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Rusia responde a embargo de UE con quesos locales

El "camembert" de Dimitri Markitan tiene la forma y la cáscara blanda de este queso de Normandía (Francia), pero es producido en base a leche de cabra en un suburbio de Moscú

Rusia responde a embargo de UE con quesos locales

Y mientras su modelo francés, fabricado con leche de vaca, está proscrito de los comercios rusos debido al embargo alimentario decretado por Rusia en respuesta a las sanciones occidentales, sus ventas aumentaron considerablemente.
Lo mismo sucede con la mozzarella de la región de Briansk (oeste) y el roquefort de Altai (Siberia occidental).
«La producción verdaderamente ha aumentado mucho», aseguró Markitan, quien dirige una explotación de 150 cabras en Golkovo Marino, a unos 100 km al norte de la capital rusa.
«En agosto tratábamos un centenar de litros de leche por día, pero actualmente estamos tratando entre 270 y 300», se congratuló este fabricante de quesos, en sus talleres esterilizados cuyos refrigeradores están repletos.
«Creo que esto se debe a las sanciones. Clientes que antes trabajaban con productos importados vienen ahora a trabajar con nosotros», reconoció.
Después de las frutas, los quesos son los productos europeos más afectados por el embargo decretado en agosto por el presidente Vladimir Putin sobre la mayor parte de los productos alimentarios de los países que sancionan a Rusia por la anexión de Crimea y su presunto apoyo a los separatistas del este de Ucrania.
Según Bruselas, las exportaciones de productos lácteos hacia Rusia representaban en los últimos años aproximadamente 1,3 millones de toneladas anuales, 900.000 toneladas de las cuales correspondían a los quesos.
Las autoridades rusas lanzaron un ambicioso programa de varios miles de millones de euros para desarrollar la industria agroalimentaria local, pero los expertos son escépticos. Para crear una industria quesera suficientemente poderosa hay que aumentar primero la producción de leche, lo que tomará al menos tres años.
La tarea es compleja debido a que la situación económica en Rusia es difícil y el acceso a los créditos es complicado. Sobre todo, nadie sabe cuándo será levantado el embargo y cuándo, por lo tanto, la producción europea volverá al mercado ruso.
UNA SUERTE PARA OTROS EXPORTADORES
Sin embargo, algunos productores rusos comenzaron a reemplazar la producción importada por sus versiones locales de los quesos europeos más populares.
Así aparecieron paquetes de mozzarella fabricados en Rusia en las tiendas de comestibles finos moscovitas. Según los medios de comunicación rusos, empresarios del Altai decidieron lanzarse a la producción de camembert y de roquefort después de estudiar su fabricación en Francia.
El sitio web Gazeta.ru contó la historia de los monjes del monasterio de la Isla de Valaam, en el Lago Ladoga (noroeste), que tomaron cursos en Italia y compraron allí los equipos necesarios para producir mozzarella y ricotta.
Esta práctica no es una novedad en el espacio de la ex URSS, donde no existe la cultura de las denominaciones de origen controlado y donde desde la época soviética se bebe champaña y coñac producidos localmente.
A una escala mayor, Rusia compra actualmente en Serbia, Nueva Zelanda y quizás en Israel, sobre todo cuando se trata de queso industrial, que los rusos consumen en grandes cantidades.
En una quesería de Moscú, cuyos habitantes más acomodados compran productos alimenticios europeos, 70% de la mercancía vendida llega de Suiza, que no aplica el embargo porque no es miembro de la UE.

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