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La tormentosa Caracas de Jesús Miguel Martínez

La ciudad que protagoniza la primera obra literaria de este psiquiatra cumanés no podría ser otra que la acontecida urbe de los techos rojos.

“El nombre siempre es lo último que viene a la mente”, bromea reflexivo Jesús Miguel Martínez, quien utilizó una de las frases que se mueven por las páginas de La Ciudad de las Tormentas para titular esta historia.

La escena es la siguiente: hay una fiesta en un barrio, se oyen tiros, el protagonista forastero en este territorio busca como refugiarse, uno de los habitantes de la zona simplemente apunta: “esto es una tormenta de plomo, esta es la ciudad de las tormentas, a veces hay tormentas de rayos y truenos pero todos los días hay tormentas de balas”. Caracas es el anzuelo de tempestades en la cual habita una ficción muy parecida a la realidad.

Los personajes de La Ciudad de las Tormentas son ficticios, pero se desenvuelven en un entorno que no es novelado, es la Caracas que nos abruma a todos y que nos permea inevitablemente. Rodolfo es un periodista que busca una historia, un viejo compañero de trabajo que ejerce como policía le debe un favor, este lo pone en contacto con Leo, un joven delincuente que le servirá al periodista de salvoconducto para introducirse en las bajas esferas de la ciudad donde el tráfico de drogas y la prostitución están a la orden del día. Un evento desbocado e inesperado hace que las cosas se salgan de las manos y es aquí donde el relato da un giro inesperado.

En las páginas del libro Jesús Miguel Martínez decidió no utilizar nombres reales, sin embargo los cuerpos y organismos policiales a los cuales se hace referencia son fáciles  de discernir precisamente porque así lo quiso el autor. Una estructura onírica, en la cual no hay relación causal- temporal en los hechos históricos que discurren en la novela, es el hilo conductor que marca  el ritmo de La Ciudad de las TormentasSucesos como unas supuestas computadoras de un guerrillero colombiano recuperadas por el ejército o el deslave de Vargas se inmiscuyen en esta mezcla de realidad y ficción en donde la acción y la intriga no dejan de correr por las páginas escritas.

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Un país de memoria a corto plazo

Jesús Miguel Martínez ha ejercido la profesión de psiquiatra por más de veinte años,  tiene en su haber cantidad de textos y artículos científicos aplicados a la psicoterapia pero La Ciudad de las Tormentas es su primera novela, un cuento inconcluso y olvidado de 7 páginas que se convirtió en una novela de 380 páginas y se consagró como tercera finalista del Premio Planeta 2014. Entre 453 libros a seleccionar y concursando entre escritores como Jorge Zepeda y su novela Milena o el Fémur más Bello del Mundo Martínez logró que Caracas y su historia se destacaran entre la multitud.

“Desde pequeño soy un lector bastante maniático, llevo muchos años escribiendo cosas pero nunca me había atrevido a publicar”, confiesa el escritor, quien se refugió en la escritura literaria luego de un proceso de cuatro largos años de investigación y escritura científica.

“Quise desintoxicarme de la escritura  de forma, de la escritura seria. El libro se convirtió en una manera de metabolizar lo que ocurría a mi alrededor, lo que vivían mis familiares, la gente que se iba del país, y  también en una forma de protesta, de queja, de  dejar constancia de lo que pasa en un país donde yo creo que la gente definitivamente la memoria no la tiene muy larga “

Recientemente Martínez terminó un libro de relatos breves sobre “el mas allá” que espera publicar el año 2016. Además está escribiendo una secuela de La Ciudad de las Tormentas, una novela que promete ser más violenta y dura que la vigente, en donde temas como el  narcotráfico, la corrupción y el militarismo tomarían las riendas de la historia.

¿Se quedó solo el movimiento estudiantil?

En la mañana del 5 de julio de 2020, al cumplirse 209 años de la Declaración de Independencia, un video de 7 estudiantes protestando en la plaza Bolívar de Caracas se hizo tendencia en las redes sociales. Sin embargo, los rostros de esos universitarios fueron olvidados esa misma noche, cuando las declaraciones de Vladimir Padrino López se convirtieron en la nueva noticia. A nadie parece importarle ya la rebeldía estudiantil