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Biden, 100 días

A la manera de Franklin Delano Roosevelt, Biden ha anunciado un conjunto de medidas para los primeros 100 días de gobierno. Sin embargo, las diferencias entre ambos presidentes son muy marcadas. Ramón Guillermo Aveledo las analiza

Biden, 100 días

El retrato de Franklin Delano Roosevelt destaca sobre la chimenea del despacho oval de la Casa Blanca. No estaba allí en enero pasado, lo mandó a traer el nuevo presidente norteamericano Joe Biden quien es su admirador y lo ve como modelo a seguir en su mandato que, dada su edad y así lo ha prometido, será en único. Una primera diferencia con quien llegó de 51 años y falleció cuando había sido reelegido para un cuarto período.

Aquel discurso de toma de posesión, famoso por la frase de “A lo único que debemos temer es al temor mismo”, lo comenzó FDR con lo que estimaba un imperativo de la realidad, “este es ante todo un tiempo para decir la verdad, toda la verdad, francamente, valientemente”. Tenía razón ante un panorama de problemas tan vastos como hondos.

La visión de Biden es lógica. Roosevelt fue un presidente demócrata como él, también ganó la elección a un mandatario republicano de un solo período y recibió al país sumido en una crisis de gigantescas proporciones. Como símbolo, representa el éxito ante las dificultades, muy bien avenido con el optimismo estadounidense y de mayor importancia motivacional en este tiempo cuando las emociones han devaluado las razones que han sido el territorio donde se ha movido el nuevo gobernante a lo largo de su dilatada carrera de senador y vicepresidente como insider liberal y centrista.

A la manera de FDR, Biden ha anunciado un conjunto de medidas para los primeros cien días de gobierno. Los 100 días rooseveltianos desde marzo de 1933 son icónicos. Ha comenzado correctamente, con una batería de órdenes ejecutivas que es lo que nosotros llamaríamos decretos, pero es más difícil de esperar que a éstas siga, como entonces, un audaz paquete legislativo.

La correlación en el Congreso hoy es muy diferente a aquella. En un Senado parejo, el voto decisivo es el de su vicepresidenta Harris, pero ese es un recurso que no debe desgastarse. En la Cámara, la mayoría de su partido se estrechó en noviembre. Un cuadro precario si se lo compara con los 58 senadores de 96 porque Alaska y Hawai no serían estados hasta 1959 y 311 representantes Demócratas que al revés de la tendencia histórica se convertirían en 70 y 322 en las elecciones de mitad de período en 1934.

El Biden rooseveltiano liderando un país en crisis, tendrá tensión con el Biden que prometió sinceramente la unidad nacional y que también quiere y necesita adelantar en el Congreso una agenda con apoyo bipartidista. Ambas aspiraciones son genuinas por consistentes con su trayectoria, pero particularmente exigentes en el cuadro actual e incluso, podría decirse que contrastantes.

Biden

Foto MANDEL NGAN / AFP

Roosevelt ganó en 1932 por la misma diferencia absoluta que Biden pero en un universo de votantes equivalente a la cuarta parte del de 2020; en votos electorales fue 472 a 59, abismal si se la mira ante el 306-232 de la victoria del actual mandatario.

Detestado por media nación, la situación del gobernante derrotado en noviembre pasado dista mucho de la del abrumadoramente impopular Hoover. Conserva una base de respaldo considerable que condicionará por un buen rato la política republicana, aunque ya asoma el conflicto creciente entre este outsider tan incómodo como amado por los suyos y el establishment republicano que intentará gradualmente recuperar el control de su espacio, bajo la guía de ese profesional consumado que es Mitch McConnell, como ha analizado recientemente en The Washington Post un lúcido columnista conservador de tan sólido prestigio como George Will.

El veloz trámite del incómodo juicio político a su antecesor es un capítulo de esos dramas subyacentes que no desaparecerán por arte de magia.

La serena habilidad de Biden se pondrá a prueba con una larga lista de complejidades como la división del país, exacerbada por múltiples conflictos y crispada por la polarización que el populismo atizó en su provecho; la pandemia, la grave situación económica, con caída del PIB y pérdida de millones de empleos; las tensiones internas en su partido entre los liberales “progresistas” que querrán velocidad y audacia y los liberales moderados propensos al entendimiento. Súmese a un panorama internacional caracterizado por la necesidad de recomponer las alianzas de los EE UU, los retos de China y Rusia, el siempre conflictivo Medio Oriente y problemas como Corea del Norte, para nada atenuados por las excursiones mediáticas del pasado cuatrienio.

Alasdair Roberts, académico experto en políticas públicas ha dicho hace poco una verdad como un templo: “FDR gobernó en un mundo más simple”.

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