Así eran las heladerías en la Caracas de antaño

Con este minucioso y extenso recorrido por las heladerías caraqueñas se recordarán esos sabores que nos hacían soñar con la hora de llegada del heladero.

 

El clima de Caracas lo pide a gritos. Por eso siempre han existido heladerías de todas las categorías, desde las ventas ambulantes con los recordados helados de “palito”, “tinitas”, “vasitos” o barquillas, pasando por los modestos helados caseros; carritos llevados a tracción por “el heladero” tintineando las campanitas; camionetas acondicionadas con la grabación eterna del pegajoso jingle de la famosa “marchantica” hasta locales lujosos, algunos con sucursales en todo el país, con una gran variedad de sabores y combinaciones.

Sería una tarea digna de la desaparecida guía de las páginas amarillas de la Cantv si nombráramos en esta crónica todas las marcas de helados y heladerías pasadas y actuales. Por eso solo nos referiremos a las más renombradas o a aquellas que se recuerdan por algo especial.

Los primeros helados

Las referencias históricas señalan que el primer lugar donde se vendieron helados en Caracas fue en el famoso Café Espagnol, en el año 1857, situado en los alrededores de la Plaza Bolívar, como lo señala José Rafael Lovera en su obra Historia de la Alimentación en Venezuela, cuando se refiere a los primeros establecimientos públicos donde se reunían las familias para tomar café y merendar:

“El más antiguo café caraqueño de que tenemos noticia es el “Café del Ángel”, que aparece mencionado en 1810 en La gazeta de Caracas. También en la capital fueron famosos el ‘Mercantil’ y el ‘Neptuno’, en 1838; el de “La Fraternidad”, en 1842; el “Español”, que en 1857 ofrecía como ventaja excepcional hielo y sorbetes además de chocolatería, confitería, repostería y pastelería…”. 

La historia de las heladerías caraqueñas es larga y el número de ellas muy grande, algunas han permanecido en el tiempo, otras han sido flor de un día.

Casi 200 años de helados

La primera venta de helados que recuerda este cronista fue en los años 50.

Se llamaba heladería San Pablo, en la esquina de San Pablo en El Silencio, frente a la Plaza Miranda. Vendían helados de vainilla, coco, guanábana, fresa y chocolate en copas de metal. Abarcaba toda la esquina y los empleados vestían uniformes blancos con una cristina a juego.

Más hacia el Este de la ciudad, la heladería Reno, en la recién inaugurada avenida Francisco de Miranda en el año 1956, era un lugar para saborear helados preparados de alta factura con sabores tradicionales.

Tropicream

Recuerdan mis primos Freddy y Gonzalo “Chile” Veloz Blanco que en el año 1955, previo a la aparición de Crema Paraíso, mi tío Gonzalo Veloz Mancera junto a un socio, decidió abrir una heladería con el caribeño nombre de Tropicream, acompañado con un logo de palmeras borrachas de sol.

Tropicream ofrecía barquillas de mantecado o chocolate que fluían cremosamente de una máquina dispensadora, lo que significaba el delirio infantil.

Estos helados eran cubiertos con una capita de chocolate crocante o bañados con lluvia de maní, a elección del goloso cliente.

Esta heladería funcionó en el estacionamiento de la estación Ondas Populares, propiedad de Veloz Mancera, en donde actualmente se encuentran los estudios de Radio Caracas Radio en la avenida Páez de El Paraíso.

El emprendimiento fue de corto tiempo para dar paso a la legendaria Crema Paraíso.

Crema Paraíso

Crema Paraíso es una referencia obligada cuando se escribe sobre este tema. El primer local fue el de la esquina del puente 9 de Diciembre cruce con la avenida Principal de Las Fuentes en la urbanización El Paraíso.

Heladerías de Caracas

Crema Paraíso es referencia obligada en heladerías caraqueñas

Los sundae de chocolate o fresa eran imbatibles. El legendario Banana Split fue conocido popularmente en estos establecimientos, servido en un envase de plástico ad hoc, que le llamábamos barquito, coronado con abundante crema batida y una cereza, al precio de 5 bolívares (un poco más de un dólar para la época).

Obviamente el Banana Split era una de sus especialidades, postre que se convirtió en una fija de todas las fuentes de soda y restaurantes, no había un menú que no lo tuviera, presentado en una fuente alargada de vidrio. Había diferentes versiones, unos con cobertura de chocolate derretido, otros con frutas y hasta marshmallow, pero siempre con las tres consabidas bolas de chocolate, fresa y mantecado.

En este sentido no había variación de sabores.

Los toppings más famosos

Igualmente muy consumidas eran las barquillas de mantecado con lluvia de maní o de chocolate y los pastelados cubiertos con una capa de chocolate fundido que de inmediato se endurecía al estar en contacto con el frío mantecado y que luego era toda una diversión craquelearlo con los dientes.

Otro fuerte de Crema Paraíso estuvo en sus merengadas con un níveo copete de crema batida y el refrescante jugo de naranja que lo vendían como “naranjada”, mezcla que estaba preparada con anticipación, tenía un sabor único y característico que solo ellos lo lograban.

heladerias

 

Debido al arrollador éxito, en la década de los 50, Crema Paraíso abrió sucursales en Bello Monte, Santa Mónica y San Bernardino, siempre con los colores amarillo y rojo destacando en sus letras con luces de neón sobre el fondo de paredes blancas, lo que hizo que se convirtieran en lugares de referencia urbanística al tratar de precisar una dirección concreta.

Si alguien preguntaba por un lugar le respondían: “de Crema Paraíso a la derecha”….. “en la acera de enfrente de Crema Paraíso”… “eso está cerquita de Crema Paraíso…”.

Su alcance como producto referencial fue tan grande que al final de la primera década del siglo XXI un trío de talentosos músicos, que hace pop rock fusión, fundaron una agrupación llamada Los Crema Paraíso, en homenaje al lugar de reunión obligada de los jóvenes de aquella época. También compusieron una canción que siempre interpretaban en sus presentaciones públicas.

En esta nota les contamos más de la historia de Crema Paraíso, contada por Anita Katz, hija del fundador Adalberto Katz. En la actualidad,

Castellino y Tomaselli

Contemporáneas a Crema Paraíso fueron las heladerías de impronta italiana Castellino y Tomaselli, dos empresas familiares que por su calidad se convirtieron en referencia obligada a la hora de saborear un helado cremoso y con sabores foráneos: pistacho, straciatella, tiramisú, tartufo, café, turrón y avellana. A la memoria se aferran los aparatosos Peach Melba, Hot Fudge y el consabido Banana Split, helados preparados, toda una antología.

Castellino y Tomaselli se caracterizaban por su terraza con mesas, un remedo de Italia que presentaban sus dueños. Se convirtieron en sitio de reunión de amigos y vecinos, que optaban por un café o se rendían a la tentación de disfrutar y refrescarse con unos de estos riquísimos helados, al mejor estilo de los cafés en los bulevares europeos.

La heladería Tomaselli le puso sabor también a Caraballeda

La heladería Tomaselli le puso sabor también a Caraballeda

En Castellino vendían la famosa cassata italiana con “canditi”, minúsculas frutillas abrillantadas o confitadas escondidas en los tres sabores: blanco mantecado, verde pistacho y rosado fresa, algunos tenían un cintillo de chocolate.

Otras, en la competencia, eran las heladerías Dolomiti, cuyas especialidades eran los sabores de melón, ron pasas, turrón, tartuffo, torta helada, la copa de tiramisú y la tradicional cassata, muy solicitada para las bodas italianas. Actualmente Dolomiti atiende al mayor como fábrica a cientos de restaurantes y fuentes de soda.

Frapé y sus sabores

Frapé también fue referencia en heladerías ya que introdujeron nuevos sabores, apartándose de los tradicionales. Frutas cítricas, estilo sorbete como el de parchita, limón, níspero o mango fueron la novedad de Frapé, cuyo primer local estaba en el edificio Camilo en la avenida Páez de El Paraíso, a pocos metros de la Plaza Washington.

Debido a su arrollador éxito comercial, abrieron en otras zonas de Caracas y el letrero de Frapé también se convirtió en símbolo y lugar de encuentros. Las llamadas “patotas” (especie de bandas juveniles que competían por tener las mejores motos, “pintas” extravagantes y las novias más bonitas) se solían reunir en muchos de estos lugares, así como en fuentes de soda y cafés.

La ponchera de Le Drugstore

Le Drugstore, en el Centro Comercial Chacaíto, fue la fuente de soda más emblemática y marcó época en la fulgurante Caracas setentosa. En la sección Heladomanía de su muy original menú aparecían preparaciones como la “Ponchera para dos” a un precio de Bs. 15, moneda fuerte de los años 70, era literalmente una gran ponchera con cinco variedades de helados con los sabores a elección de los comensales, lluvia de frutas, abundante crema Chantilly y muchísimas nueces. No comían solo dos, sino hasta siete personas y todas quedaban satisfechas.

En esta crónica, recordamos la historia de la Drugstore y su importancia para los caraqueños.

De reciente data se pueden mencionar un sinfín de locales especializados como las heladerías 4D que tiene sucursales en varios lugares del país, casi todos con terraza y ambiente juvenil. Podemos nombrar Gelato e caffé; Divinos Pecados; Dolce Freddo; Versailles; Tutti Frutti; Arte Gelato; Coppelia; Gelatissimo; Cine Cittá Gelatería; Benefit; Gelato Mío; Copa Crema; Que Bueno!; Marco Polo; Mito; La Poma, Makao, Fragolate heladería artesanal y Yogenfrüz, este último exclusivamente con helados de yogurt.

Otros nombres de heladerías y marcas, algunas desaparecidas en Caracas como Parmalat, Patagonia y la heladería de La Nonna en Chacao fueron centro de encuentros y para saciar la sed de helados.

Helados calientes

En la extensa carta de helados Tomaselli aparecía un “helado horneado”, que en realidad era una versión del famoso Baked Alaska. Llegaba a la mesa cubierto por un ligero merengue dorado al horno, pero la pieza donde lo servían estaba relativamente fresca al tacto, era refractaria y el helado se conservaba firme, en su punto.

El secreto de este postre es que el aire atrapado dentro del merengue aísla el helado del calor del horno mientras que el merengue y el bizcochuelo sobre el que se asienta, se doran. Así lo explicó mi amigo el cronista Abraham Quintero Prieto en su blog Lecturas, yantares y otros placeres.

En algunos restaurantes chinos y japoneses estuvo de moda el helado frito rebozado con sabor a té verde, servido con la cobertura caliente, pero frío en su interior, toda una novedad de difícil elaboración.

No se pueden dejar por fuera las fábricas pequeñas, casi artesanales o familiares con vendedores ambulantes, casi todos trinitarios, empujando los carritos y haciendo sonar las campanitas.

Algunas tuvieron una intensa actividad comercial como los helados Cruz Blanca que transitaban la ciudad en un carrito rojo marcado por la cruz gamada en blanco.

Heladerías de Caracas

Los helados Cruz Blanca fueron muy conocidos

Otras marcas como Alcázar, La Cremería y Yum Yum se encontraban en las calles de Caracas.

heladerias de caracas

Los carritos con helados eran muy comunes

De puro hielo

Más reciente y como medio de supervivencia surgieron los helados de coco en su concha; Chupi Chupi de sabores artificiales y estridentes colores, hasta existe uno azul; y las llamadas “tetas” artesanales de fabricación casera sin ningún control sanitario.

chuoi

Los chupis chipis se venden en colores estridentes

También es justo mencionar a otra categoría de comida o golosina “helada” como los raspados, que obviamente no son helados pero refrescan y alegran el paladar con sus sabores de jarabes rojos, amarillos o verdes hiper dulces, o de colita, tamarindo, mandarina y mora, y cuando quieren vestirlos de lujo los cubren de leche condensada.

cepillados

El raspadero forma parte de la vida de Caracas, Crédito: Felipe Rotjes

El raspadero era una fija a la puerta del colegio. En las calles de Caracas circulan carritos de cepillados marca La Escarcha. En Maracaibo, el cepillado es toda una institución dado el caliente clima y con más razón ahora que no hay suministro de energía eléctrica. Hasta una gaita le compuso el grupo Guaco a los edulcorados cepillados marabinos.

 

Frutas amazonenses convertidas en helados

Han transcurrido 162 años desde que se vendieron los primeros helados en Caracas. Nos hemos deleitado y paseado por los más diversos sabores, combinaciones y estilos, desde los tradicionales mantecado y chocolate hasta los preparados con productos industriales, pero fueron los hermanos Pedro y Ramón Dahdah, quienes en su heladería artesanal Fragolate, enseñaron a los caraqueños las frutas del más grande reservorio natural del planeta como es la Amazonía, y lo hacen en forma de sabrosos y exóticos helados, porque aquí cabe el vocablo exotismo ya que muchos citadinos no conocían estas frutas de la despensa amazonense entre ellas arazá, copoazú, manaca o túpiro.

Fragolate

Fragolate incursionó con sabores diferentes, como los amazónicos

Este es el momento cuando el comensal desprevenido comienza a hurgar en su memoria gustativa sabores parecidos a esas frutas, que pueden recordar otras conocidas, pero nunca se logra definir con exactitud ese nuevo paladar.

En Fragolate también incursionan con ingredientes de nombres más cercanos, pero no por ello menos novedosos, como los helados de tuna, sarrapia, moriche, semeruco, merey, maní, nuez, malojillo, pomagás, jengibre, tomate de árbol, lulo, mamón y hasta algunos con hormigas limoneras a manera de chispas.

Un helado que gusta mucho es el chocoazú, combinación del amazonense copoazú conocido como el Theobroma original y chocolate.

Copoazu

El copoazú es el Theobroma original

Helados vernáculos

Los productos industrializados unidos a la tradición gastronómica nacional tienen un nicho en Fragolate que ofrece helados de Ponche Crema, Miramar, Cri Cri, Ricomalt, Pirulín, Nucita, Nutella, Óreo, galletas María, Crema Real, Miramar, Yogur El Griego y hasta de Cerveza IPA.

Los postres vernáculos como la chicha criolla, bienmesabe, alfajor, conserva de coco, arequipe de leche de búfala y de cabra, piñonate, mazapán de merey, torta bejarana, jalea de mango o marquesa de chocolate también se convierten en helados que rebosan barquillas o tinitas.

No podía faltar el sabor a banana split, diseñado y elaborado especialmente para las charlas de este cronista sobre las fuentes de soda y así recordar a ese añorado y siempre presente helado preparado con nuestro criollísimo cambur, pero el nombre sajón lo hace más vintage.

Cada año, por el aniversario de Caracas, la heladería artesanal Fragolate rinde un homenaje a la ciudad con los Grandes Cacaos, edición limitada de solo chocolates artesanales, entre los que se recuerdan los de Franceschi Sur del Lago y Carenero; Herencia Divina Chuao, Barlovento, Tapipa y Belén; el amazónico Parguaza, Santa Clara Cepe y Choroní y el la matrona Doña Petra.

fragolate

Una de las ediciones de grandes cacaos

Paletas de todos los colores y sabores

En gastronomía también funciona la moda, como es el caso de PalePop, la nueva pasión por los helados de paleta, donde lo más llamativo de sus neveras es la gran variedad de colores, algunos bastante estridentes, y un abanico de sabores combinados como chocovainilla, cheesecake de fresa, patilla con limón, mango con cambur o chococambur. También de arroz con leche, pie de limón, mousse de parchita o la exótica Mais Amor con aguacate, limón y cambur y así hasta sobrepasar más de 40 variedades de paletas donde sucumben por igual niños y adultos.

helados de paleta

Los helados de paleta se pusieron de moda

Las marchanticas

La marchantica EFE y los camiones-cava de Helados Tío Rico con sus jingles infinitos, eran el anuncio que llegaba la hora de la merienda y con el calor de las tardes caraqueñas, todos salíamos corriendo a detenerlos porque era indispensable la ingesta voraz de helados. Rodeábamos al heladero y todos a la vez le implorábamos a voz en cuello: “chocolate para mí, yo quiero pastelado, uno de naranja y mantecado, por favor una tinita de café, un chupa chupa porfa…”, y así hasta intentar acabar con la existencia, pero que parecía infinita porque el heladero metía la mano y siempre conseguía el sabor que queríamos. El heladero estaba uniformado de blanco impoluto con gorra ídem.

heladeria

Los helados se anunciaban con una conocidísima marchantica

Las empresas EFE y Helados Club, que posteriormente se llamó Tío Rico, son nombres ligados a la memoria gustativa del venezolano. Son clásicos los helados de palito, que ahora les dicen de paleta. El pastelado de EFE, mantecado cubierto con una capa helada con sabor a naranja era toda una exquisitez, muy delicado de sabor. Es la versión original de lo que hoy se conoce como Crema Real, pero que no es ninguna novedad, ya que EFE lo fabricaba desde los años 60. Igualmente el pastelado de chocolate. La gelatina apareció en los helados Jelly Pop´s de EFE.

Los acontecimientos deportivos dieron origen a otros helados: Turbo Cream 750 y Golazo 90. La lista de sabores era larga, solo enumeraré algunos: Pastelado Real, Aventura de EFE, Morocho de uva, Cornetto, Coco Cream, Malti EFE, Pitazo, el único helado con instrucciones de uso; Torta Navideña y el Súper Tornado que era una barquilla rellena de vainilla y fudge de chocolate con lluvia de maní.

Tío Rico vs. Efe

La marca comercial EFE es la unión de las iniciales de los apellidos de Alberto Espinosa y Mila Fernández de Espinosa, quienes fundaron esta empresa el 8 de mayo de 1926. Fabricaban helados de una manera artesanal en una pequeña casa en la esquina de Ferrenquín, en la caraqueñísima parroquia La Candelaria.

helados efe

Efe representa las iniciales de la familia fundadora de la marca

La competencia de Tío Rico incursionó con el Bom Bom, helado de palito con chocolate por fuera y un “corazoncito” de leche condensada. Tenía su versión de fresa, como bien lo acentuaba la sifrina de Caurimare “…y muérete que chao”.

El grupo gaitero de Betulio Medina y su Maracaibo 15 promocionaba el Rico Sándwich. Para los sabores de frutas cítricas crearon el Torni rico y en un solo palito llamado Creyón unieron fresa, naranja y limón. El jingle decía: “Creyón de Tío Rico le sacó punta al sabor”.

El yogur apareció en el Fru-Yok y el Pata Pata tenía forma de pié con un dedo cubierto de chocolate. Popsicle fue diseñado para un público infantil femenino. Fruttare se valía de las frutas naturales para su promoción; mientras que Bati Bati alardeaba de su sorpresa, un chicle bomba en el fondo. Morochito con dos palitos para compartir. A esos se suman Apolo, Choco Malta y Mapachito. Hasta el nombre de Drácula apareció en un helado con cubierta amarilla naranja y negro chocolate relleno de rojo sangre con sabor a fresa. En la línea de lujo el Carte D´Or para las ocasiones especiales.

Una historia helada de la cálida Caracas, donde este milenario alimento-golosina servirá de inspiración a emprendimientos que, quien sabe, traerán nuevos sabores hasta ahora desconocidos y originales presentaciones, también muy frías.