El Jarillo: Mucho más que una experiencia gastronómica

 A poco más de una hora de Caracas, un pueblo de raíces alemanas y poco conocido guarda secretos gastronómicos y paisajes extraordinarios por descubrir. Es El Jarillo. Diego Vega lo exploró y. en esta crónica, comparte su experiencia.

 

¿Para cuántas cosas nos montamos en un carro? El trabajo, uno que otro instituto educativo (nuestro o de nuestros descendientes), tintorerías, panaderías, automercados y si tenemos suerte, cines o playas.

Resulta que tu carro, el de tu amigo o el de tu papá, puede ser el instrumento que te lleve a conocer algo muy especial y que está tan cerca de ti que es una maldad si nunca te le has acercado.

Tranquilo, no te hablo del vecino con el que no te das los buenos días. Algo mucho mejor está apenas a una hora “y pico” de Caracas. Todavía sorprende que hayan locaciones tan cercanas que nunca se contaminaron con esta visión desordenada de metrópolis y conservan sus raíces y su cultura tan bien como la población de El Jarillo.

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En esta ocasión nos montamos en una van de Ecotur, empresa que, aunque suene como un cliché forzado, venden una experiencia y no solo un viaje. Así pasó con este recorrido gastronómico que planearon. Tal vez conscientemente, o no, nos pasearon más por la historia de El Jarillo que por su comida, aunque también tiene mucho que ver ésta con su forma de ser y trabajar.

En el camino, que arrancó muy temprano, hicimos una pequeñísima desviación a Laguneta. Un local, que solo lo es porque te cobran, nos recibió con los brazos y las bocas abiertas. “La casita de Maikel” es realmente eso, la casa de Maikel.

Maikel lleva casi 30 años operando ahí, gracias a Dios, porque realmente su versión de desayuno es una divinidad. Una bien sazonada carne mechada, caraotas con textura perfecta, aguacates frescos y arepitas fritas crujientes, abrieron la mesa y la experiencia.

 

El señor de la casa nos advirtió sobre sus bollos navideños. Un trip para el que le gusta que la época decembrina lo traslade, usando el paladar como alfombra mágica, a remembranzas de su niñez. Igualmente lo hace con sus postres. Higos, dulces de lechosa, una particular torta de chocolate y mucho más.

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Maikel también sirve almuerzos, por ejemplo, unas costillas que olfateé e inmediatamente quise probar, pero ya debíamos irnos.

La siguiente parada fue muy tierna, ya entrando a El Jarillo. Los Ziegler son la familia del pan. Y sí, son alemanes, pero, también muy venezolanos.

Asombra como la mayoría de los jarillenses con descendencia alemana no hablan ni una gota del idioma, más bien su acento es uno marcadamente mirandino, lo cual resulta mágico y gracioso.

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En su negocio, Jaripan, conviven las 4 rubias generaciones que componen a esta familia. Su producto principal, el prote, tiene que ser uno de los mejores panes que he probado en mi vida y eso viene de alguien que alguna fue un niño que solo disfrutaba comer pan. Pero no tomen mi palabra, vayan a descubrir lo que hacen éstas personas, lo enamorados que están de su pueblo y de Venezuela y lo seguros que están de arrancar de nuevo su motor económico principal: el turismo local.

Jaripan también tiene rosquitas, tartaletas, pies y todo lo que se pueda alzar con levadura y/o harina.

El proceso del prote es muy curioso: primero un calentador muy ruidoso es preparado para introducir un gran soplete a un horno, pero no es cualquier horno sino uno compuesto por decenas de ladrillos que una vez calientes, producen esta maravilla redonda. También se calienta el horno para ser limpiado y algo que agradecer de este lugar es su impecabilidad.

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Pensarás que es mucha comida para un solo recorrido y tienes razón, pero no importa. Querrás más y cada cosa que pruebes en el pueblo tendrá su particular encanto que te exigirá al menos una mordidita.

El durazno es típico de ahí, típicamente divino. Es la primera asociación que muchos hacen al escuchar el nombre del pueblo, pero actualmente no se produce tanto.

La empresa Lesmi, sin embargo, está dedicada a seguir produciendo las bondades frutales de El Jarillo y entre sus productos se encuentran unos duraznos en almíbar impelables. También salsas para pastas, encurtidos e higos. Puedes buscarlos en los principales automercados de Caracas.

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El problema con la producción de la que fue la principal fruta de El Jarillo es el mismo que tienen muchos rubros: el país. No se consiguen los fertilizantes, el abono necesario, y otros.

Igualmente es admirable la determinación de los agricultores jarillenses. Incluso crearon un injerto que bautizaron “jarimelo”, una especie de melón, un poco más dulce y jugoso. Actualmente producen unas manzanas exquisitas, entre muchas otras cosas que puedes adquirir con mucha frescura en el pueblo.

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Cualquiera que sea tu antojo para comer, probablemente El Jarillo lo logre satisfacer. Pero lo verdaderamente increíble del pequeño sector es lo que satisface dentro de ti y no sabías que necesitabas. La frescura y calidez de su gente, su privilegiado clima y la disposición al trabajo y a continuar en Venezuela serán fuerzas que te renueven para lidiar con tu rutina. Asegurado.

Coordenadas

Cómo llegar.  El Jarillo está en el estado Miranda, cerca de la frontera con Aragua. Una vía para ir es dirigirse hacia Los Teques y tomar la carretera Los Teques-Lagunetica. En Lagunetica tomar la vía con dirección a Pozo de Rosas, que está señalizada. Después, también señalizado, seguir una vía hacia La Barricada. En todo ese tramo se encontrarán 4 salidas hacia la derecha, salirse del camino por la cuarta vía y tendrá un lugar que se llama Las Taritas. Al tomar esa salida pronto se estará en El Jarillo.