Los tres sectores de la derrota vinotinto

 

La defensa

 

Alexis Correia

Dicen que el coloso de Rodas, una de las siete maravillas de la antigüedad, se fracturó por las rodillas. Al menos en el amistoso de este viernes ante Jamaica, el bloque defensivo de la Vinotinto (ahora Vinotinto-fluorescente) no transmitió seguridad ni fue el principio del ataque —hagamos la excepción con el gol de Gabriel Cichero—. Es cierto que los sectores de un equipo no se pueden extraer con pinzas y, en el segundo tiempo, el experimento kamikaze de Chita Sanvicente incluyó a Juan Arango en labores de «recuperación», lo que influyó directamente en el gol de la derrota. Al principio, los pelotazos largos de Vizcarrondo-Amorebieta, más que generar sorpresa arriba, eran recuperados por Jamaica con la zaga visitante descolocada. ¿Una jugada emblemática? La del minuto 25, en el peor momento de la retaguardia: errores consecutivos de Fernando Amorebieta, Oswaldo Vizcarrondo y Roberto Rosales, que termina salvando en la línea de gol.

El cuidapalos Dani Hernández no tuvo demasiada responsabilidad en los dos goles, aunque quizás pudo haber hecho un poco más en el segundo si hubiera arriesgado la anatomía, en vez de intentar detener con el pie. Respondió ante dos tiros libres en el primer tiempo. Roberto Rosales empezó irreconocible por lo errático. Luego ajustó, pero sus aportes efectivos al ataque no pasaron de un par. En apenas 8 minutos en el campo, Alexander González se vio mejor. Oswaldo Vizcarrondo fue el menos malo de los dos centrales y, qué duda cabe, será titular en la Copa América, aunque el gol del empate de Jamaica comienza con un fallido pelotazo largo suyo. Fernando Amorebieta, falto de fútbol, rápidamente quedó más al desnudo que Robbie Williams en el video de Rock DJ. Pifió en el segundo gol, aunque en la falla tectónica también tuvieron responsabilidad Cichero y sobre todo Arango, que le cedió un balón muy comprometido. Gabriel Cichero, la veintiúnica opción de Chita en la izquerda, se incorporó al ataque con la espontaneidad del primer sexo en el minuto 13, recibió de Salo Rondón y marcó un golazo. Todo le salió natural. Si el partido se hubiera acabado allí, le pongo mil puntos. Pero su responsabilidad principal es defender, y Cichero no fue pulcro en su banda. En general se vio mejor en las proyecciones y no podía darse el lujo de muchas.

Faltan 74 días para la Copa América y da la impresión de que el trabajo principal se tendrá que hacer en la recta final, ya con el equipo concentrado. Queda una gran laguna y no es la de Taiguaiguay: ¿quién acompañará a Vizcarrondo en el eje central?

 

El mediocampo

Ignacio Benedetti 

Si partimos de la base de que en el centro del campo es dónde nace todo lo que puede suceder en un partido de fútbol comprenderemos las dos caras de la Vinotinto ante Jamaica. El primer tiempo, más allá del gol de Gabriel Cichero, fue mayoritariamente un suplicio que únicamente ayudó a confirmar que en el fútbol no hay verdades absolutas. La pareja Rincón-Lucena (dos volantes de quite) no fue tal sino que parecían dos islas totalmente separadas por un océano, incapaces de cumplir su labor primordial, y cuando Sanvicente sacó a Lucena para colocar a Juan Arango en esa zona fue que la selección encontró sus mejores pasajes, sin que ello se tradujese en ocasiones de gol, pero sí en un mejor control del partido.

Cristian Santos, Arango, Lucena, Guerra, Mario Rondón, Ronald Vargas, todos fueron víctimas de unas circunstancias -mensaje y contexto- que aún no parece potenciarlos y que tampoco los motivó para rebelarse ante la adversidad. Por ello, Salomón Rondón sigue siendo un futbolista sin socios ni posibilidades y eso se nota y se sufre.

 

La delantera

Jován Pulgarín
La mejor jugada ofensiva de Venezuela fue anulada por una supuesta posición adelantada de Josef Martínez. La habilitación de Alejandro Guerra – se nota su estadía por Nacional de Colombia – es una muestra de lo que puede suceder si cada jugador asume con responsabilidad su aporte a un equipo que lo necesita. Pero eso es asirnos a un efecto especial.

De hecho lo tomo para extender un comentario que puede definirse en una jugada: la de Gabriel Cichero. Casualidad o no, es lo que se espera de presionar y atacar en bloque. Un lateral suma y dispara. Esa, en teoría, debería ser la marca de Noel Sanvicente.

En teoría. La práctica fue otra. El primer tiempo fue un desastre para los jugadores que están obligados a mostrar «algo». Poco de Christian Santos, poco de Salomón y dos remates de Mario Rondón.

Lo anterior no es culpa de ellos, es cierto. Entre la excelente presión de Jamaica y la poca conexión entre las líneas, las jugadas de los ofensivos eran islas.

Los cambios generaron una ilusión. Pero se jugó al ritmo de Jamaica. No tengo el número de remates al arco de la Vinotinto, sin embargo, ver a Arango cobrar un tiro libre a la rodilla de la barrera, explica la terrible noche de la Vinotinto, que visualmente fue tan horrible como su nuevo uniforme.

PD: Si no hablo de Richard Blanco es porque su entrada fue anecdótica.