Bye bye ansiedad

El hambre y las emociones tienen una relación bidireccional. Comer puede mejorar el estado de ánimo, pero las emociones pueden hacer que se yante en exceso. La línea entre lo normal y lo patológico puede volverse muy delgada si no se resuelve la causa de la ansiedad y se controlan las ganas impulsivas de engullir. La salud paga las consecuencias

Bye bye ansiedad

La ansiedad es una emoción. Y, de acuerdo con la psicóloga Josnil Rojas, afecta nuestras adaptaciones personales y sociales porque —como todas las emociones— matiza la manera en que percibimos los eventos de la vida y define la forma de relacionarnos. “La ansiedad es una forma de manifestar el miedo que se experimenta cuando percibimos una situación como amenazante”, comenta Rojas.
Puede clasificarse en adaptativa y patológica. “Cuando la ansiedad sentida es proporcionada a la amenaza, está basada en una apreciación real y desaparece tras resolverse el problema, se le considera adaptativa porque nos protege. Cuando la amenaza se percibe de forma distorsionada, la reacción ante la misma es desmedida y la emoción es persistente en el tiempo, la ansiedad se vuelve patológica. En este caso es necesario visitar a un psicólogo”.
¿Cómo identificar la ansiedad? Según Rojas, sus síntomas son variados y pueden agruparse en tres tipos: fisiológicos —trastornos gastrointestinales y cardiovasculares, inquietud, temblores, dolores de cabeza—, mentales o cognitivos —pensamientos perturbadores, sensación de inseguridad, sentimientos de minusvalía—, y conductuales —huida, afrontamiento y parálisis.
Ansiedad y alimentación
El hipotálamo es una estructura del cerebro, que está ubicada en su parte inferior e interna. “Es el encargado de regular las necesidades biológicas básicas de temperatura corporal, sed, apareamiento, lucha-huida y hambre. También juega un papel importante en el control de las emociones por ser uno de los tres componentes del sistema límbico: centro del placer. Está involucrado en la regulación del hambre y de los estados de ánimo”, dice Rojas.
La relación hambre-emoción es bidireccional. Comer hace que cambie nuestro estado de ánimo. Y al mismo tiempo nuestra conducta alimentaria. Todos hemos experimentado el efecto que causa en nuestro ánimo un buen plato de comida, rico y tibio. En este caso, la comida modula nuestras emociones positivamente. También hemos tenido la experiencia de cómo una emoción intensa nos quita el apetito, es decir, que el estado de ánimo puede inhibir o desinhibir la acción del hambre.
Las emociones influyen la escogencia de los alimentos y, cuando son negativas, inducen la alimentación como una manera de calmar el estado de ánimo”, explica la psicóloga.
Salud física y mental
“El principal riesgo de comer por ansiedad es la pérdida del equilibrio físico y mental, lo que atenta directamente contra la calidad de vida de la persona y su vida misma. Un alto consumo de alimentos no ajustado a los requerimientos nutricionales puede ocasionar problemas de sobrepeso y obesidad”, arguye la experta. La médico con especialización en nutrición, Maritza Jiménez, dice que las personas que comen por ansiedad también pueden presentar dislipidemia, que es la alteración en la concentración de los lípidos en sangre; diabetes, debido al exceso en el consumo de carbohidratos y azúcares; osteoporosis, por la ausencia de una dieta balanceada; y síndrome metabólico, que es una patología mixta que combina hipertensión, diabetes, alteraciones en los triglicéridos y obesidad.
¿Cómo controlar los deseos de comer?
Para frenar los deseos impulsivos de engullir que genera la ansiedad, Rojas recomienda probar las siguientes acciones:

  • Desviar la atención. Ocupar pensamientos o acciones en otras cosas: revisa tu agenda, riega las matas, haz la llamada telefónica que tienes pendiente.
  • Respirar lento y profundo, hasta controlar los impulsos.
  • Evitar los lugares tentadores.
  • Solicitar ayuda profesional.

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