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Dulces y licores para la Virgen de La Candelaria

Vino "pasita", mistela, bizcochuelo y mantecadas son algunos de los platos con que se honra, en su día, a la Virgen de la Candelaria,

La tradición de celebrar a La Candelaria, todos los 2 de febrero, llegó a Venezuela en la Colonia, de la mano de los “isleños” que vinieron a labrar las tierras en estas regiones de la América española. Desde entonces, celebramos con dulces y licores para la Virgen de la Candelaria.

Todavía en muchas parroquias se hace una bendición especial a las velas que llevan los fieles en una hermosa fiesta de la luz.

La fecha de La Candelaria marca el final del ciclo de fiestas de la Navidad, que inician con la solemnidad de la Inmaculada Concepción el día 8 de diciembre.

El segundo día de febrero es también última fecha para celebrar la Paradura del Niño, periodo que inicia desde el 1 de enero.

Esta fiesta tiene mayor importancia en las ciudades de Tovar y Mérida, en los pueblos del Páramo de Mérida y Táchira, en Boconó, Trujillo y en ciertas zonas del estado Barinas, como Barinitas.

Cantores de la paradura del Niño
(Foto Cortesía de Anthonny Arias @anthonnyag)

La Paradura es una tradición popular que se comparte en comunidad o en familia, en la cual el Niño Jesús es levantado del pesebre y se reza un rosario en su nombre, señalando el fin de la Navidad en el hogar donde es realizada.

Bocados especiales para ese día

Las más tradicionales son las llamadas paraduras cantadas con música y versos, que incluye un pequeño paseo al Niño alrededor de la casa donde se está realizando.

Al final del evento, los anfitriones reparten bizcochuelo, mantecadas, mistela, leche de burra  y vino.

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Estas preparaciones se consumen a lo largo del año en la región andina, pero se elaboran y se sirven con mucha más devoción los días de la Paradura y de La Candelaria.

“Mi mamá hacia paraduras donde venían hasta 100 personas”, rememora la cocinera merideña Asmiriam Roa,  y explica, sobre los platillos que se sirven, que “lo más común para mí es vino pasita y bizcochuelo”.

DISNEY-TORTAS
Los bizcochuelos y mantecadas son elaboraciones dulces muy refinadas, elaboradas a partir de harina de trigo, que por siglos se ha producido en Los Andes. No en balde se ha comprobado incluso una mutación en el cereal que han bautizado como trigo “paramero”, con menor contenido de gluten que el importado.

Ambos, bizcochuelos y mantecadas, deben ser “aireadas” y “boronosas” –es decir desmoronarse fácilmente al comerlas- y cada casa se precia de tener la mejor receta.

Algunos afirman que añadir  harina de maíz puede ayudar a lograr la ansiada textura.

La chef Roa agrega que en su casa, el bizcochuelo se aromatiza con miche y con anís dulce” “miche, vino pasita y ponche”.

Elaborado menú

Luz Márquez, de los Pueblos del Sur también en el estado Mérida, ofrece información sobre viandas mucho más complejas en la tradición de su región.

«Preparamos sopa de chanfaina con gallina, carne mechada, y sus aliños, pan criollo con chocolate, dulce de lechosa, dulce de arroz, majarete, ponche y miche, para los músicos y cantores”.

dulce-de-lechosa

Las bebidas

Antes de la popularización del ponche crema, los hogares venezolanos disfrutaban de la leche de burra, una bebida de sabor agradable, parecido al ponche español o al zabaione italiano.

Preparar esta bebida exige mucha pericia del cocinero para lograr una mezcla lisa, sin grumos a partir de huevos, leche, azúcar, vainilla y algún alcohol fino. Este trabajo se hizo más fácil  con la llegada al país de las latas de leche condensada a finales del siglo XIX.

La mistela es una bebida dulce a base de hierbas, frutas y aguardiente que se consume caliente. Normalmente se usa miche, producto etílico derivado de la fermentación de la panela, principalmente consumido en Táchira y Mérida, elaborado en alambiques artesanales.

La costumbre es iniciar su preparación en noviembre para que esté a punto en las celebraciones de Navidad.

“En mi urbanización hay paraduras casi todos los días hasta el 2 de febrero”, comenta la chef Roa.

Sin embargo, las migraciones producto de la urbanización del país han difundido en otras regiones esta tradición ancestral. Por eso, muchas familias mantienen el pesebre en un lugar especial de la casa hasta el Día de Candelaria, rememorando la costumbre de despedir así las fiestas, aunque no celebren la Paradura del Niño.