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Alejandro Grossmann: "Caracas está en mi corazón, qué fino volver para actuar”

Ha hecho teatro, cine y televisión, se ha formado en Caracas y en Los Ángeles, donde reside actualmente. Y tiene un proyecto de largometraje en camino, "Bou", que será rodado en Venezuela. Alejandro Grossman se ha labrado su camino a punta de experiencias y quiere más

Alejandro Grossmann: "Caracas está en mi corazón, qué fino volver para actuar”

En el año 2009 estudiaba en el colegio San Ignacio de Loyola en Caracas, cursaba 4to año y entre sus profesores figuraba nada más y nada menos que Karín Vallecillos, una reconocida dramaturga venezolana. Un golpe en la puerta del salón de audiovisual donde ella le presentaba una película a sus alumnos, haría que Alejandro Grossman viviera lo que los sacerdotes y actores denominan “el llamado”.

“Eran dos papás del colegio, ofreciéndonos actuar, si queríamos audicionar en “La espada de Íñigo”, una obra de la vida de San Ignacio de Loyola. En ese momento yo nunca había actuado y mis panas tampoco, pero estábamos en humanidades y en la época en que queríamos descubrir, coquetear con todo lo referente al arte. Tenía varios panas músicos y la actuación se nos presentó como una oportunidad tangible. Era excitante el hecho de estar en una obra con tus amigos”.

Vallecillos, como profesora, influyó en el grupo de alumnos, especialmente en Alejandro, quien recuerda cómo ella lo llevó a descubrir un lado desconocido de Caracas.

“Su grupo de teatro estaba montando obras y Karín nos invitaba, fuimos a ver muchas en el antiguo Ateneo, en la sala Rajatabla. Éramos unos chamos con una profesora cool que nos invitaba a sus obras de teatro y agarrábamos el metro hasta el centro de Caracas para verlas. No acostumbrábamos a salir de la burbuja y menos a descubrir artistas, a mí me parecía la vaina más arrecha del mundo”.

Grossmann fue Íñigo en la obra colegial, el papel principal. Aupado por Vallecillos y la profesora Rebeca Pellico, descubrió su vocación. Dice sentirse identificado cuando los gringos dicen “play” y no “actuar”, porque él se sentía jugando a ser alguien más con sus amigos. Eso lo enganchó.

“Yo creo que la actuación es el arte de estar presente, de escuchar al otro, el arte de estudiar al ser humano. Nos encontramos todos como seres por medio de la actuación, es una puerta a la conexión”.

Para Grossmann, cuando vamos a una obra de teatro lo hacemos para sentir algo, para hacer catarsis. El objetivo, según él, es mostrarle a la sociedad una parte de ella misma y que al final de la obra, película o lo que sea, haya un cambio en el público o el actor.
El actor relaciona ese “juego” de la actuación con vivir el momento, llevar a cabo una especie de desconexión con el mundo.

“Es hasta algo espiritual porque diversas corrientes te dirán que la felicidad es estar en el momento y parece una habladera de paja, pero yo creo que es verdad porque cuando estás en el presente no hay angustia, ansiedad, frustración. No hay ningún tipo de sufrimiento porque no hay cabida para eso, no entra”.

Y el secreto para llevar exitosamente una escena es ese, según Grossmann. Asegura que de estar pensando en problemas cotidianos como pagar la renta, un problema familiar o cualquier cosa, se produciría una desconexión que no permitiría “actuar bien”.

“La tarima es más emocionante porque tienes gente viéndote, tiemblas por la expectativa, sientes las vibras de la gente, sabes que están ahí. En pantalla es lindo, pero la gente hace la diferencia. Es un tema del momento también”.

Grossmann

Eligió mudarse a Los Ángeles porque sintió que el sitio lo llamaba. Desde sus 21 años siempre ha tenido su coqueteo con Los Ángeles, aunque no sabía cómo iba a llegar.

“Me imagino que es porque quiero hacer cine y televisión (aunque prefiera estar en tarima) y este es el lugar perfecto para estar si eso es lo que quieres hacer. Esta vaina es la meca. Entonces vine a buscar mi sueño. La oportunidad”.

Ese sueño no se manifiesta de igual forma para todos los actores. Según el joven venezolano, muchos creen que lo que sueñas es convertirte en el próximo Edgar Ramírez o Leonardo Di Caprio, esas son las expectativas que te ponen los demás.

“Para mí lograrlo sería tener la oportunidad de actuar lo más posible en teatro, televisión, cine y que esto pueda mantenerme y pueda tener una vida que no sea de escasez gracias a la actuación, que no tenga que buscar en otro lado. Eso sería lograrlo”.

Es difícil para un actor latino «lograrlo», de cualquier manera. Grossmann declara que hay menos oportunidades, el mainstream está en Estados Unidos y la mayoría de las películas requieren actores “gringos” o con perfecto inglés y eso para un latino es ya estar en desventaja.

“Es más difícil, pero a la vez es una época en la que los latinos ‘estamos de moda’ y el tema de la diversidad en auge. Hay que saber buscar. Además, hay un mundo enorme fuera de Hollywood, en México, España, Colombia…”.

Otra percepción popular del mundo hollywoodense de la actuación es el maltrato que los artistas pueden recibir de parte de sus superiores. Grossmann advierte que sí hay gente arrogante, como en todas las carreras. Ególatras, personas que te van a rechazar, que no te van a tratar bien y es parte del trabajo.

En esa onda de gente idiota, Alejandro empezó a leer al Che Guevara. Se lo propuso actoralmente, claro que “Diarios de motocicleta” puede ser una linda lectura. Su conclusión es que mucha gente se pudiera sentir identificada con el Che, que el representa a la “vaina” más romántica e idealista del mundo.

“A mí siempre el Che me pareció interesante, nunca había tenido la oportunidad de tener mi propia versión, más allá de lo que la gente repite: los que lo romantizan o los que dicen que fue un hijo de puta. Cuando me llegó esta oportunidad dije, nada, esto es perfecto para esta investigación, no puedes tener prejuicio ante el personaje, el trabajo es entenderlo para poder actuarlo”.

Después emitió su opinión, una vez superada la tarea de actuar al Che en un monólogo, producido en Los Ángeles. Siguió leyéndolo y concluyó que era un “coño de madre sanguinario, cruel” cuando leyó que le había mandado una carta a su padre admitiendo que había disfrutado matar a un perro.

“Necesitaba entenderlo, necesitaba crear mi propio concepto y actoralmente era retador. Hay que formar ese criterio, se puede leer al Che sin tener que amar al carajo”.

En cambio, el que Grossmann declara su personaje más difícil, es considerado un héroe por casi todos los venezolanos, chavistas, fans de Trump, seguidores de los Tiburones de La Guaira: Simón Bolívar.

“En ‘Simón’, una obra de Isaac Chocrón, hay 4 actos. En esos 4 actos hay dos personajes que son Simón Bolívar y Simón Rodríguez y es el viaje de Simón Bolívar desde que tenía 18, 19, se casa, enviuda y va a buscar a su maestro en París y es el crecimiento del personaje hasta el juramento del Monte Sacro. Fue demandante porque son dos personajes, estábamos dos personajes llevando la obra. Tenía bastante tiempo sin actuar, estaba probándome a mí mismo que podía y quería, después de muchas dudas, situaciones familiares y emocionales difíciles y bueno, me llegó esa oportunidad, le dimos con todo”.

Tuvo poco tiempo de ensayo y para él fue bonito conectar con el Libertador antes de que fuera un héroe: Grossmann tenía 24 y lo descubrió de su edad. Para el actor, entender al Bolívar más humano fue una experiencia importante.

“Uno siempre ve a Bolívar como el carajo que mató a un ‘poco e bichos’, bueno que independizó América e hizo el decreto de guerra a muerte, pero como si hubiese nacido con una espada y diciendo vainas arrechísimas. No nació arrecho y eso fue fino actuarlo. Además, pasaba por un duelo muy duro en ese momento y el papel me ayudó a sanar. A veces las cosas se entrelazan”.

Pero no todo es teatro. Alejandro tiene el papel principal en “Bou”, un nuevo proyecto cinematográfico dirigido por el venezolano Adolfo Bueno, escrito por él mismo y Claudia Paredes.

“Bou” se enmarca en el contexto de una Caracas de 2011, apelando a la melancolía, trazando la línea de ser los últimos años de una Caracas (y Venezuela) que funcionaba, que tenía una ilusión de normalidad.

“Es la historia de un sastre que tiene complejo de héroe. Conoce a Juni, descubre el amor y además se embarca en la búsqueda de la familia de un vigilante que dio la vida por una total desconocida”.

La película, por rodarse en Venezuela en el 2021 si las condiciones lo permiten, está llena de contrastes, prejuicios y empatía, de acuerdo a Grossmann.

“Grabar en mi país es emocionante. Arrechísimo poder volver después de 4 años, siempre con ganas. Caracas está en mi corazón, qué fino volver para actuar”.

Grossmann piensa en los inicios y en lo que le recomendaría a alguien que quisiera empezar a actuar en Venezuela. La lectura es fundamental a su juicio, la de teatro, al igual que pagar unas clases de actuación (recomienda el Gimnasio de Actores).

“Te pudiera caer a paja y decir que no tengo arrepentimientos, pero la vida es así. En verdad hay uno pequeño, me hubiese encantado ser más consciente cuando era chamo, actuar desde antes. Tener mayor conciencia, perder menos el tiempo. Eso hubiese sido de mucha ayuda”.

Ronda Ping-Pong

Mayor influencia: Mi mamá. Estando viva y ya fallecida, siempre mi vieja. Por su amor, su vida, sus enseñanzas. Gran maestra.

Actor favorito: Joaquin Phoenix, estoy excitado con el bicho, bueno, últimamente. Además me lo encontré y hablamos un rato, me contó de cuando había vivido en Caracas.

Película favorita: Mi peli favorita cambia, recientemente vi “A Ghost Story”, con Casey Affleck y Rooney Mara. Qué película tan arrecha.

Un director soñado para trabajar: Siempre pienso en Iñárritu.

Actriz favorita: siempre Scarlet Johansson.