¿Por qué los venezolanos estamos discriminados en Aruba?

El pasaje lo compré a buen precio, hice mis carpetas como siempre, las entregué a tiempo y me dieron Cencoex. Teníamos como compañía a un grupo de amigos increíble, el plan, mejor imposible. Me fui a Aruba a pasar la Semana Santa con mi escueto presupuesto de recién casada pero tranquila porque llevaba mi tarjeta de divisas preferenciales aprobada, además de unos pocos dolarcitos en efectivo “porsia”. Me iba a quedar junto con mi esposo en la casa de playa de unos amigos y con eso nos ahorrábamos el dinero de la estadía. Íbamos tranquilos y cómodos.

«Aruba: playa, sol y venezolanos de lejitos»
Me habían llegado comentarios de que en Aruba no nos querían mucho porque algunos venezolanos se habían portado muy mal por esos lares, pensé que era una exageración. También me habían comentado, y me enteré que era cierto, de que debía llevar alrededor de 50 dólares en efectivo para los impuestos de entrada y salida. Eso lo tenía controlado. Como íbamos un grupo de gente joven y con presupuesto bastante limitado, decidimos que todas nuestras comidas serían en la casa, que no saldríamos a comer fuera y así nos rendiría el dinero.
Llegamos a la casa de playa, nos instalamos y fuimos a Super Foods, uno de los automercados más grandes y completos de Aruba. Hicimos una buena compra, atentos de que nos rindiera para los 8 días que permaneceríamos en la isla. La sorpresa fue cuando pagamos: la tarjeta Cencoex de venezolanos no pasó, salió negada, no nos pasó a ninguno de los seis miembros del grupo, las tarjetas tenían los fondos completos $550 que es el monto total que te dan para ese destino, en este establecimiento. Al menos, nos dieron la oportunidad de pasarla. Primer trago amargo del viaje: teníamos que pagar con efectivo y gastar mucho más de lo calculado. Lo hicimos pues teníamos que comer.
Empezamos con la paranoia. Imaginamos que si en ese automercado tan grande no funcionó la tarjeta, no serviría en ningún lado. Estábamos resignados a gastar los pocos dólares en efectivo que teníamos para emergencia, y si ese dinero se nos acababa, pedir prestado. Nos dio mucha rabia. No entendíamos por qué nos discriminaban.
Tratamos de olvidarnos del tema, de gozar de la casa que quedaba frente a la playa y a relajarnos en la piscina, intentar borrar de nuestra mente el tema “dinero” porque íbamos a pasar el viaje amargados. Sin embargo, fue inevitable. Al pasar los días, nos dimos cuenta que ni siquiera un pedazo de queso holandés le podríamos llevar a nuestros padres si en el resto de los establecimientos eran así de estrictos con los venezolanos y con nuestras tarjetas de crédito. Yo llamé a mi mamá y le dije: “Mami, olvídate del quesito que tanto te gusta porque ni siquiera sabemos si vamos a poder mantenernos en este viaje”.
Pasamos bellos días rodeados de naturaleza, risas y muy rica comida, hasta que se nos empezó a acabar lo típico que siempre se termina: refrescos, leche, agua mineral. Probamos otro automercado que quedaba cerca de donde nos estábamos quedando, esta vez uno mucho más pequeño. ¡Oh sorpresa! Toda esperanza se nos quitó apenas íbamos a entrar, pues muy claramente salía: “No se aceptan tarjetas de crédito de Venezuela”. Igual teníamos que hacer la compra, necesitábamos lo básico que se nos había acabado por más que tratamos de hacer el mejor cálculo posible el primer día. Cuando una de nuestras amigas intentó pagar con una tarjeta de un banco extranjero y dio su pasaporte, inmediatamente le dijeron que no. Que “o pagaba en efectivo o no compraba porque era venezolana”.
foto aruba
Disgustados, molestos, tensos y con rabia salimos del automercado, tuvimos que pagar en efectivo que era la única manera que nos aceptaban comprar por el “pecado” de ser venezolanos. ¿Y si no hubiéramos tenido otra forma de pagar? Pues nos quedábamos sin comer.
Queríamos llegar al fondo del asunto: ¿Por qué en Aruba le tienen tanto miedo a los venezolanos? Escuchamos los rumores: Se dice que los coterráneos llegan a la isla sin dinero suficiente para el alojamiento y acampaban en playas con el único fin de “raspar el cupo” y el otro rumor fue que en un abastecimiento los venezolanos hicieron un consumo con su tarjeta de crédito el mismo día que regresaban a Venezuela.  Cuando el comercio de Aruba buscó reportar al banco, la entidad aseguró que esa transacción no se había hecho. Los “compradores” estaban ya en Venezuela y no se procedió a demandas.
Hay dos caras de la moneda. Es una lástima que paguemos justos por pecadores, ya que somos muchos los venezolanos honestos que jamás incurriríamos en fraudes de ese tipo, y es muy desagradable saber que no somos totalmente bienvenidos en la isla. Por el otro lado, tenemos que tener conciencia de que cada vez hay más gente en nuestro país estafando y portándose mal, no sólo en Venezuela sino en el exterior. Ya nos da miedo viajar, ya nos da miedo reconocer de dónde somos porque sentimos que nos van a juzgar por la gente mala que hay en el país.
Pensé: el viaje debe continuar. Y me dediqué a disfrutar.
 
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