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Iván Zambrano

Domingo de fantasmas: la nostalgia ataca

¿Qué es lo que dejas atrás cuando te vas? ¿En qué consiste tu país? Sobre los recuerdos que te atan, sobre lo que hace pesada la maleta que no logras levantar: sobre eso te hablan los fantasmas

Petare, el monstruo come nostalgia

La ciudad cumple 451 años y es difícil hablar de celebración. Hacemos un pequeño homenaje en tres miradas a parroquias emblemáticas de la ciudad: Iván Zambrano, periodista, comediante y narrador, se pasea ayer y hoy por la suya, esa criatura gigante con el lomo lleno de ranchos

“Mamá, me robaron el Tupperware”

Esta nota es una fe de vida. Hace poco fuimos a El Hatillo y se metieron en el carro de un pana. Se llevaron su caucho de repuesto y mi lonchera. Mi amigo no se enrolló, pero yo tuve que ingeniármelas para contarle a mi mamá que no iba a llegar con el Tupperware a la casa.

“Mamá, me robaron el Tupperware”

Esta nota es una fe de vida. Hace poco fuimos a El Hatillo y se metieron en el carro de un pana. Se llevaron su caucho de repuesto y mi lonchera. Mi amigo no se enrolló, pero yo tuve que ingeniármelas para contarle a mi mamá que no iba a llegar con el Tupperware a la casa.

El día que Banesco me planificó la muerte

La siguiente historia está basada en una llamada de la vida real que le realizaron a nuestro columnista Iván Zambrano mientras hacía la cola para ver Pantera Negra (malísima, por cierto). Lo llamaban del banco para resolverle la vida (¿o la muerte?) por 700 mil bolívares al año. Disfruten de esta maravillosa historia en la que ningún negro homosexual resultó herido.

Caracas de madrugada y un viaje en camionetica

Caracas, 2:00 a.m. En la parada de autobuses me acompañaba el frío de la madrugada y los mariachis que andaban de guardia por Altamira (no sabía que aún quedaban algunos en esta ciudad). Esperábamos una Encava beige oxidada, la del farol roto, la de los cauchos cojos, la que tenía a María Lionza rotulada en el vidrio de atrás, la que me rescataba cuando me quedaba hasta tarde en casa del gordo y no quería gastar plata en un taxi que me llevara a la mía.

La soltería eterna, estar empatado con uno mismo

Tengo 28 años soltero, o mejor dicho, 28 años empatado conmigo mismo. No ha sido una relación fácil. Compartir todos los días con un egocéntrico que solo escribe de su vida, que es un híbrido entre un malandro y un sifrino, que es tan inseguro como ansioso, que es tan despistado que siempre contesta tarde los mensajes y que para colmo se llama igual que yo, es un trabajo más difícil que aprender a bailar salsa. Pero le he agarrado el ritmo, aunque a veces nos seguimos pisando.

La soltería eterna, estar empatado con uno mismo

Tengo 28 años soltero, o mejor dicho, 28 años empatado conmigo mismo. No ha sido una relación fácil. Compartir todos los días con un egocéntrico que solo escribe de su vida, que es un híbrido entre un malandro y un sifrino, que es tan inseguro como ansioso, que es tan despistado que siempre contesta tarde los mensajes y que para colmo se llama igual que yo, es un trabajo más difícil que aprender a bailar salsa. Pero le he agarrado el ritmo, aunque a veces nos seguimos pisando.

Las entrañas de Caracas: Sobrevivir de Palo Verde a Propatria

Los audífonos dejaron de sonar. Primero murió el izquierdo y cinco segundos después, el derecho. “Demasiado aguantaron ¿Cuánto costarán otros bichos de estos?”, fue lo primero que pensé. Se me cortó la respiración mientras sacaba la cuenta. La música ya no me escudaría el resto del viaje. La canción se quedó a mitad de camino y yo atrapado en un vagón de Metro en el que tenía que escuchar el canto desafinado de una ciudad histérica.

La crisis de los casi 30: el síndrome del viejo prematuro

Perdí la conciencia por un rato. Todo se vino a negro de un momento a otro. El silencio no me daba pistas de dónde estaba. Nada de ruido. Nada de luz. Todo era un limbo de oscuridad hasta que la carcajada de una menor de edad me despertó. “Jajajaja ¿Todo bien?”, me preguntó la pasante mientras chasqueaba sus dedos frente a mi rostro porque me había quedado dormido frente a la computadora. Oficialmente era un viejo de 28 años ¡y había testigos de eso!

La crisis de los casi 30: el síndrome del viejo prematuro

Perdí la conciencia por un rato. Todo se vino a negro de un momento a otro. El silencio no me daba pistas de dónde estaba. Nada de ruido. Nada de luz. Todo era un limbo de oscuridad hasta que la carcajada de una menor de edad me despertó. “Jajajaja ¿Todo bien?”, me preguntó la pasante mientras chasqueaba sus dedos frente a mi rostro porque me había quedado dormido frente a la computadora. Oficialmente era un viejo de 28 años ¡y había testigos de eso!

Horóscopo para sobrevivir al 2018

En la Venezuela hiperinflacionaria los precios están tan fuera de control como tu vida amorosa y estabilidad laboral. Con estos consejos mantendrás tu mente sobre el carril de la sobriedad y así practicas para cuando empiece a escasear la cerveza (a menos que en las presidenciales podamos votar por Lorenzo Mendoza).