Desempolvando amor: Las muy barinesas hallacas angostureñas

María Soledad Tapia es barinesa y en su ADN lleva el sabor de las hallacas angostureñas. De ella habla en esta tercera entrega de las Crónicas de una cuarentena creativa, aferrando la historia a un libro en espera que quiere perpetuarlas

Desempolvando amor: Las muy barinesas hallacas angostureñas

 

Querida Ocarina: Como habíamos quedado, te mando el trabajo en el que mi hermana, María Carolina Tapia, recopiló la historia de unas hallacas muy llaneras en un encantador libro: “Las hallacas angostureñas. Tradición barinesa”. Estaba listo para su publicación por la Alcaldía de Barinas en ejercicio hasta 2017. Se perdieron las elecciones y también el proyecto. Tiene depósito legal e ISBN, y hasta allí llegó para la tristeza de muchos…

Así le presentaba yo a Ocarina, un libro no publicado. ¿Puede un libro, en ese estado de inanimación, infundir aliento?

Desempolvo el archivo, lo leo, me emociono. Retumbaron en mi oído los acordes de una canción muy popular hace años en Radio Barinas: Soy puerto abandonado en aguas del olvido, soy cielo sin tinieblas, soy fogata sin luz… Así debe sentirse el libro.

Entonces, en estos tiempos de resiliencia, de respiradores y de sobrevivir, comparto algunas intimidades del texto para insuflarle aire y vida allí donde está encallado.

La hallaca perdurable

Dice mi hermana en el prólogo:

La hallaca viajera y perdurable, la que podía mantenerse desde diciembre hasta enero guardada en un baúl para ser tomada, como quien toma una fruta de un árbol, por la mano de José León, mi padre niño. El recuerdo familiar y esa conseja de que no se es verdaderamente barinés si no se conocen la hallaca angostureña y su historia, fueron las primeras razones que me motivaron a hacer esta compilación de menciones, recetas y testimonios de amigos de esta comarca que han estudiado, preparan y degustan esta delicia nuestra. La segunda razón que me impulsó fue saber si efectivamente estaba en extinción la hechura y compostura de la angostureña y conocer en cuántas familias barinesas es todavía un plato infaltable en su mesa de navidad. No fue difícil conseguir las recetas, pero sí, cuestión de tiempo».

Y le tomó mucho tiempo a mi memoriosa hermana. Aquí entro yo a ventilar algunos secretos de su obra.

Está la historia y memoria de las hallacas angostureñas, con extractos de La cocina de Barinas de Rafael Cartay, y presentaciones de Manuel Díaz Rivas, Humberto Febres Rodríguez y Héctor Valecillos. El prólogo es de Marinela Araque Rivero.

Recetas de familia

Comienzan las recetas: la de Gisela Fernández de Medina, esposa de Mariano Medina Vargas (el barinés es él) y la de Carmen Dolores González de Tapia, mi madre, esposa de José León Tapia Contreras, (de nuevo, el barinés es él, lo que nos hace inferir que esto es cuestión de amor).

Aparece también la de Carmen Olga Tirado, quien fuera esposa de José Esteban Ruiz Guevara, presentada por su hijo Wladimir. La de Aura Antonieta Canales, por su hijo Rubén Osorio Canales. La de Natividad de Gómez, por su nieta María Beatriz Hernández Gómez.

Hay más. La de Otilia de Tapia, por su hija, María Isabel Tapia Sanguinetti. La de Carmen Elena de Hernández, por su hijo Rolando Hernández Pérez. La de los Ramírez Acosta (Lalo y Aída) por su hijo Eduardo Javier Ramírez Acosta. La de Dolores Luzardo de Arias, por su nieto Rafael José Figueredo Arias.  La de Petra Julia de Serrano, por su hija Zaida Serrano Ramírez. La de Teresa Valero, por su nieta Isabel Teresa Valero Bravo.

Testimonios del paladar

Después viene una sección de Testimonios de comensales y me encuentro con algo que no recordaba: un testimonio mío: La incorruptibilidad de las angostureñas. Allí trato de explicar como bióloga especializada en alimentos, la razón de la larga vida útil de las hallacas angostureñas.

Está otro testimonio de mi amiga y fina poeta, María Gabriela Blonval Medina, Viajeras silenciosas; los de Trina Inciarte de Angulo, Trina Villalba de Febres, Tomás Ricardo Heredia Encinoso, Hynova Cartay Ramírez, Tania Ruiz Tirado y, oh, nepotismo, el de mi hijo, Camilo Daza Tapia, y otro de su padre, Camilo Daza Ramírez.

Se finaliza con las menciones que de las hallacas angostureñas hacen Andrés Cardinale, Alberto Soria y Fernando Cámara.

¿La receta? No hay espacio en esta crónica. Hay que publicar el libro.

hallacas angostureñas

Hechura de las hallacas angostureñas en la casa de la familia Tapia. Fotos de la autora

Solo les digo que la masa no lleva colorantes, pero sí manteca de cochino. El guiso es una mezcla de carnes de cerdo y res, molidas o finamente picadas, con los aliños tradicionales. Lo más importante es la maceración en vinagre o jugo de naranja ácida.

La «barinidad» de las angostureñas

Conclusiones: las hallacas angostureñas son parte importante de eso que algunos llaman “barinidad”, aunque “contraria a la lógica de los gentilicios, esta hallaca no tomó su nombre del lugar en donde nació y se hacía, sino del lugar a donde debía llegar”. Y que no han muerto ni siquiera en los tiempos felices de austeridad y escasez previos a la cuarentena.

En las navidades de 2019, en casa de mi hermano José León, en Barinas, se hicieron más de cien angostureñas, comandadas por mi cuñado Andrés Paquin, esposo de Carolina, y por Adriana Carrero, esposa de mi hermano.

Las hicieron con la receta, en atril, de mi madre, la cual a su vez, reproducía la de mi abuela paterna. Creo que en mi familia, los barineses no son los cocineros, son los cónyuges. Se ratifica que esto es cuestión de amor. Y de tradición.

Los créditos de ese libro aún en espera son para la autora María Carolina Tapia; José Luis Machin, el alcalde de entonces; el Fondo Editorial de la alcaldía; su equipo de Cultura y muchas amistades barinesas. 

María Soledad Tapia es bióloga, con maestría y doctorado en Ciencia de los Alimentos. Profesora titular jubilada del Instituto de Ciencia y Tecnología de Alimentos de la Facultad de Ciencias (UCV).  Autora de papers científicos y de historias familiares  y cuentos. Docente del diplomado «Alimentación y Cultura en Venezuela» (UCV) .