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"Aunt Jemima, please come back!"

El retiro de una imagen icónica de los empaques y envases de una tradicional marca de alimentos en Estados Unidos, motivado por las más recientes tensiones raciales, da pie a una ajustada reflexión de Carolina Jaimes Branger sobre la sociedad, los prejuicios y el desconocimiento de la Historia

Una injusticia no se borra, ni se acaba, ni se termina, cometiendo otra. Una injusticia histórica tampoco. Pero la falta de educación en el mundo entero hace que sucedan esas cosas. En este caso particular, el conocimiento histórico.

Recuerdo que hace años visité con mi hermano Rafael un parque de diversiones en Florida, llamado Bush Gardens. Una de las atracciones era disfrazarse como en los tiempos de la Guerra de la Secesión para tomarse una foto familiar. Mientras hacíamos cola, vimos a una familia de color disfrazados del General Lee y su familia. En aquella época, hubieran sido esclavos. Casi todos los “Founding Fathers” (padres fundadores) de los Estados Unidos tenían esclavos. Recuerdo que mi hermano y yo comentamos que menos mal que vivíamos en tiempos de libertad. No acabábamos de decirlo, cuando un muy airado sureño se acercó al set de fotografía y los increpó diciéndoles que les estaban faltando el respeto a la memoria del General Lee y que se quitaran de inmediato los trajes. El ambiente se volvió incómodo, por decir lo menos. El hombre estaba bastante alterado, pero por fortuna ni el fotógrafo ni la familia se inmutaron, y los últimos salieron felices con su foto.

Bullying racial

Esa fue una de las primeras manifestaciones de racismo que vi en los Estados Unidos. Cuando viví en Boston, presencié muchas más. Una querida amiga, originaria de Houston y con un color de piel café tinto, me contó que ella había estudiado en un colegio para puras personas de raza negra y que, dentro del colegio, había segregación. Y ella era una de las más “bully-adas” porque era una de las más oscuras. Los “chéveres”, para decirlo en criollo, eran los “café con leche”. Los mulatos, pues. Yo no podía dar crédito a lo que me contaba.

Ella salía con John, un amigo de mi hermano que parecía un vaso de leche. Daba grima lo blanco que era. Una noche, en Cambridge, una de las ciudades supuestamente más liberales de Estados Unidos, comían juntos en un restaurante cuando un grupo de personas los abordaron, pidiéndoles que abandonaran el recinto. “¿Tus padres saben con quién estás saliendo?”, lo increparon. Mi amiga se sintió fatal y le pidió a él que se fueran. Él no lo hizo, pero los “ofendidos” sí se fueron.

Estas historias, para una venezolana como yo, eran inauditas. Porque racismo hay en todas partes, pero en Venezuela el ascenso social jamás ha tenido que ver con la raza, solo con el dinero. Siempre he dicho –y lo mantengo– que aquí el dinero lava todo: desde la época de la Colonia, cuando se compraban los títulos de limpieza de sangre, hasta hoy en día, cuando a “realazo” limpio quedan pulcros currículos, reputaciones y hasta prontuarios.

Ignorancia de la Historia

El conocimiento de la Historia es básico. Pero muchas personas la detestan, porque se las enseñaron como una retahíla de nombres, fechas, batallas y otras intrascendencias –comparadas con los hechos reales– que lograron que perdieran todo el interés en conocerla. Si conociéramos la Historia, tal vez no hubiéramos repetido muchos fiascos históricos. Con razón dicen que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra.

Traigo el tema a colación porque ahora, con esto del asesinato de George Floyd, se están tomando una serie de medidas radicales, que nada van a cambiar si las personas no cambian desde su interior y con conocimiento de causa. ¡Quitaron la imagen de la tía Jemima, Aunt Jemima, de los paquetes de panqueques y siropes! Supuestamente, porque es racismo considerar que todas las mujeres de raza negra eran cocineras.

De fogones y humanidad

Esto más traído por los cabellos no puede ser. Porque no solo pasan una tábula rasa a las mujeres negras, “todas son cocineras”, sino que además desprestigian una profesión tan digna como la de los cocineros. Hoy en día hay no solo mujeres negras en todas las áreas y profesiones, brillantes, hermosas, exitosas, sino también cocineros que ganan más que ejecutivos de primera línea en el mundo de los negocios.

Si nos hubieran pedido a los venezolanos que describiéramos a las cocineras de nuestras casas en los años cincuenta y sesenta, las hubiéramos reseñado como mujeres de pieles muy blancas, casi todas españolas. Sobre todo gallegas, que, como buenas descendientes de celtas, eran rubias.

De manera que quiero a mi tía Jemima de vuelta. Su imagen en los paquetes y envases era garantía de un producto de inmejorable calidad. ¡Si hasta provocaba abrazarla! Aunt Jemima, please come back!

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