Buddy Bailey y la magia en la LVBP

¿Será una característica innata del trópico? ¿Tendrá algo que ver con nuestra herencia mestiza? ¿Estará esta conducta atada a nuestra influencia tribal? Realmente lo desconozco.

Lo que sí estoy seguro es que esta necesidad de atribuir poderes sobrenaturales a hombres de carne y hueso, a simples mortales que habitan en Venezuela es un fenómeno absolutamente real en estas tierras. La última evidencia de su existencia la tenemos en el caso de Buddy Bailey.

El nombre de Welby Shelby «Buddy» Bailey tiene rato casado con un pasado místico… Extremadamente místico. Hasta la 2012-2013, el actual mánager de los Tiburones de La Guaira llevó a los Tigres de Aragua a seis campeonatos y dos subcampeonatos en 10 campañas completas terminando además, en la 2003-2004, la mayor sequía de coronas de equipo alguno en la LVBP (27 años).

Su nombre y la magia victoriosa pasaron tanto tiempo en la misma oración que en algún momento se fundieron y se tornaron en una misma cosa.
-«El mago Bailey»
-«El Rey Midas»
-«El brujo de la dinastía»
Y demás títulos comenzaron a escucharse en las gradas de los estadios creando una especie de mito viviente, de estratega paranormal, de leyenda clarividente en un diamante de pelota.

Pero ahora, en el medio de la peor racha de derrotas de su historia como mánager en la LVBP (11 hasta hoy), el folklore popular ha decidido explicar ese fenómeno con una frase realmente curiosa:
-«Se le acabó la magia»…

Yo no creo en la magia. No creo en maldiciones de «Bambinos» ni en pavas de cabras. Yo, como observador del beisbol, creo en talento. Talento para jugar al beisbol y talento para manejarlo.

Creo, eso sí, que el azar existe y es un factor a considerar que no puede ser pronosticable. Ninguna directiva puede blindarse frente a una plaga de chikungunya o puede prever que un grandeliga no rinda en esta pelota.

Pero no creo en la magia y por ello puedo asegurar que los Tiburones están en el foso de la LVBP, no por los designios de María Lionza, sino por causas mucho más científicas y objetivas.

¿Cómo puede un club que lidera la LVBP en boletos esperar tener un buen rendimiento en el pitcheo?

La presencia de Buddy Bailey en la cueva de Tiburones no ha podido cambiar este fenómeno que ha sido casi una constante en el equipo en el último lustro, no por falta de magia, no por carencia de espiritualidad. No ha podido simple y llanamente porque ¡ÉL NO PITCHA!

Porque la influencia de un mánager en una novena es algo, en mi opinión, realmente sobreestimado.

La responsabilidad principal del fracaso es de los hombres que se han parado en esa lomita y no han permitido que su defensa los ayude al no poner la bola en juego. La responsabilidad principal es de los bateadores que no han podido producir de la misma forma en la que lo hicieron el año pasado.

La responsabilidad secundaria, eso sí, es de aquellos que le dieron la oportunidad a esos jugadores de estar en ese morrito para que se comportaran de esta forma. Los que le dieron a los bateadores un puesto en la alineación. Aquí hablo de los directivos y -aquí sí entra Bailey- del cuerpo técnico.

Debo confesar que fui uno de los que clasificó a los Tiburones este año. Pero no lo hice porque pensé que el norteamericano poseía «magia» en sus manos. Lo hice recordando la capacidad que tuvo en el pasado de traer importados que lograron ayudar al núcleo criollo del bullpen bengalí a establecerse como el mejor de la pasada década. Lo hice pensando que, gracias a su trabajo en la filial AA de los Cachorros de Chicago, este viejo zorro y iba a poder seleccionar unos cuantos lanzadores que iban a calmar los eternos dolores de cabeza de los salados.

No obstante, hasta ahora, nada de eso ha funcionado. Los Tiburones tienen el cuerpo de pitcheo importado con la segunda efectividad más alta del torneo y el más descontrolado de todos (4.85 boletos por cada nueve innings).

¿Puede eso ser suficiente para explicar la debacle de los escualos este año? No. A eso hay que agregar la poca productividad del bateo criollo que ha pasado de tener un OPS (porcentaje de embasado más slugging) de .797 el año pasado a .696 este año. Eso es más importante que la improductividad ofensiva de su importación porque Tiburones está usando hoy un lineup 100% criollo.

Si este equipo iba a clasificar lo iba a hacer en los hombros de una ofensiva fuerte y un pitcheo controlado. Como nada de eso se ha presentado, la novena de Bailey ha tenido que sufrir un tormenta perfecta que prácticamente los ha sacado de contención en solo cinco semanas de campeonato.

No ha sido falta de magia. No ha sido Sorte y sus influencias. Ha sido solo un año en el ni siquiera el mejor estratega de la historia de la LVBP ha podido mantener a flote a una nave que hace aguas por todos lados desde hace años.