Barinas y el 21N, las tres cosas que quedaron al desnudo

Montados en el portaviones político y simbólico de Hugo Chávez, el papá de éste y sus dos hermanos se alternaron en el poder de Barinas a partir de 1999 hasta este 30 de noviembre. Tengo la impresión, como muchos otros, que todo lo que ha rodeado a Barinas en el post 21N tendrá consecuencias

Barinas y el 21N, las tres cosas que quedaron al desnudo

Por donde menos se piensa, salta la liebre. Esta expresión calza bastante bien en relación con la situación generada en el estado Barinas tras las elecciones regionales y municipales del 21N. Dos semanas antes de las votaciones nadie habría apostado a que la dinastía de la familia Chávez saldría con las tablas en la cabeza en su propio territorio.

El tema de Barinas hay que abordarlo con prudencia y sin estridencia. Ni significa el fin del chavismo, como proyecto autoritario que ejerce el poder, pero tampoco creo que se debe despachar rápido diciendo que todo sigue igual y que nada ha cambiado. Lo simbólico tiene un peso enorme en la política y simbólicamente los Chávez ya no gobernarán a Barinas, tal como lo venían haciendo desde 1999.

En otros artículos que publicó El Estímulo sosteníamos la tesis, a propósito de la revisión de los procesos de transición en otros contextos históricos y geográficos, que bajo un sistema autoritario acudir a las elecciones puede tener varios fines. Obviamente quienes se postulan buscan el poder, pero cuando hay libertades restringidas las elecciones sirven también para organizar y movilizar a las fuerzas prodemocracia, para desnudar la falta de condiciones, para intentar fracturar a la cúpula gobernante y, sobre todo, para demostrarle a la comunidad internacional y al propio pueblo, que pese al autoritarismo la sociedad no está rendida.

Dicho esto, me permito presentar de forma sintética tres aristas relevantes que nos deja el caso Barinas, más allá de quien termine ocupando la gobernación.

Participar puede mover las cosas, abstenerse no

La tesis de que si la población se abstiene desnuda la ilegitimidad del régimen es un asunto en el que debería pasarse la página. Pese a la ilegitimidad de origen que tiene Nicolás Maduro como presidente, de facto la comunidad internacional ha terminado por aceptar que es quien ejerce el poder. No estamos en una discusión legal, sino política. La abstención desmoviliza, la participación aún en un contexto de libertades restringidas permite que los ciudadanos de a pie participen, se involucren, entiendan la gran verdad de que para salir de una dictadura no habrá una solución mágica o foránea. Ningún régimen autoritario ha salido del poder como resultado de la abstención de los ciudadanos.

No hay opositores químicamente puros

Ha sido una dura lección que el triunfo opositor en Barinas haya sido justamente con Freddy Superlano, una figura polémica, por el escándalo que le montó el chavismo en Cúcuta en 2019, en el que éste tontamente sirvió de comparsa, amén de la explicación que debe sobre el manejo de fondos.

Un Superlano que era muy criticado en las redes sociales logra el voto popular: qué nos dice esto. Me atrevo a ponerlo de esta manera, de forma muy pragmática, prefiero votar por este opositor cuestionado a que los Chávez sigan en el poder. Un asunto que deberá discutirse en el seno de un partido como Voluntad Popular, del cual Superlano es militante, es la revisión de su política ambivalente y contradictoria en relación a las elecciones del 21N. El partido no llamó a votar, Leopoldo López y Juan Guaidó siguen con la tesis de que primero que nada deben ocurrir elecciones presidenciales, pero cuando Superlano ganó las redes sociales de esta agrupación lo reivindican como suyo.

No hay un chavismo monolítico en el manejo del poder

En general el sector del chavismo que encabezan Nicolás Maduro y Jorge Rodríguez estaba ganado a reconocer el triunfo de Superlano, para terminar de acabar con el apellido Chávez en la política venezolana. Esto no está relacionado con un espíritu democrático de Maduro y Rodríguez, sino con aprovechar una oportunidad de terminar de extinguir -como vienen haciéndolo- con el “legado de Chávez”. Esta campaña resultó sintomática en mostrar que ya Chávez quedó atrás. Sin embargo, y esta es mi lectura, Diosdado Cabello con ascendencia sobre militares y el sistema de justicia dictó otra pauta. Un Tribunal Supremo de Justicia, cuya mayoría de magistrados fueron nombrados cuando Cabello encabezaba la Asamblea Nacional, menoscaba el rol de una Consejo Nacional Electoral cuya mayoría de rectores obedecen a lo que podríamos llamar ahora el madurismo.

“Para nosotros Barinas es Chávez, es un bastión nuestro”, sentenció Cabello y esto al parecer activó los resortes del TSJ, que, aunque admitió que Superlano había sacado más votos que Argenis Chávez, ordenó la repetición de las votaciones para el 9 de enero y sacó del juego al opositor. Según el TSJ, Superlano estaba inhabilitado. Las dos voces independientes del CNE aclaran que nunca fueron notificados oficialmente de tal inhabilitación para ocupar cargos. Además, varios periodistas repusieron el video en el cual el gobierno de Maduro le concede una suerte de indulto a Superlano, entre otras figuras políticas, en 2020, para que se reintegrara a la actividad política dentro de Venezuela.

“Las dos sentencias del TSJ, este 29 de noviembre, demuestran las contradicciones internas del chavismo sobre cómo manejar el tema Barinas”, apuntó el periodista Eugenio Martínez.

La guinda, puertas adentro del chavismo, la ha puesto el hermano del fallecido presidente al descartar participar en una repetición de elecciones que el propio sistema chavista le había preparado, el 9 de enero, para garantizarle su permanencia en el poder.

Montados en el portaviones político y simbólico de Hugo Chávez, el papá de éste y sus dos hermanos se alternaron en el poder de Barinas a partir de 1999 hasta este 30 de noviembre. Tengo la impresión, como muchos otros, que todo lo que ha rodeado a Barinas en el post 21N tendrá consecuencias. Aún es temprano, me parece, para determinar su magnitud.