Hoy devolví un plato

Hoy devolví un plato. Sé que muchos desearán saber dónde fue. La verdad es que eso es lo de menos. El lugar donde comí, considero que tiene una carta que mejoró notablemente en los últimos dos años y cuenta con un servicio impecable. Sin embargo, todos tenemos un mal día y en estas líneas no pretendo hacer una crítica gastronómica sino intentar concientizar sobre la importancia de devolver un plato, producto, etc.

Hoy devolví un plato

Aproveché la oportunidad de estar sola para cenar con calma y desconectarme un rato del día a día.

Pedí dos platos: un tartar que estaba perfecto y un ceviche con ají amarillo que está fuera de la carta (pero como uno conoce ciertos secretos fuera de la propuesta clásica, aproveché e hice la solicitud).

Cuando llegó el ceviche, noté que la salsa del ají amarillo no era espesa sino que parecía un caldo. Además, el corte de pescado no era correcto, al punto que no era amigable para comer ni apetitoso a la vista. Aunque de sabor estaba súper gustoso, no era lo que yo había pedido. Así que pensé “sí me lo como completo y reclamo, al final no me van a tomar en serio”.

Conversando con mi hermano, me dijo que hoy también le había pasado algo similar: había pedido un atún para almorzar y lo devolvió porque tenía un aroma muy fuerte.

Lo mismo observo con algunos bebedores de café. Hay quienes prefieren tomar una “agüita sucia” o un café quemado, solo porque “necesita empezar el día con este producto” o “es lo que hay” y pagan por ello.

Tengo claro en qué país vivo y en qué condiciones estamos. Sin embargo, eso no justifica que paguemos por algo malo o por lo que no pedimos. Es justo en estos momentos, cuando más emprendedores hay, más alternativas existen y productos de calidad se ofrecen en el mercado. Esto no solo aplica en gastronomía, aplica en todas las otras áreas de emprendimiento en Venezuela, moda, tecnología, etc.

Si queremos exigir, debemos sincerarnos con nosotros mismos, devolver lo que no esté en buenas condiciones y cuando lo hagamos, brindemos críticas constructivas, justificando con educación y coherencia el por qué no está bien algo.

No compren productos que se nota están en mal estado. Una cosa es que haya escasez, también otra que la oferta esté limitada pero les aseguro que sí hay productores, emprendedores y restaurantes preocupados por ofrecer lo mejor de ellos.

A los cocineros: no subestimen a sus comensales. Más de lo que ustedes piensan sabemos comer bien. Y si no saben preparar un plato, pregunten a su chef, investiguen recetas, pero no se queden callados por miedo a pasar pena entre su equipo. Los verdaderos cocineros no se conforman, investigan, prueban, aprenden y evolucionan.

A los comensales: decir las cosas con respeto marcan pauta. Mucho más que armando un lío como si fueran algún personaje malo de un reality show de cocina. Seguir pagando por lo verdaderamente malo no ayudará a que mejore nuestra gastronomía, nuestra cultura y seguiremos aupando la mediocridad.