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Sí hay... ¡mango bajito!

Este año la temporada de cosecha de mango se adelantó, y con su llegada, esta fruta tan dulce como la miel y dorada como un atardecer, trae consigo historias y anécdotas dignas de ser contadas

Sí hay... ¡mango bajito!

Consumido por pájaros y monos, hombres, niños y mujeres, el mango, tiene su origen en la India, donde ha sido cultivado por más de 4.000 años, y para los hindúes y budistas es una fruta sagrada.

Clara Inés Olaya en su libro Frutas Tropicales cuenta que:

“Era un fruta tan apreciada, que el emperador Akbar ordenó plantar 100.000 matas de mango cerca de su palacio”

La historia del mango en el continente americano, comienza alrededor del siglo XVIII cuando los portugueses lo traen a Brasil regándose y prosperando con gran facilidad en dichas tierras. Sin embargo, de acuerdo a otros historiadores, la fruta pudo haber llegado a través de las Islas Filipinas hacia México, en una de las rutas encargadas por los conquistadores españoles.

De este género existen más de 30 variedades en diversos en tamaños, colores y sabores. Algunos pueden llegar a pesar más de kilo y medio y otros pueden llegar a ser tan pequeños como un limón. Así mismo, esta fruta tiene una variedad caracterizada por su textura fibrosa que se llama mango de hilacha que es la que más fibra tiene, y, aunque es bien sabido que el mango tiene su máximo pico de cosecha en el mes de mayo, a veces comienza a finales de marzo y principios de abril tal como está sucediendo este año 2016.

Esta fruta no solo destaca por ser deliciosa y jugosa sino que de ella se obtienen ricas cantidades de ácidos, vitamina C y vitamina A, llegando a ser rica fuente antioxidante y anti cancerígena. De los mangos se pueden hacer jugos, helados, pasteles, postres e infinidad de platos, pero si hay algo en lo que están todos de acuerdo, es que no existe sensación más placentera, que encontrar un buen mango maduro en el camino, para chuparse los dedos luego de probar su jugo dulce y brillante.