<iframe src="//www.googletagmanager.com/ns.html?id=GTM-K8BB9HX&l=dataLayer" height="0" width="0" style="display:none;visibility:hidden"></iframe>

La lealtad de Leal al plato

Ayer fue un día muy especial para los venezolanos que hacen país en nuestra área. La Academia Venezolana de Gastronomía reveló los ganadores de los premios Tenedor de Oro y Armando Scannone correspondientes al 2014 y como premio a chef del año, quedó nuestro buen amigo Edgar Leal

La lealtad de Leal al plato

Por eso, queremos recordar la entrevista que le hicimos para Bienmesabe en nuestra edición de  noviembre 2012:

 

Para muchos, la imagen del chef que está de lunes a lunes en su restaurante, a toda hora y que entra y sale de su cocina para saludar a sus comensales, como buen anfitrión, solo pasa en idílicas películas. Ese no es el caso, sin embargo, de Edgar Leal, quien está cumpliendo actualmente 25 años de experiencia en fogones criollos y foráneos.

Por ahí reza el refrán: “El ojo del amo engorda al ganado”. El adagio forma parte de la filosofía de Edgar: “Si tienes un restaurante, trabájalo. Hay que estar encima. Yo soy un controlador, me gusta estar al frente de la batalla, en los servicios y con mi equipo. Disfruto estar aquí y ayudar a cambiar el destino de mi gente. Es, además, la única manera de garantizar que tu filosofía se cumpla y no tome rumbos no deseados”, comenta satisfecho y agrega: “cuando un cliente se queja y tú reconoces el error, cambia inmediatamente la energía del ambiente”.

Disciplina y entrenamiento son las directrices de Edgar en Leal. Su nuevo restaurante desde ya está dando de qué hablar. Como parte del entrenamiento a su personal, lo reúne todos los días de 11:30 a 12:00 para hablar del servicio y platos que se van a ofrecer en la journée. Los sábados dicta una clase entera de vinos para que se recomiende con conocimiento las ofertas de la cava.

Después de estar en clásicos como Ara, en los noventa, Cacao en Miami y Mohedano en Caracas, Edgar inaugura y bautiza a Leal: un espacio que aún conserva la antigua barra del bar del Jardín des Crêpes desde 1978; la cual es un solo tronco de madera, largo y pulido. También tiene una carta vinícola con caldos del nivel de Montes y Castillo de Molina a precios bastante competitivos.

Leal, a diferencia de muchos otros comedores, no brinda en su menú actual platos venezolanos reinterpretados, acaso para no competir con otros colegas como Carlos García. En cambio, contempla sabores variados y gustosos: atún, cerdo y pato predominan en la propuesta —aunque también hay mariscos y una que otra carne roja. Lo que sí tiene claro Edgar es que se tiene que resolver con lo que encuentra en los mercados para servirles lo mejor de lo mejor a quienes degustan sus recetas. La carta fue elaborada por él, su esposa Mariana Montero y Daniel Torrealba, quien los acompaña desde Mohedano.

Hasta la fecha, y con un soft opening para pulir sabores, condumios y servicios, este restaurante no ha dejado de estar lleno desde el día uno y ha recibido felicitaciones constantes, cosa que ha ayudado a que el equipo de muchachos, con el que cuenta Leal, se sienta orgulloso de la labor que está haciendo. En esta propuesta, se añadió carbón en la cocina, nunca antes lo había usado en sus tendencias el cocinero de marras. “Quiero que este sitio se quede por mucho tiempo bajo el respeto del comensal”.