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Antonio Díaz comparte enseñanzas mientras planifica un retiro dorado

A finales del mes de abril abrió sus puertas para el público el Antonio Díaz Dojo, un espacio pensado para formar a niños y adultos en el karate de la mano de un referente en la disciplina. Como lo indica el nombre de la escuela, es el atleta venezolano quien brinda su experiencia para crecer en el deporte

Con un aproximado de 120 estudiantes en seis distintos programas y niveles de trabajo, el dojo busca ser un punto de encuentro para aquellos que intentan evolucionar en una disciplina que cuenta con las herramientas para desplegar aptitudes físicas y mentales de quien lo practica.

En entrevista con El Estímulo, Díaz dio detalles del establecimiento, así como los planes en su carrera, la cual, según confesó, se acerca a su final.

¿Cuándo comenzó a formarse el sueño de tener tu propio dojo?
Era un sueño que tenía desde hace muchos años. Tener un lugar donde pudiera transmitir todas las experiencias y el conocimiento que había adquirido en viajes y oportunidades de entrenar con maestros afuera y Venezuela era el punto donde quería hacer esta primera escuela. Se dio la oportunidad de tener un lugar y comenzamos a trabajar en el proyecto, para hacerlo con las condiciones ideales, donde a mí me hubiese gustado estar entrenando.

¿Esto determina tu siguiente paso, ser un maestro de las próximas generaciones?
Sí. A pesar de que sigo compitiendo, he tenido ciertas experiencias con la enseñanza dando seminarios y como invitado para dar clases en campamentos tanto a nivel nacional como fuera del país. Desde 2008 estaba encargado de la dirección técnica de una organización que tenía afiliados varios dojos, a los cuales les daba asesoría técnica. Ese contacto de poder transmitir y enseñar fue despertando esas ganas de hacerlo formalmente, pero quería terminar con mis compromisos, con la oportunidad que se planteó, que es la de ir a los Juegos Olímpicos, y no quería esperar a que eso terminara para arrancar.

¿Eso invita a pensar que tu retiro está cerca?
Para mí está bastante claro, porque mi meta era llegar hasta el último campeonato del mundo, que fue en 2016, y esa era una de las fechas que tenía planteada para el retiro. Se abrió esta nueva oportunidad de ir a unos Juegos Olímpicos y después de tantos años esperando dije “tengo que intentarlo”. Es un trabajo muy fuerte de dos años donde hay muchísimos campeonatos para clasificar, pero mi idea es colgar ese cinturón de atleta en el budokan de Tokio, hacer ahí mi último kata a nivel de competencia. Después de eso seguiré con el karate de enseñanza, pero esa fecha de retiro quisiera que sea en los Juegos Olímpicos.

¿Estás compitiendo más que antes ahora que apuntas a Tokio?
Un poco. Yo venía haciendo eventos muy puntuales. Desde 2011 contamos con una liga mundial y las dos primeras ediciones las gané, y para ganar tienes que participar en casi todos los eventos. Desde 2013 me enfoqué en esos que me permitían una preparación adecuada para los otros a los que quería ir, así que venía de un ritmo de competencia selecto, donde escogía con pinza cada torneo. Ahora todo cambia un poco porque para los Juegos Olímpicos el ranking es muy importante, entonces ahora hay que ir a todos los eventos posibles, sobre todo los que den puntos, y eso ha sido un cambio en mi preparación, tanto física como mentalmente. El año pasado y este han servido para ir probando todo eso. A partir de julio comienzan formalmente los eventos que darán puntos para el ranking, así que este periodo previo me ha dado las luces de cómo irme preparando para esa etapa.

Después de una trayectoria tan larga, ¿fue frustrante saber que a estas alturas de tu carrera apareciera el karate en el calendario de los Juegos Olímpicos?
Ha pasado por mi cabeza la pregunta de por qué el karate no estuvo en Londres 2012 o Rio (2016), momentos en los que estaba dominando la categoría. Hoy en día sigo estando entre los primeros cinco del mundo, pero la competencia ha subido. Hay un tema también sobre la inclusión en los Juegos Olímpicos que implica que los países inviertan mucho más en la preparación de sus atletas, que se concentren y enfoquen más en prepararse y dedicarse, y eso ha hecho que el nivel suya. A veces digo que si hubiese llegado en otro momento hubiese sido mejor, pero es el que es y hay que vivirlo al máximo, en vez de lamentarme debo disfrutar el viaje, la experiencia y vivirla al máximo.

Pese a la crisis que afecta al país, ¿cómo ves a la generación de relevo?
No es secreto lo que vivimos en Venezuela y eso hace difícil la preparación de los atletas, pero creo que, no solo en el karate, ellos tienen algo especial que no sé cómo llamarlo, pero es una garra que les permite sobreponerse a las adversidades. Hace poco tuve la experiencia de entrenar en Hong Kong como invitado en un sitio soñado para cualquier atleta, y cuando hablaba con su director técnico me comentaba que buscaban su primera medalla en campeonatos del mundo. Eso me hacía pensar que si tuviéramos ese balance de tener mejores condiciones con esa garra seríamos una potencia muy grande. En el karate hay una generación de relevo muy buena y una de las ideas con este dojo es darle apoyo, condiciones para prepararse y entrenar. La selección tiene una buena combinación entre juventud y experiencia, hay atletas con nivel, como Andrés Madera, y otros que vienen subiendo, como Marianth Cuervo, que ya está dando resultados.