Armando Rojas Guardia, in memoriam:"yo me atrevo a cubrir tu desnudez"

El literato Ricardo Ramírez Requena, fundador de La Poeteca, rinde su homenaje personal a don Armando Rojas Guardia, el querido poeta que nos deja en este julio contrariado. Nos recuerda quizás lo más importante: su poesía y su prosa seguirán leyéndose.

Armando Rojas Guardia, in memoriam:"yo me atrevo a cubrir tu desnudez"

La muerte de Armando Rojas Guardia nos ha golpeado a todos, a pesar de que muchos la esperaban desde hace tiempo. No hablo de malos anhelos hacia el poeta: es que tenía años muriendo. En Rojas Guardia pudimos ver a la vida manifestándose tan plenamente que desbordaba el cuerpo que tenía. Hablamos, en el caso de Rojas Guardia, de un cántaro de robusto barro, que se quebraba para darse a muchísimas bocas a través de su palabra.

Pero cuando la vida se manifiesta tan ampliamente, también, como las raíces de muchos árboles, rompe tierra, piso, asfalto: y esa cubierta es también el cuerpo físico y psíquico del poeta. Armando vivió amplias dolencias. La locura fue una de ellas, pero de esa noche regresaba. Las enfermedades de diferentes tipos lo rodeaban: la rodilla, el sobrepeso, los pulmones por el cigarrillo, la diabetes, la próstata. Su obra no es testimonio de los avatares del cuerpo: es el triunfo constante del espíritu, pues de toda noche regresaba. De eso se trató, parece su vida: volver, para seguir dándose a los demás.

Foto: Andrea Hernández/El Estímulo

Nacido en 1949, hijo de Pablo Rojas Guardia, fue estudiante del colegio San Ignacio, en donde fue amigo y compañero de otros llamados por la vocación sacerdotal, con quienes compartiría en el colegio o luego en el Seminario: Arturo Sosa, hoy jefe de los Jesuítas del Mundo, o Carlos Pacheco, gran crítico literario venezolano fallecido hace pocos años.

En el colegio o en el noviciado, fue cercano a ellos. La vocación en Armando siempre fue clara (Pacheco desistiría de la vocación religiosa) y su brillante intelecto lo llevó a realizar estudios en Europa. Con el tiempo, aparecerían las crisis: más que dudas teológicas, fueron constataciones esenciales: descubre su homosexualidad y su condición inevitable de poeta. Abandonar la vocación sacerdotal no hizo que rompiera vínculos: creo que pocos poetas en América Latina manifiestan un catolicismo (en su caso, además, de carácter místico) como él. Más que Ernesto Cardenal (que sí tomó los votos en su momento), guía de Rojas Guardia en sus experimentos de comunidades de base cristianas en Nicaragua, y más que Hugo Mujica, por citar dos casos.

Además, la fe de Rojas Guardia es vital, se vive con el cuerpo, a diferencia de otros devotos, en especial conversos, que recorrieron el siglo XX y su vuelta a la cristiandad: Chesterton, Greene, Auden, Eliot, el primer Lowell y otros. Para estos últimos, su fe era teologal e intelectual: era una postura ante el mundo contemporáneo. En Rojas Guardia el catolicismo es también una crítica a la modernidad y su desacralización, pero va más allá: es un desborde del amor de Dios, que incluye el erotismo y la homosexualidad. Este planteamiento, herético para muchos, marcó dinámicas en su vida, que lo llevaron a dualismos, dudas profundas, culpas y manifestaciones psicóticas.

Pocos poetas en Venezuela lograron concentrar con tanto ímpetu la serenidad y la voluptuosidad de la palabra, la sencillez y la complejidad del lenguaje. Hermano mayor en el grupo Tráfico, sus lecturas marcaron al resto del grupo y los impulsaron en diferentes ámbitos: poéticos, políticos, espirituales. La poesía y la prosa de Rojas Guardia son, como en Sucre o Cadenas, una misma cosa.

Rojas Guardia, como poeta, fue un autor de poemas inolvidables, más que de una colección o un libro inolvidable en sí (con la excepción, quizás, de Poemas de Quebrada de la Virgen); cada uno de sus libros son capítulos de un mismo libro, una misma meditación profunda. Pero como ensayista, nos dejó Libros, en mayúscula, en donde la poesía se manifiesta con toda plenitud desde el intelecto, el espíritu y el cuerpo. Pocos libros tan poderosos en términos ensayísticos en Venezuela, en los últimos cuarenta años, como «El Dios de la intemperie», «El principio de incertidumbre» o «El Calidoscopio de Hermes». Armando, hay que decirlo, es quizás nuestro gran ensayista de las últimas décadas, junto con Juan Liscano y Alfredo Chacón.

La capacidad de recorrerse a sí mismo, de pensar desde su capacidad profunda de síntesis, y recurriendo a los autores que frecuentaba (desde Nietzsche hasta Heidegger, desde Lévinas hasta autores más contemporáneos), nos muestra una vocación autobiográfica, filosófica, amplia y honda.

Los autores y pensadores frecuentados por Armando marcaban un camino y mostraban un magisterio especial: el del pensador con una amplia formación pero sin un camino dentro de la Academia. Rojas Guardia fue un estupendo guía de talleres y profesor de poesía y otros temas. Son legión los centenares y fervorosos alumnos que llegó a tener, muchos de ellos durante años. Varios de ellos, es bueno decirlo, lo acompañaron en sus horas finales.

En la Fundación La Poeteca, contamos con el apoyo de Rojas Guardia desde nuestros inicios en 2018. De manera continua ofreció múltiples talleres con nosotros, hasta el último día en que tuvimos las puertas abiertas antes de cerrar por la pandemia del coronavirus.

Armando fue un amigo cercano, generoso, gentil en todo momento. En lo que respecta a mí, siempre fue generoso con mis escritos, en especial con mi diario, que recomendaba en sus cursos.

Recuerdo dos momentos especiales: un café en la antigua Lugar Común de Altamira, mientras conversábamos de mi libro y de Lévinas, filósofo que siempre me ha interesado; y el hacerme llegar las entradas de su diario, así como a otros, para saber qué pensábamos. Le sugerí publicarlo. Conversé con Willy McKey, de Prodavinci, y empezó a salir todos los fines de semana una entrada del mismo. Con el tiempo, este diario saldría publicado por Seix Barral (Planeta) en Venezuela.

Hasta el día de hoy, me he considerado un privilegiado por él tomarme en cuenta para leer esas entradas antes de su publicación. Armando Rojas Guardia era la bondad y desde la bondad, abordaba la vida. Desde esa bondad, extendía sus manos y palabras hacia todos nosotros, desde la mayor desnudez y transparencia.

Él, que tantas veces vivió la desnudez ante el descampado, a través de su vida, no dudó nunca en corresponder en vida a sus versos: yo me atrevo a cubrir tu desnudez. La de los poetas, tan abandonados, como lo fue él, por el aparato cultural venezolano; la de un país, olvidado y destruido cada día más y la de aquellos que se mantienen firmes a su vida, como lo fue Armando hasta el último de sus días.

La muerte de Armando Rojas Guardia nos recuerda quizás lo más importante en estos días: que era el más querido; que jóvenes y mayores lo adoraban y respetaban y que su poesía y su prosa seguirá leyéndose, como la leímos el jueves en la tarde y la noche a través de todas las redes sociales.

Que con sus palabras, sus profundas palabras, nos permitió también cubrir su desnudez mientras se marchaba, con serenidad, a su descanso. Un descanso de su cuerpo que, paradójicamente, le ha permitido seguir con nosotros, sus lectores y amigos.

Cuánto nos ha dolido esta muerte. Cuánto más debemos leerlo, re-editarlo, e impulsar el reconocimiento de su poesía como una de las más destacadas en nuestra lengua durante los últimos años.
Es esta la tarea que debe movernos en el luto.

NR: Armando Rojas Guardia será velado en la mañana de este 11 de julio en la Capilla 4 Monumental del Cementerio del Este, en Caracas, entre 1:00 a 3:00 pm. Será cremado a las 3:30 pm.

 

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