unido lo declaró inelegible para la protección. Sí, en serio….”, explicó el hombre que dice haber trabajado en “estados afectados por conflictos”.

 

Los testimonios se multiplican en las redes sociales. Y recuerdan a uno famoso que dio pie a la historia The Death and Life of Dith Pran: A Story of Cambodia, publicada en el New York Times Magazine. Dith Pran, un reportero local en Camboya, se convirtió en el guía e intérprete del corresponsal estadounidense Sydney ‘Syd’ Schanberg. La relación, en principio profesional, deriva en una amistad que se interrumpe por la incursión de lo jemeres rojos.

Ese reportaje se convertiría en la película “The Killing Fields”, conocida en Latinoamérica como “Los gritos del silencio”. En la cinta de 1984 que dirige Roland Joffé, un diplomático dice al protagonista, en medio del caos: “La elección es brutal. Quedarse o seguir con vida”. Una frase que 37 años después se repite en Afganistán.