Liderazgo, cálculo y riesgo

Son muchas la acepciones y significados que sobre el liderazgo existen, muchas las historias, lecciones y anécdotas. Como me decía a modo de chanza, una importante experta en el tema: “el liderazgo es como el amor… hay tantas historias…”

Acostumbramos a llamar líder, a aquella persona que nos guía, que nos inspira, que nos permite descubrir cosas nuevas en algo que ya conocíamos y creíamos agotado. En todas estas visiones siempre hay dos aspectos a considerar: lo que significa para nosotros un líder, desde una posición de espectador, de sujeto pasivo, de quien observa o de quien recibe una indicación, lección u orden. Pasamos entonces a analizar, evaluar y juzgar a ese líder, normalmente sin mayores consideraciones con respecto a su situación.

El otro punto de vista, tal vez el más importante, especialmente para aquellos que emprenden nuevos proyectos, donde tienen que tratar con diferentes públicos, o empresarios que toman decisiones a diario, o políticos y líderes sociales que deben convivir en un sociedad diversa y cambiante, es el que se enfoca en quien decide “ejercer” el liderazgo.

Varias teorías psicológicas y sociales han establecido diferentes enfoques para explicar el liderazgo, desde los atributos físicos e intelectuales, hasta las condiciones del entorno en el que se desenvuelve el líder; la mayoría de ellas toman al líder como el producto de las circunstancias. No hay apelación, sin duda el ambiente y las condiciones históricas o sociales, van influir en el accionar de un líder, pero finalmente, el ejercicio del liderazgo es una decisión personal.

Es famosa la pregunta sobre si el líder nace o se hace. A esta pregunta, el famoso gurú de la gerencia de los años 80, Peter Drucker, tuvo una respuesta genial: “… nacen! Pero nacen tan pocos que el resto tenemos que hacerlos…”. A esto podríamos responder, que de nada nos sirve utilizar las mejores metodologías para formar un líder, si esa persona no toma nunca la decisión de ejercer el liderazgo, aunque sea por una sola vez en su vida. Por sentido en contrario, no son pocas las veces que nos conseguimos con personas que tal vez no tuvieron la preparación gerencial, política o académica que uno imagina debería tener, pero que consciente o inconscientemente, en algún momento, toma la decisión de llevar adelante un ejercicio de liderazgo.

Uno de quienes más ha trabajado en este enfoque, de que el liderazgo es algo que se ejerce, que se hace como consecuencia de una decisión personal, es el Prof. Ronald Heifetz de la escuela Kennedy de la Universidad de Harvard, junto a un equipo de investigadores del Centro para el Liderazgo de esa misma casa de estudios; a este enfoque se le denomina Liderazgo Adaptativo. Este concepto lo que plantea, es que un ejercicio de liderazgo, es aquella decisión que alguien toma, con la finalidad de movilizar a otros, hacia una nueva realidad a la que hay que adaptarse, bien por necesidad de las circunstancias ambientales, económicas o políticas, o bien porque quien toma la decisión, lo hace en función de una visión que busca transformar lo presente y crear nuevas realidades.

Somos muchos los que deseamos que la realidad del país, de la economía, de nuestra empresa o de nuestra propia familia, fuera diferente; pero son pocos quienes se plantean seriamente la decisión de acometer ese cambio, e impulsar a otros a que nos acompañen. ¿Por qué? Porque ser líder en cualquier ámbito de la vida, implica riesgos, implica energía, implica resistencia y oposición, implica recursos, enemigos e imprevistos, muchas veces implica romper paradigmas; sin duda también conlleva cosas positivas, nuevos amigos y seguidores, implica crecimiento personal y seguramente el éxito en la empresa transformadora de abrir nuevos caminos.

El liderazgo es un proceso complejo que si bien requiere de mucha responsabilidad y preparación, también requiere de una dosis de arrojo, donde se esté dispuesto a correr riesgos más allá de lo normal y donde el fracaso también es una posibilidad. Una de las principales responsabilidades de un líder es no morir en el intento; ello simplemente lo que quiere decir, es que no podemos lanzarnos, ni lanzar a los que nos siguen, por un precipicio a un fracaso seguro, pero también es saber que para llegar a la situación deseada, habrá que correr riesgos más allá de la zona de confort.

Son muchos los ejemplos que a diario vemos en todos los ámbitos, especialmente en la Venezuela de hoy, donde los que creen en el país, que han invertido sus vidas y sus recursos en él, y que aún calculando las pocas probabilidades, asumen altos riesgos y movilizan a sus colaboradores, en función de una visión y una transformación del ámbito nacional. Hay otros que calculan, pero no están dispuestos a correr todos los riesgos que conlleva una situación como la actual, y deciden reducirse o cerrar. Solo son decisiones personales válidas para quien las tome.

En la política nos pasa lo mismo, hay quienes calculan sus intereses personales o grupales y deciden amoldarse a una situación determinada y sacar el mejor provecho en función de sus intereses, según sus cálculos políticos, lo que en situaciones de normalidad, es natural y es correcto. Otros en situaciones difíciles como la actual, van más allá de calcular lo que personalmente les conviene, y asumen mayores riesgos, producto de una decisión personal y de una visión que busca movilizar la sociedad para transformar la realidad.

Ver el liderazgo desde el punto de vista de las circunstancias del líder, nos ayuda a entender mejor, nuestras propias decisiones.