Armados, fichados y sin retorno, por qué es tan difícil la paz con los chavistas

La posibilidad de un diálogo fructífero entre el chavismo y la oposición para frenar la espiral del conflicto económico, político y social en Venezuela se aleja cada vez más, por una sencilla razón: el chavismo se arriesga a perder todo si acepta las demandas esenciales de sus rivales, coincidieron algunos expertos consultados por El Estímulo.

Y para los protagonistas del “proceso” fundado por el difunto Hugo Chávez, salir del poder potencialmente significaría la cárcel, la ruina económica y el suicidio político.

Entre la lista de peticiones de la MUD destaca la de un Consejo Nacional Electoral (CNE) equilibrado, que se cumpla con la legislación electoral y que sean restituidas las funciones constitucionales del parlamento opositor electo en diciembre de 2015.

Pero, si el gobierno accede a estas peticiones estará firmando su propia condena, pues tendrá que salir del poder, coinciden expertos consultados por El Estímulo.

Y si sale del poder, sus más conspicuos personeros, civiles y militares, se exponen a enfrentar juicios políticos, penales y civiles, en Venezuela o en el extranjero, por acusaciones que van desde narcotráfico y violación de los derechos humanos hasta corrupción y malversación de fondos.

El psicólogo social Axel Capriles sintetiza el cuadro acudiendo a la metáfora de las sagas mitológicas y a las travesías de los personajes en las historias verdaderas y de ficción:

“Cuando has comido en el infierno, ya no puedes salir de él”, dice.

“Sin duda (los chavistas) se adentraron tanto que llegaron al punto de no retorno”, dice al recordar el episodio de Francisco de Orellana, el primer conquistador español que en 1542 bajó el río Amazonas, desde las montañas andinas, en una tortuosa odisea:

“Al descender, ya el caudal de agua de la corriente era tan fuerte que no podía volver atrás y tuvo que llegar al Atlántico”, señala.

En serio te lo digo

Los propios personeros del chavismo, desde Nicolás Maduro, hasta Diosdado Cabello, el mayor general Padrino López, y todos los demás miembros de la nomenclatura militar y civil, lo han dejado claro para quien quiera escucharlos: la oposición no entrará a Miraflores, el palacio presidencial de gobierno, y defenderán con las armas sus posiciones.

Y no parece sólo una fanfarronada.

El problema, señalan analistas, es que pocos en la oposición se los habían tomado en serio…hasta ahora.

Y para la mayoría de los venezolanos la tragedia es que el Atlántico de los chavistas representa más vueltas de tuercas a su experimento socialista, el mismo que ha llevado a la antiguamente rica Venezuela a una hiperinflación que se proyecta sobre 160.000% este año, a una depresión económica que dura cinco años, a un empobrecimiento general y una escasez crónica de alimentos, medicinas y otros bienes esenciales.

La madre de los problemas es que el chavismo niega hasta la muerte que este colapso exista. De espaldas hasta a su propio pueblo, al menos en público sus jerarcas reafirman que todo está excesivamente normal y que la culpa del asunto económico y social la tienen otros, desde Washington, hasta cualquier verdulero de esquina.

Por eso no toma medidas estructurales para acabar con las causas de la depresión y la hiperinflación. Hacerlo, significaría abandonar los principios mismos del chavismo socialista.

La historia sin fin

La noche del miércoles 17 de enero fue cancelada una nueva ronda de negociaciones entre los emisarios de Maduro y los miembros de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), la plataforma electoral que todavía confía en que la crisis económica y social junto, con las presiones internacionales, determinen la expulsión de Maduro y su camarilla del poder.

Algunos analistas anticiparon que si ese diálogo continuaba hacia algún lado, inevitablemente tendrían que ofrecerles beneficios a los chavistas para que accedieran a salir del poder.

En ese escenario optimista, el principal dilema, más allá de la política, pasa por la justicia, especialmente cuando llueven las acusaciones contra el régimen por parte de opositores, organizaciones no gubernamentales y gobiernos extranjeros debido a las crecientes violaciones a los derechos humanos, que han quedado otra vez en evidencia en casos como el del piloto rebelde Óscar Pérez, abatido en una desmesurada operación militar cuando ya estaba rendido, al menos se había rendido en vivo en las redes sociales, pidiendo negociar.

Después de liquidar a lo que el gobierno califica como una célula terrorista, más bien Maduro ha subido varios tonos a su discurso guerrerista, prometiendo el mismo destino que a Pérez para quien se atreva a desafiarlo con las armas.

La «pax» chavista será impuesta a toda costa por las fuerzas armadas.

Esa posición radical está muy lejos de las alabanzas de Maduro a los acuerdos de paz en Colombia que, según ha dicho dijo, fueron propiciadas por su padre político, Hugo Chávez.

“No es que Maduro se queda porque pierde demasiado si se va, y por tanto, dándole garantías prefiera irse”, objeta el economista Ricardo Hausmann sobre la tesis de de un acuerdo de justicia transicional para convencer a los chavistas.

“El problema es que Maduro prefiere quedarse donde está y no hay ninguna amenaza creíble que lo haga pensar que no va a poder quedarse”, añadió Hausmann en declaraciones para El Estímulo.

“Para salir de Maduro hay que tener una amenaza creíble de sacarlo mal, de modo que prefiera salir bien que salir mal. ¿Pero, para qué va a salir si se puede quedar? ¿Quién está amenazando con sacarlo?”, se pregunta poniendo el dedo en la llaga.

El escenario entonces se complica para la vasta mayoría de los opositores venezolanos, incluyendo algunos de sus representantes, que en la mesa de República Dominicana confiaban en que el gobierno cedería.

Algunos respetables oráculos, como el español Felipe González, han advertido que Maduro no entregará el poder, ni con elecciones.

Con ayuda de los amigos

La “esperanza blanca” de los negociadores agrupados en la MUD es que la feroz debacle de la economía venezolana y los creciente estallidos de violencia social se sumen a las presiones internacionales (como las sanciones de Europa y EE.UU) para obligar a los chavistas a acatar acuerdos.

Pero, eso luce como tener encerrado en una cueva a unos tigres y pretender que el aislamiento, la sed y el hambre los obliguen a salir mansos para ser cazados y llevados al circo. El riesgo más bien es que se vuelvan más feroces.

“Uno se entrega cuando la alternativa es peor. Pero para él la alternativa es quedarse mandando en Miraflores”, señala por su parte Hausmann.

“Este problema no se puede resolver con amnistía, porque la amnistía (además de no ser creíble es peor que el estatus quo”, para los chavistas, agrega.

El propio Maduro tiene una demanda en su contra interpuesta por la fiscal en el exilio, Luisa Ortega Díaz, ante la Corte Penal Internacional, de La Haya, por una lista de cargos que incluyen hasta el asesinato de opositores, entre otros alegados crímenes de lesa humanidad.

Su vicepresidente y sus más estrechos colaboradores militares y civiles de las instituciones del Estado controladas por el chavismo, son señalados por Estados Unidos como narcotraficantes, de atentar contra el sistema democrático, de perseguir a partidos políticos, de corrupción. Teóricamente, no podrán poner un pie en un aeropuerto extranjero, a menos que sea de un país aliado, como Rusia, Bielorusia o Cuba y Bolivia.

Unos 50 países de América y Europa desconocen a la Asamblea Nacional Constituyente, el cuerpo paralelo al parlamento establecido por Maduro para gobernar con poderes supremos.

Es la discrecionalidad de esa asamblea chavista justamente la que necesita mantener Maduro y su entorno para perpetuarse en el poder y en lo personal quedar libres de cualquier amenaza futura.

Por eso en la mesa de negociaciones exige que sea reconocido este cuerpo, electo el 30 de julio sin cumplir con lo que manda la Constitución vigente y en un proceso que en su oportunidad fue denunciado como fraudulento.

Hasta el sospechoso habitual Manuel Rosales, tomado por sus críticos como el más inclinado a la cohabitación con el chavismo, ha rechazado reconocer a la constituyente chavista en los diálogos de República Dominicana, confió una fuente.

La estúpida economía

Analistas observan que Venezuela ya vive la peor tragedia colectiva de su historia, en medio de la escasez, la hiperinflación, la crisis hospitalaria y de servicios, el empobrecimiento generalizado y la desaparición del poder de compra de los salarios.

Como Maduro y sus ministros niegan que esos problemas existan, no buscan ni aplican soluciones estructurales. Por el contrario, persisten en aplicar más controles a diestra y siniestra, como los que ya han fracasado en estos 19 años de chavismo.

De modo que su inminente reelección en unos comicios no competitivos para la oposición, (el escenario más probable hoy) supondría una prolongación de la tragedia económica y social.

 La “somalización” del país.

Como señala Hausmann, ya la oferta de alimentos está colapsando por la expropiación del inventario de supermercados, los saqueos de negocios y gandolas (camiones), «lo que hace que nadie quiera arriesgarse a ofertar alimentos”.

“Creo que va a colapsar la gobernabilidad, como ocurrió en Calabozo” (ciudad del chavista estado Guárico, donde recientemente una poblada saqueó prácticamente todos los comercios), dice.

“El problema no va a ser las elecciones. Va a ser la supervivencia. El foco de la dinámica política va a cambiar”, según Hausmann.

“Necesitamos una fuerte y rápida recuperación para enfrentar la crisis humanitaria. Creo que ante el caos que avizoro, con pérdida de control sobre el aparato del Estado, caciques y pranes (jefes de bandas criminales) controlando áreas, falta de gasolina, efectivo y luz, vulnerabilidad del sistema de pagos electrónicos, temor a vender y a enviar gandolas con mercancía, negociar las condiciones electorales se verá como una distracción relacionada con un evento lejano”, señala este profesor de prestigiosas universidades y ex ministro de Planificación del último y malogrado gobierno de Carlos Andrés Pérez.

“Estamos en un círculo vicioso y el gobierno no hace nada por romperlo. Ha optado por usar el hambre como herramienta de control político. El rechazo a la Fuerza Armada y la lealtad de ésta al régimen hace que el colapso sea más somalizante”, agrega en su enfoque.

En un reciente encuentro con periodistas y el rector de la Universidad Católica, Francisco Virtuoso, el director del Centro de Estudios Políticos de la UCAB, Benigno Alarcón, ponía más claridad en el asunto:

“Veo el gobierno en una posición de absoluta supremacía», señala.

«El problema es que el gobierno siente que no necesita de la oposición y, para las cosas que necesita, la oposición no va a cooperar, como las aprobaciones legislativas de endeudamiento y los contratos internacionales”, dijo en un conversatorio sobre el 60 aniversario del 23 de enero de 1958, cuando cayó la dictadura de Marcos Pérez Jiménez.

“Al final del día el gobierno no tiene mayores incentivos para negociar porque no va a negociar la entrega del poder y lo que la oposición tiene en sus demandas, todas implican el poder”, dijo al explicar como un Consejo Nacional Electoral (CNE) equilibrado, y la observación internacional implican que el chavismo pierde las elecciones y que todo el mundo lo sepa en caso de fraude.

“Evidentemente el gobierno no es tonto y eso no está dispuesto a negociarlo”, señaló.

Escasez con hiperinflación

El gobierno acaba de ratificar su orden de que todos los precios regresen a los niveles en que estaban en diciembre pasado. Según algunos economistas, la inflación mensual ya está entre 80 y 100%, lo que arroja una proyección anualizada superior al 160.000 por ciento, pues los índices de precios se comportan de manera exponencial.

El propio gobierno admite que en dos semanas los precios de más de 6.500 artículos subieron más de 200%.

Todas les empresas del país, inclusive las que están abriendo de nuevo tras las vacaciones de fin de año, están bajo fiscalización del Sundee, el organismo oficial encargado de ser el perro guardián de los precios. Sería la única vez en la historia de la Humanidad que la inflación cae bajo el sortilegio de una orden de un gobernante.

Pero, como bien lo señala Benigno Alarcón, de la UCAB, la variable económica no es la que cataliza cambios políticos y más bien puede inmovilizar a la gente, que anda más ocupada en buscar como subsistir.

Aunque hay otras variables:

“El gobierno de Maduro esta mas débil de lo que parece. No solo porque enfrenta una combinación letal de colapso económico, hiperinflacion, crisis social, default financiero y sanciones internacionales, sino porque – paradójicamente – la debilidad coyuntural de su adversario hace que las fisuras internas del chavismo se conviertan en grietas”, señala para este enfoque Phil Gunson, analista senior para la Región Andina, de International Crisis Group.

Tampoco tiene grandes expectativas sobre el diálogo donde “el juego parece trancado y las posibilidades de un acuerdo “son mínimas”.

“Yendo al fondo del asunto, el gobierno no esta dispuesto a contemplar la perdida del poder bajo ningún concepto, y la demanda básica de la MUD es que se restablezcan elecciones competitivas”, coincide.
“Al gobierno le interesa mantener las negociaciones en la medida que debiliten a la oposición y alejen la posibilidad de sanciones adicionales. Si consigue un acuerdo que le permite ir a elecciones con su ventajismo intacto, pero conservando algo de legitimidad, mejor todavía. Para la oposición, en estas circunstancias, es mejor que no haya acuerdo que salir con un acuerdo malo”, agrega.

Pero, más allá de las por ahora fracasadas discusiones en Dominicana, el punto seguirá abierto: los integrantes del alto gobierno son un grupo de millonarios, fichados, armados y poderosos, no tienen incentivos para entregarse a través de una negociación, elección, ni acuerdo, ni siquiera bajo la oferta de la impunidad o un acuerdo de justicia.

«Maduro no pierde nada con el diálogo y gana muchísimo con él aunque no haya acuerdo. Saben muy bien lo que hacen», resume Alarcón.

¿En este contexto, Venezuela sólo tiene por delante más chavismo, más conflicto y más pobreza?

El científico social John Magdaleno señala que en efecto éste es uno de los escenarios hoy, el dominante, aunque se niega a aceptar que sea irreductible. “No es el único escenario”.

“Esto puede cambiar muy rápidamente, entre otras cosas por los impactos de la crisis económica. Para que se dé una transición a la democracia tiene que bajársele los costos a factores de la coalición dominante. Justicia transicional es muy distinto a impunidad”, dice para este enfoque.

“Es que si no le bajas los costos no hay transición. Simple. Así que te puedes quedar denunciando ante una posible «impunidad» que nunca llega porque no se inicia la transición (precisamente porque no asumes que tienes que bajarle los costos a factores del oficialismo)”, lo que significa ofrecerles garantías de protección política y económica», explica.

“Coincido en que, hasta ahora, pareciera que -y subrayo pareciera porque tenemos información muy incompleta como para afirmarlo- los sectores más poderosos de la coalición dominante no tienen suficientes incentivos para acordar los términos de su salida del poder. Pero, insisto, esto puede cambiar muy rápidamente. La crisis económica y social puede estimular la emergencia de nuevos actores que le dificulten las cosas a esos poderosos”, apostó.

“Ahora, es claro que si la oposición no aprovecha esta nueva ocasión, podemos asistir a una consolidación de lo que denomino como el «autoritarismo hegemónico con rasgos totalitarios» o, incluso, a una transición hacia el totalitarismo, que pasa por la instalación de un régimen pre-totalitario», agrega.

“Creo que se van a producir escenarios inéditos o cuando menos sorpresivos”, dice.