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Una chicha que es patrimonio y sabrosura universitaria

Ucevista que se precie tiene en la chicha del rectorado uno de esos sabores que son memoria imborrable, vinculada además a un espacio y unos años entrañables

Una chicha que es patrimonio y sabrosura universitaria

Pocos puestos de comida callejera tienen ese privilegio en Caracas: ser memoria, cariño y tradición para tanta gente.
A la sombra del reloj de la plaza del rectorado de la Universidad Central de Venezuela (UCV), William Escalona vende chicha desde hace más de 20 años. Todo el que pasa o se detiene lo saluda. Él sonríe y comparte generoso con quien le pide la receta.
William representa la segunda generación de chicheros que, desde que la UCV abriera sus puertas, ha deleitado con su bebida de arroz a miles de estudiantes, profesores, obreros y transeúntes.
“El puesto se inició en 1950 por el señor Juan de Matos Urbina quien a los años se asoció con mi papá, Carlos Escalona. Desde entonces estuvieron aquí vendiendo chicha a los obreros que construían la Universidad hasta que consiguieron el permiso por medio del Consejo Universitario y se quedaron fijos al lado del reloj”.
Su puesto es hoy en día un emblema de la Universidad, que al parecer se perpetuará con las hijas de William que ya están aprendiendo el oficio y le ayudan con su tarea: “A las tres de la mañana ya estoy en pie preparando la chicha – con el arroz previamente cocido- y llego aquí a las 6:15 o 6:20am y a esa hora ya se vende chicha a la gente que viene saliendo del hospital, los médicos, los muchachos que pasan a esa hora…”.
Unos 400 litros diarios de chicha vende en ese puestico desde las 6:15am hasta las 2pm aproximadamente o cuando se acaba la existencia. “Mi papá nos mantuvo a 10 hermanos, le dio educación a todo el que quiso estudiar y hasta construyó dos casas. Yo también mantengo a mi familia con este puesto.”
Actualmente William tiene dificultades para conseguir los ingredientes de su receta. Sin embargo eso no lo detiene. “La leche se la estoy comprando a los buhoneros muy cara pero es que tu vas a un sitio y tienes que hacer esas largas colas para comprar, ayer también tuve que comprarles el azúcar”. Y la leche condensada se ha convertido en un lujo que solo puede ofrecer cuando le sobra leche en polvo completa para prepararla.
“Yo aprendí viendo a mi papá, él nunca me llegó a decir cómo era… pero cuando uno tiene interés, uno aprende». William se enorgullece de preparar la chicha con el método tradicional. “El arroz lo pones a remojar, lo mueles, después que está molido uno lo cocina, deja que se enfríe y es ahí cuando uno agrega el azúcar, su leche completa, su vainilla y su poquito de esencia de mantecado”.
En los años del boom de las franquicias de chicha, varias marcas llegaron pidiendo espacio en la UCV pero las mismas autoridades lo defendieron y no permitieron competencia en el alma mater.
“Gracias a Dios conmigo nunca se han metido” dice William al preguntarle sobre todos los acontecimientos que ha visto en la Universidad Central de Venezuela y no sólo le cuidan su carrito y le cuidan el negocio, en todos los años que lleva frente al puesto nunca lo han sorprendido la violencia o los antisociales. “Cuando los disturbios eran fijos, nosotros ya sabíamos y nos ajustábamos a eso. Claro, el olor de las lacrimógenas a veces llegaba hasta aquí”.
¡U! U! U! C! V!, ¡todos somos U C V!!! se escucha gritar a un grupo de estudiantes en la plaza del rectorado y para William hoy en día ya no es como antes “hay mucha apatía”.
Él sabe por qué lo dice. Mucha historia ha pasado bajo ese reloj y mucho ha cambiado en la Universidad y en el país. Afortunadamente el gusto por la chicha se conserva.

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