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Betancourt y Perón: Paralelismos y conflictividad

Betancourt buscaba la instauración de la “democracia y la libertad”como sustentos de la política. Perón enfatizaba la “justicia social” o “justicialismo / por Luis E. Fidhel Gonzales

Betancourt y Perón: Paralelismos y conflictividad

La marcha de sindicatos y clase obrera argentina sobre Buenos Aires el 17 de Octubre de 1945 rescató a Juan Domingo Perón de su cautiverio político. Al día siguiente Rómulo Betancourt inició una revolución a través de un golpe de Estado. En el siglo XXI el peronismo se mantiene en el poder, mientras que la vigencia política de Acción Democrática (AD) resulta cuestionable.

Juan Domingo Perón ingresó tangencialmente a la política argentina tras el golpe de Estado del 4 de junio de 1943, en el que terminó derrocado Ramón Castillo; la iniciativa estuvo encabezada por los generales Arturo Rawson y Elbio Anaya. El primero solo duró 3 días en el poder y resultó sustituido por Pedro Pablo Ramírez (1943-44), poniendo así fin a la denominada “la década infame”: sucesión de gobiernos conservadores acusados de corruptos y caracterizados por el “fraude patriótico”, denunciado por el periodista José Luis Torres y que se utilizaba para  evitar que el “pueblo”, concebido como “ignorante”, impusiera su voluntad en los procesos electorales.

Esta reacción militar se fortaleció ideológicamente en Argentina y supuso la conformación de una logia denominada Grupo de Oficiales Unidos (GOU). El ensayista y literato Leopoldo Lugones aseveró en 1924 que “la hora de la espada… hará el orden necesario, implantará la jerarquía indispensable que la democracia ha malogrado hasta hoy, fatalmente derivada, porque esa es su consecuencia natural hacia la demagogia o el socialismo”. Dicha consideración se hizo en virtud de la Ley Saenz Peña, sancionada por el Congreso nacional el 10 de febrero de 1912, y que estableció el voto universal, secreto y obligatorio para los ciudadanos varones “nativos o naturalizados” mayores de 16 años inscritos en el padrón electoral.

A causa de la Segunda Guerra Mundial, Argentina había comenzado a consolidar un paulatino proceso de industrialización. En 1943, la producción industrial superó a la agraria, lo que supuso el aumento de la clase obrera y anticipó grandes cambios sociopolíticos.

El 27 de noviembre de 1943 se creó por decreto la Secretaría de Trabajo de la Nación, con Perón como su titular. Este último hizo una alianza con los principales movimientos sindicales ideológicamente divididos -socialistas, sindicalistas revolucionarios, comunistas y anarquistas- e incluso designó a líderes sindicales en los principales cargos del Departamento, burocratizando así al movimiento sindical. También implementó novedosas y progresistas leyes a favor de la clase trabajadora y celebró numerosos contratos colectivos sin precedentes en la historia laboral argentina. Ganó el apoyo de las masas trabajadoras y desplazó al liderazgo sindical de la época por el que posteriormente sería la base política del “justicialismo”.

Perón a la palestra política

El 24 de febrero de 1944, Ramírez «delegó el cargo» interinamente en el general Edelmiro Farrell, vicepresidente y ministro de guerra, y el 9 de marzo renunció a la presidencia. Juan Domingo Perón fue designado vicepresidente del nuevo gobierno y también ejerció simultáneamente os cargos de Secretario de Guerra y de Trabajo y Previsión.

En octubre de 1945 se produjeron desavenencias entre Perón y sectores militares conservadores, quienes le exigieron la renuncia de los cargos que ostentaba. Las discrepancias fueron particularmente tensas con el general Eduardo Ávalos, quien había tenido un destacado papel en el golpe de Estado de 1943 y se desempeñaba como jefe de la guarnición de Campo de Mayo, la más importante del país. Se logró la renuncia y posterior reclusión de Perón en la isla Martín García y Ávalos asumió el cargo de ministro de Guerra.

El 17 de octubre se desencadenaron importantes y multitudinarias movilizaciones obreras en la Plaza de Mayo con el fin de exigir la liberación de Perón, quien se encontraba en un hospital de la capital. Los gremios reunidos en asamblea permanente convocaron a una huelga nacional que se iba a extender por 48 horas desde el primer minuto del día siguiente.

Para evitar posibles confrontaciones y temeroso de que la situación se saliera de control, Ávalos se abstuvo de reprimir y negoció con Perón, quien se encontraba todavía arrestado.

Avalos y Perón tuvieron una corta reunión en la que pactaron varias condiciones: Perón hablaría a los manifestantes para tranquilizarlos, no haría referencia a su detención y obtendría que se retiraran, el gabinete renunciaría en su totalidad y Ávalos solicitaría su retiro. Perón salió a un balcón de la Casa de Gobierno – Casa Rosada-, agradeció la presencia de la masa trabajadora, recordó su labor en el gobierno, informó sobre su pedido de retiro, prometió continuar defendiendo los intereses de los trabajadores y pidió a los concurrentes que se desconcentraran en paz añadiendo que, por esta vez, les solicitaba que cumplieran el paro del día siguiente.

Perón recuperó su libertad e impuso sus términos a Avalos. Se ratificó a Farrell como presidente, Ávalos salió de su cargo ministerial y se acordó un nuevo gabinete entre Farrell y Perón. Este acontecimiento se bautizó posteriormente por “Día de la Lealtad”. El 24 de febrero de 1946 se realizaron elecciones que ganó la fórmula Perón- Quijano con el 52,84% de los votos y una diferencia de apenas 280.786 con respecto a la oposición, iniciándose así la primera presidencia peronista.

En Venezuela al día siguiente

El 18 de octubre de 1945 se produjo en Venezuela un movimiento cívico-militar que derrocó al gobierno del general Medina Angarita y que estuvo dirigido por dirigentes de Acción Democrática (bajo el liderazgo de Rómulo Betancourt) y jóvenes oficiales del ejército, entre los que figuraban Marcos Pérez Jiménez y Carlos Delgado Chalbaud. Betancourt lo justificó aseverando que la “finalidad básica” del movimiento fue liquidar de una vez por todas, los vicios de la administración, el peculado y el sistema de imposición personalista y autocrática sin libre consulta de la “voluntad popular” característicos de los gobiernos de López Contreras y Medina Angarita.

Betancourt manifestó “el visible interés” en el mejoramiento profesional y técnico de las Fuerzas Armadas e insistió que se les reconociera “solo la función” que les asignaban los ordenamientos legales y democráticos: la de institución de carácter profesional y técnica, subordinada al Poder Ejecutivo, sustraída de toda injerencia en la forma de orientación de la gestión política administrativa, acotando que tal actitud estaba “enraizada” en la más ortodoxa tradición bolivariana. En este sentido podría catalogarse al movimiento de octubre como antimilitarista y civilista.

Rómulo Betancourt basaba su lucha en la instauración de la “democracia y la libertad”como sustentos de la política. Perón hacía énfasis en la “justicia social” o “justicialismo”, posición que para algunos teóricos constituye una expresión moderna de “antipolítica o barbarie”, siendo la lucha por “las libertades” completamente ajena e incluso superflua.

Discrepancia con el peronismo-1948

Entre las referencias de Betancourt al peronismo, destaca la hecha en ocasión de la tesis denominada “el destino manifiesto” de los ejércitos, que explicaría el derrocamiento del presidente Rómulo Gallegos en noviembre de 1948.

Betancourt adjudicaba a Juan Domingo Perón y al Grupo de Oficiales Unidos (GOU) su influencia en los Estados Mayores militares venezolanos. “La religión de las espadas” había encontrado su profeta en “el megalómano rioplatense”, en alusión a Perón. Fue su “profesión de fe cuartelaría” que, sostenía, “jamás un civil comprenderá la grandeza de nuestro ideal, por lo cual habrá que eliminarlos del Gobierno y darles la única misión que les corresponde: trabajo y obediencia,” en referencia a una conocida circular de 1943 de los coroneles argentinos.

Señaló Betancourt la influencia de los postulados del peronismo como sustento de la “cruzada militarista americana” en el entonces jefe del Estado Mayor, teniente coronel Marcos Pérez Jiménez, quien viajó a Argentina a comienzos de 1948. Allí conferenció con el “ductor del justicialismo”, escuchó sus consejos y de regreso a Caracas pasando por Lima acordó seguramente tácticas comunes con el general Manuel Odría, presidente de facto del Perú, para ultimar los detalles de la “militarada” que habría de derrocar al gobierno civil venezolano.

Tras su regreso, Pérez Jiménez adelantó desde la Jefatura del Estado Mayor una intensa campaña de desmoralización dentro de la oficialidad en servicio activo. La propaganda en contra de los oficiales de las fuerzas armadas leales a la Constitución y leyes, calificada por “disolvente y corrosiva”, se difundía con otras de contenido mesiánico: la de asignar a los ejércitos “un destino manifiesto”, una misión providencial como salvadores de países, teniendo como “espejo y ejemplo” la Argentina de Perón, que para “esos cruzados de la antidemocracia” era paradigma de estabilidad y progreso.

Derrocamiento de Perón-1955

Entre las reformas políticas realizadas por Perón figura la constitucional de 1949, que ratificaba la irrevocable decisión de constituir una nación “socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana”. También destacó la consagración de los derechos de los trabajadores. Se le habilitó para poder ejercer un nuevo mandato y el proceso electoral presidencial para el período 1952-1958, Perón obtuvo el 63,40% de los votos. Fueron las primeras elecciones en las que las mujeres ejercieron el recién adquirido derecho al voto.

El 15 de septiembre 1955, Perón terminó derrocado mediante un golpe de Estado liderado por el general de división Eduardo Lonardi, acción conocida como «Revolución Libertadora». Perón se exilió inicialmente en Paraguay y  regresó a Argentina diecisiete años después.

Rómulo Betancourt se refirió a este episodio argumentando que núcleos de las Fuerzas Armadas, y en primer plano la Marina, “derrocaron al régimen totalitario de Juan Domingo Perón”. Acotó lo que este acontecimiento planteaba en forma de “dilema inexorable”: los sectores “realmente profesionales de las Fuerzas Armadas” insurgen, “codo a codo” con “el pueblo” contra las dictaduras militares o llegará el momento en que la “marea revolucionaria popular” arrase no solo con “el podrido andamiaje” de esas dictaduras, sino con los ejércitos que la sostienen y aúpan.

Destacó de ese enfoque global de la cuestión militar en América Latina como de “extraordinaria significación” y de “proyecciones imprevisibles” para Argentina y el resto del continente, lo que sucedió después de haberle dado las Fuerzas Armadas “el empellón final” a una dictadura que era la expresión más típica del “neofascismo castrense”. Acotaría después de la sustitución del general Lonardi por un Gobierno militar plural declaro su intención de provisorio.

Acción Democrática y peronismo-1973

En las elecciones generales en Venezuela de diciembre 1973, bajo el régimen democrático representativo instaurado a partir de 1958, Acción Democrática regresó al poder con el candidato Carlos Andrés Pérez, quien derrotó al candidato de Copei, Lorenzo Fernández. Durante la presidencia previa de Rafael Caldera (1968-1973) se inició un súbito aumento de los precios del petróleo, por lo que el nuevo gobierno gozó de ingresos sin precedentes e inauguró lo que se denominó “la Gran Venezuela” o “Venezuela Saudita”.

El 26 de marzo de 1971, el general Alejandro Lanusse asumió la presidencia de Argentina en un clima político totalmente desfavorable, ingobernabilidad y crisis económica. La violencia guerrillera, el descontento popular, Perón y el justicialismo hacían difícil de sostener la continuidad del gobierno militar. Lanusse evaluó que la solución a los conflictos pasaba por terminar con 18 años de proscripción del peronismo y decretar una apertura política. Fijó fecha para las elecciones y prometió un gabinete de “unidad y conciliación nacional” para aplacar la agitación y las protestas en el país.

El 17 de octubre de 1972, se promulgó la Ley Nº 19.805, que convocaba a elecciones nacionales sin proscripciones para el 11 de marzo de 1973. Se impidió la candidatura de Perón, entonces en el exilio, a través de la «cláusula de residencia» que prohibía cualquier postulación de quienes no hubieran residido en Argentina con anterioridad a agosto de 1972.

A raíz de la declaración de Lanusse según la cual Argentina debía regresar a la “normalidad institucional” y legalizar a los partidos políticos, se trató de avanzar hacia la normalización eliminando la Ley Anticomunista implementada por el expresidente Juan Carlos Onganía en 1966.

Se conformó, con fines electorales, el Frente Justicialista de Liberación (Frejuli) cuyo partido mayoritario fue el Partido Justicialista – peronismo – con otros partidos menores ante la prohibición oficial a Perón de presentar su postulación a esas elecciones. En los comicios presidenciales de marzo de 1973, la fórmula presidencial de Héctor J. Cámpora (Partido Justicialista) y Vicente Solano Lima (Partido Conservador Popular) obtuvo el 49,56% de los votos, superando a la fórmula de la Unión Cívica Radical, integrada por Ricardo Balbín y Eduardo Gamond, que logró un 21,29%.

Perón volvió definitivamente el 20 de junio de 1973, cuando Cámpora asumió la presidencia. El caudillo ratificó en enero de 1973: «Si Cámpora va al gobierno, Perón va al poder, como dicen los muchachos. Es lógico. Si lo he puesto a Cámpora es porque sé que es un hombre de una lealtad insobornable”.

El gobierno de Cámpora resultó uno de los más cortos de la historia Argentina: del 25 de mayo al 13 de julio de 1973. Su administración se interpretó como una maniobra de Perón para hacerse de la presidencia, así como una muestra de fidelidad. La convocatoria a nuevas elecciones con Perón como candidato obtuvo más del 60% de los votos y le permitió acceder a la presidencia el 12 de octubre, junto con su esposa Isabel Martínez como vicepresidente.

Juan Domingo Perón falleció el 01, de julio de 1974. Su viuda asumió el poder y terminó derrocada por un golpe de Estado el 24 de marzo de 1976.

Desenlace

Durante el resto del siglo XX, Acción Democrática obtuvo dos triunfos electorales adicionales: Jaime Lusinchi (1983-1988) y el segundo Gobierno de Carlos Andrés Pérez (1988-1993). El peronismo volvió al poder con la presidencia de Carlos Saúl Menen (1989-1999) y en el siglo XXI lass de Eduardo Duhalde (2002-2003), Néstor Kirchner (2003-2007), Cristina Fernández (2007-2015) y Alberto Fernández (2019) con Cristina Fernández como vicepresidenta.

Por su parte, Acción Democrática tiene una existencia política precaria en el siglo XXI.

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