Pensando en voz alta sobre el 9E

La articulista Carolina Jaimes Branger le da las gracias a los barineses que, teniendo todo en contra, salieron a votar para generar el cambio. ¿Hay razones para ser optimistas? Ella cree que sí y aquí lo explica

Pensando en voz alta sobre el 9E

En mi último artículo del año pasado para este mismo portal, el 29 de diciembre de 2021, formulé votos para que los barineses demostraran -en nombre de toda Venezuela- que estamos HARTOS de Maduro y de todo su séquito. Decía que la respuesta y la esperanza la podrían dar ellos, quienes, interpretando el sentir y las necesidades del pueblo, ojalá salieran a votar y estuvieran dispuestos a dar el todo por el todo.

Hoy debo decir “gracias, Barinas”. Porque a pesar de los abusos de poder, del ventajismo, del uso de recursos públicos en la campaña electoral oficialista, de las amenazas, los amedrentamientos, el grosero y desmedido “aumento de los efectivos del Plan República” (la cantidad de gente que llegó entre militares, reservistas y colectivos multiplicaba varias veces el número que usualmente hay en el estado, como si de una guerra se tratara, y no de un evento electoral), de los regalos, las dádivas y las promesas de que “vuelve la esperanza”, como si la oposición hubiera mandado allá estos últimos 23 años, venciendo al fantasma de la abstención, desoyendo las voces agoreras que aconsejaban no votar, en fin, sorteando toda clase de obstáculos y hasta peligros, el pueblo barinés habló por todo el país.

Quiero compartir con ustedes mis conclusiones sobre el 9E:

1) Cuando la votación es masiva, el régimen no puede hacer trampa, aunque quiera. Barinas es la cuna de Hugo Chávez y su familia había establecido una suerte de dinastía, que comenzó Hugo de los Reyes, el padre, y siguieron Adán y Argenis, los hermanos, y era algo así como un punto de “honor” (más bien de control) el mantener el estado en manos del chavismo. Los barineses merecen todos los elogios por habérselos sacudido. Mis respetos van también para quienes se fajaron a organizar la postulación de Sergio Garrido y a hacerle campaña -sin recursos y en evidente desventaja- porque este triunfo es suyo también.

2) Curiosamente, fue en este acto donde se más se ha evidenciado la fractura entre el chavismo y el madurismo. Argenis Chávez no solo renunció a la gobernación, sino que no apareció en la campaña de Jorge Arreaza, replegado supuestamente “por órdenes del PSUV”, a pesar de que altos funcionarios nacionales del régimen se presentaron a hacer campaña electoral. Jorge Arreaza sonó muy claro en cuanto a la división a la que me refiero, cuando declaró que “No haré lo que me digan los Chávez en Barinas, haré lo que diga Maduro”. Un tuit de Andrés Izarra el mismo domingo 9 de enero, desde su “exilio” dorado en Alemania, reconfirmó mi teoría: «Para refundar al chavismo, hay que derrotar primero al madurismo».

3) El rápido reconocimiento de su derrota por parte de Arreaza, aun antes de que el CNE anunciara los resultados, puede obeceder a que, ante la obvia derrota, haya decidido matar dos pájaros de un tiro:

El primero, aparecer como un “demócrata” ante la comunidad internacional y en particular, ante la CPI, quienes espero no hayan sido tan ingenuos como muchos aquí en Venezuela. ¡No salgo de mi asombro de la cantidad de personas a quienes considero sensatas que alabaron su talante “democrático” en diferentes redes sociales! No solo lo llamaron “demócrata”. También le dijeron “valiente” y hasta “honorable”. ¡Qué memoria TAN CORTA! ¿Es que Arreaza no ha sido parte -y además importante- de este régimen que ha destrozado todo lo que funcionaba en el país, empezando por la pérdida de vidas humanas?

El segundo, consolidar un puesto de “respeto” para ocupar un puesto relevante en una posible transición. Esto es una mera especulación mía.

4) La unidad de la oposición es imprescindible. ¿Tengo que explicarlo? ¡Tenemos que exigirla!

5) Se abre con fuerza la posibilidad de un referendo revocatorio con participación masiva y pienso que en esta cesta las fuerzas políticas opositoras tienen que poner todos sus huevos… y cuidarlos. Esta elección demostró que sí puede haber salida electoral, algo que hasta ayer (escribo este artículo el 10 de enero) muchos consideraban imposible.

6) El pueblo venezolano sigue siendo demócrata, a pesar de sus veleidades con el autoritarismo y eso es un gran alivio.

7) No se puede bajar la guardia en Barinas, porque el Arreaza “civilizado” -a pocas horas del “gallardo” reconocimiento de su derrota- le advirtió al nuevo gobernador Sergio Garrido que tuviera “mucho cuidado” porque “no vamos a permitir que se le haga daño al pueblo de Barinas”, seguido del sempiterno bla, bla, bla sobre la “derecha violenta” que “responde a los intereses de la Casa Blanca”. Hago la advertencia, no vaya a terminar Arreaza siendo “protector” del estado, la forma -totalmente anticonstitucional- que encontró Maduro para ejercer el poder donde no ganó las elecciones…

En fin, mi conclusión es que, sin ser ingenuos y manteniéndonos vigilantes y alertas, tenemos buenas razones para estar optimistas.