Bienvenidos a mi casa, pasen adelante

Bienvenidos a mi casa, pasen adelante

No nos hemos presentado formalmente y esa es una costumbre social que me gusta respetar. Digamos que soy un indignado a quien le atormentaba la muerte. Gracias a algunas almas indomables como Jack Kerouac, Michel Houellebeq y otros tantos, he aceptado que lo único cierto que tenemos es esa fecha de vencimiento que nos convierte en semejantes. Somos mortales ¡y menos mal que así es! Ahora no siento curiosidad por el después y tampoco tengo urgencia por descubrir qué llegará cuando deje de respirar; simplemente vivo con la fuerza y la velocidad que deseo.

En este saludo es mucho más importante para usted saber de mi inconformidad que de mi recorrido. Entonces, volviendo a la presentación, ¿puede alguien a quien no le importa el futuro vivir pensando en ese tiempo por venir? Y sí. O por lo menos en esa contradicción se me van las noches. Ahora que he podido desprenderme de este secreto debo explicar su génesis, de lo contrario esta confidencia sería vacía, oportunista y atentaría contra el origen de este saludo.

Me horroriza la indiferencia humana. Usted afirmará, no sin razón, que esto pasa en todas las actividades en las que participa el ser humano, ya que la pobreza de nuestro espíritu ha sido notoria en la historia de nuestro mundo. Pero en este espacio, en esta pequeña casa me ocuparé de denunciar las miserias del fútbol venezolano. Le reitero, por miedo a que nos convirtamos en seres sin sustancia, sin esencia, que no puedo -y debo convencerlo a usted de que no se puede- permitir que este fútbol siga siendo secuestrado por instituciones públicas o por personeros incapaces de organizar ni siquiera una verbena.

En esta salutación debo confesarle que yo ni estoy desarreglado ni me conformo con el desarreglo que algunos pregonan. Eso lo aprendí del argentino Dante Panzeri, y fue él quien me entregó el mayor argumento que tengo para pelearme por este fútbol: “A mí el deporte me lo dio todo en esta vida. Y como no puedo darle otra muestra de gratitud que defenderlo, ésta es mi defensa a él y a quienes pasando por él me enseñaron lo que es conducta, dignidad y alegría. Que de las tres cosas me dieron mucho. Yo sólo puedo darle protesta para defenderlo de quienes lo destruyen. Con lo que creo que construyo”.

Hoy, cuando sufrimos la ausencia de transmisión televisiva nacional de la Copa Venezuela y la FVF invita a violentar la norma que obliga a los equipos a promover futbolistas juveniles, se me antoja como una buena oportunidad para decirle: mucho gusto, lo espero los lunes y los jueves.