OPINIÓN | La crisis y su génesis

Crisis, una palabra que se define como “situación difícil y tensa de cuyo fin depende la reanudación de la normalidad”, cae como anillo al dedo para la situación que atraviesa Venezuela. Pero, ¿es la crisis venezolana algo nuevo?

En Venezuela, el tema de la existencia de una “crisis integral” en lo social, económico y político, ha devorado todos los niveles de opinión que el país dispone.

No obstante, se observa un evidente contraste que señala controversias, que lejos de unificar criterios de las causas, efectos y consecuencias de la “génesis” de la “crisis”; la situación cada vez, es más confusa.

Se da por contado que nadie está asumiendo ni responsabilidad ni corresponsabilidad de las consecuencias nefastas que “el flagelo” de la crisis, le ha impuesto al sector más importante, la población, que solo juega sin recurso alguno el papel de víctima.

Una cosa que hay que destacar, es que la crisis no es nueva en su nacimiento genético. Para ello hay que señalar algunos antecedentes históricos registrados: por ejemplo, para 1956 en Venezuela, se estimaba la existencia de 6.420.000 ciudadanos: 47% (3.017.400) estaban ubicados en los medios urbanos, mientras que un 53% (3.402.600) lo hacían en el medio rural. En ese momento, el “oro negro” había dado sus primeros pasos para sustituir la fuente principal de ingresos, basada en el tabaco, café, cacao, el sector agrícola y pecuario, etc; por una economía basada en la explotación y comercialización del petróleo.

Es a partir de allí que el doctor Arturo Uslar Pietri plantea lo que podía haberse constituido, una verdadera “revolución social y democrática”.

“…Hay que sembrar el petróleo…”

Extrañamente, el país fue conducido a poner en práctica todo lo contrario en lo social, económico y político. Es allí donde se inició la Génesis de la Crisis que hoy, tal cual flagelo imponderable azota al país.

Hoy, en 2019, somos aproximadamente – sin tomar en cuenta a aquellos en la diáspora – 30.000.000 de venezolanos. Ello indica un crecimiento poblacional, en 63 años, de 4.500.000 más por año.

La diferencia de la ubicación ecográfica de la Venezuela de 1956, a la del año 2019; es que la población está ubicada: el 90% en los medios urbanos mientras que en los medios rurales un 10%.

Que en 63 años hayamos crecido como población un 82% indica una sola cosa: Venezuela ha tenido su propia diáspora de 90% en el éxodo del campo hacia la ciudad. Es decir, la crisis nació con papá y mamá, que no tuvieron la capacidad suficiente, para garantizar el destino social, económico y político de un país, que, en ausencia del conocimiento de gerencia pública, se dedicó a promover acciones de improvisación política.

En ausencia visionaria, Venezuela ahora se encuentra con una cruda realidad histórica. Pasó de ser un país que hace 208 años se planteó no solo lograr su libertad, sino también la de otros pueblos; ahora depende de actores intermedios que, desde Noruega y Barbados, les repartan a los poderes enfrentados los bienes sociales, económicos y políticos de quienes no han mostrado capacidad para resolver la crisis que ellos mismos han creado en el país.

La crisis nos está comiendo a todos vivos, mientras que otros aprovechan para seguir improvisando sus quiméricos sueños de grandeza personal, que en nada resuelven los verdaderos problemas de este país.

Nuestra patria cada día está siendo salvajemente hipotecada. No hay diferencia entre aquello que escribió Eduardo Galeano en “Las venas abiertas de América Latina” y lo que ocurre en Venezuela en la actualidad.

Sigo insistiendo en que hay que volver a Carabobo. Todo depende de que despertemos, reaccionemos y actuemos. Hay que cruzar la calle y rescatar nuestro propio destino.

“Solo el pueblo unido será capaz de salvar al pueblo”.