Amamantar con hambre

Hace pocos días, en una de esas conversaciones que te encuentras bajo el sol, escuchaba la plática de dos personas en las que una joven buscaba desesperada una fórmula infantil para dar de comer a su bebé de nueve meses. Escuché claramente cuando una le decía a la otra “te puedo pagar hasta cinco mil bolívares” y no pude evitar levantar la mirada y sin invitación, me metí en la conversación

¿5 mil bolívares una lata de fórmula?” le dije, pues no tenía idea de los precios para ese rubro tan particular. ¿Y qué pasó con la leche materna? Pregunté perpleja y ambas me miraron como si fuese una visitante de otro planeta. Ella me respondió que su hijo ya estaba grande para eso y que eso de “dar tet…” no era lo suyo. “No me salía suficiente, así que le di tetero y en pocos días dejó de mamar” la conversación siguió un rato más y aún cuando ambas reconocían que la leche materna es “buena” coincidieron en que “la fórmula los llena más”

Respiré profundo y de inmediato saqué unas cuentas rápidas: si apenas tiene nueve meses, ¿cuánto dinero ha tenido que destinar para pagar la fórmula? ¿Cómo se alimenta ella y el resto de su familia con tal inversión semanal? Pensando en el bebé, ¿hasta cuándo tendrá para pagar la fórmula? y ¿qué le dará cuando no la pueda comprar? La deuda en materia de alimentación y nutrición nos arropa y por estos días se nota mucho más.

En Venezuela, este año, la Semana Mundial de la Lactancia Materna (SMLM) nos sorprende con la alacena vacía y con madres hambrientas y cansadas: dos factores que de forma rápida estimulan el abandono de la práctica ancestral de amamantar a sus hijos en los primeros meses de vida. Inspirados en los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) firmados el pasado mes de septiembre por varios países con el objeto de erradicar la pobreza y proteger el planeta, las organizaciones internacionales quieren demostrar que la lactancia materna es fundamental para el logro de los ODS en los próximos 15 años. Pero mientras tanto, ¿qué hacemos?

Pensando en aquella conversación que me encontró en la calle, me dispuse a ordenar algunas ideas pensando en los ODS,. El primero de ellos “Fin de la pobreza” y cito a la Alianza Mundial pro-Lactancia Materna (WABA): “La lactancia materna es una forma natural y de bajo costo de alimentar a los bebés y no representa una carga para el presupuesto familiar” y el segundo “Hambre Cero” para lo cual la propuesta de las organizaciones cita lo siguiente “La lactancia materna exclusiva hasta los seis meses proporciona nutrientes de alta calidad” y aquí me detuve, ¿será posible amamantar con hambre? y la respuesta es sí.

Aún en los casos más extremos, las madres desnutridas pueden seguir las mismas recomendaciones para la lactancia de madres que no lo están. Estas recomendaciones incluyen la lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses, seguido de la lactancia materna a demanda y la introducción de alimentos complementarios hasta los dos años.

Lactanciamaterna

Hay mucha desinformación alrededor de este tema y como siempre digo, la competencia es desleal pues durante al menos dos o tres generaciones hemos sido sistemáticamente bombardeados con argumentos como “tu leche no lo alimenta” o “tu leche no es suficiente, hay que complementar” o los argumentos más fuertes para mi, “dale tetero para que duerma la noche completa” poniendo en riesgo la vida de ese bebé.

Durante la gestación, el cuerpo de la madre se prepara para la lactancia en la que almacenando reservas de energía para tal fin. Lo ideal es que la futura madre aumente su ingesta de alimentos durante el embarazo y durante la lactancia, pero si esto no es posible, la energía, proteínas y otros nutrientes en la leche materna provienen de las reservas corporales de la madre.

A no ser que esté en un cuadro de desnutrición severa, prácticamente todas las madres pueden producir cantidades adecuadas de leche materna. Cuando la madre lactante está desnutrida, es más seguro, más fácil y menos costoso darle comida a ella que exponer al bebé a los riesgos asociados con sucedáneos de leche materna.

Hay una idea errónea de que la desnutrición reduce en gran medida la cantidad de leche que produce una madre. A pesar de que la desnutrición puede afectar la calidad de la leche, los estudios muestran que la cantidad producida depende principalmente de la frecuencia y la eficacia con que el bebé succiona en el pecho. Si una madre produce menos leche de la que va necesitando el bebé, éste responde succionando con más fuerza, con más frecuencia o más tiempo en cada toma. Esto estimula una mayor producción de leche.

El tercer y cuarto ODS están íntimamente relacionados con los riesgos sanitarios de una familia que vive en condiciones de hacinamiento, con escaso o inexistente acceso a agua potable, me queda claro que amamantar es más seguro para el bebé que preparar un sustituto con agua posiblemente contaminada y con un alto potencial de transmitir enfermedades que vulneran la salud del bebé y de su madre.

La lactancia materna es una red de protección natural contra los peores efectos de la pobreza. Si un niño sobrevive el primer mes de vida (el período más peligroso de la infancia) la lactancia materna exclusiva por los próximos cinco o seis meses acortan la brecha entre niños nacidos en pobreza absoluta y niños nacidos en condiciones socioeconómicas más favorecedoras, tal y como lo apunta UNICEF a lo largo de sus hallazgos en esta materia.

La tarea pendiente será asegurar que esa madre pueda espaciar los próximos embarazos o asumir el control sobre la natalidad con educación en planificación familiar, con el fin de derrumbar mitos arraigados aún en el siglo XXI, para salvaguardar su vida y evitar las consecuencias de amamantar con hambre y asegurar alimento a ese o a esos hijos que merecen alimentación sana y segura como un derecho fundamental que los pueda sacar del círculo de la pobreza.