Perseguidos por su fe, la lucha por la libertad religiosa

En 38 naciones del planeta, con poblaciones equivalentes a 75% de la población mundial, las personas sufren de violaciones graves de la libertad religiosa.

El atentado de Sri Lanka en el que un grupo islamista mató a más de 275 personas por detonaciones en iglesias católicas y evangélicas, durante la Pascua de Resurrección, el día en que los cristianos celebran uno de sus hitos más importantes, dejó en evidencia que aún en pleno siglo XXI se sufre peligro por tener determinada creencia religiosa.

Apenas hasta el año pasado el Estado Islámico atacó a cristianos. Los crucificó, quemó, ahogó, atropelló y disparó, solo por profesar otra religión distinta a la «verdadera».    

En 1945, más de 6 millones de judíos, catalogados por los nazis como infrahumanos y comparados con plagas como ratas y cucarachas, fueron asesinados sistemáticamente por la industria de muerte de Adolfo Hitler.

Adolf Hitler, Konstantin Neurath

Una población entera fue perseguida por su cultura, costumbre y religión. Su exterminio sirvió de precedente para que el mundo tomara en consideración la libertad religiosa, racial y étnica, e intentara evitar que siguieran produciéndose matanzas similares. Sin embargo, el flagelo no se erradicó y hoy, más de 70 años después, la discriminación, persecución y violencia religiosa siguen presentes en el planeta.

La discriminación abunda

Los ejemplos de discriminación religiosa en la actualidad abundan. Solo falta otear los medios para ver como muchos gobiernos niegan el derecho a garantizar la libertad religiosa, entre muchas otras libertades.

En 2018 la organización Open Doors señaló que asesinaron a 4.305 cristianos, atacaron a 1847 iglesias y persiguen a 245 millones de personas de esta confesión.

A mediados de abril de 2017, la Corte Suprema rusa declaró ilegal a los Testigos de Jehová y anunció la confiscación de todos sus bienes, porque considera a esta organización religiosa como extremista.

En Turquía, el presidente Recep Tayyip Erdogan, acusó al Tribunal de Justicia de la Unión Europea de lanzar una cruzada contra el Islam por haber fallado que una empresa tiene derecho en determinadas circunstancias a prohibir el velo en el lugar de trabajo.

En China, las nuevas normas introducidas en la provincia de Zheijang han llevado a la retirada de símbolos religiosos, en especial los cristianos, porque se desea “chinizar” la cultura y creencias extranjeras que puedan hacer tambalear o representan peligro para el Estadopor lo que progresivamente deben asimilarse a la cultura china y adaptarse a los valores fundamentales del socialismo.

De hecho, China ha llevado su «chinización» a extremos que si no fuera en serio sería ridículo. En 2007 prohibió al Dalai Lama reencarnar, y en 2011 negó la reencarnación sin su permiso, algo que es parte de los preceptos del budismo.

El dalai lama sufrió la persecución religiosa

Pekín no cree en nadie

La lealtad al Estado y al Partido Comunista tiene que estar por encima de las creencias religiosas y se pretende fusionar el cristianismo con estas características chinas. La experiencia replica a lo hecho por el país cuando invadió el Tibet en 1949 y obligó al Dalai Lama a abandonar el territorio una década más tarde.

Los mencionados son tan solo tres casos en los que los miembros de alguna religión han sido víctimas de políticas de las naciones.

Eso sin mencionar la persecución de los budistas a los Roghinya -la minoría musulmana en Birmania que ha sido calificada como la el grupo minoritario más perseguido del mundo-, o la infaltable Corea del Norte, donde todo aquel que vaya en contra de la línea oficial merece un tiempo de reeducación en los campos del gobierno para disidentes. 

Informes sobre el tema, como el desarrollado por el Departamento de Estado de Estados Unidos en 2015, el del Centro Pew de Investigación y el de la Fundación Pontificia y el grupo Ayuda a la Iglesia Necesitada en 2016, han cuantificado y explicado los problemas de la situación religiosa en el mundo.

Este último hace énfasis en los países donde es obvia la discriminación y la persecución a los creyentes de religiones minoritarias.

El texto, que detalla la situación en cada uno de los 196 países del mundo, estableció que 38 naciones del planeta sufren violaciones graves de la libertad religiosa, lamentablemente 75% de la población mundial vive en esas áreas con restricciones religiosas.

La sharia se impone

En Medio Oriente es visto como se impone la sharia –ley islámica- y se vive bajo su influjo, aunque no se pertenezca a ese credo. El terrorismo también ha causado que en África subsahariana las naciones hayan aumentado sus restricciones con ciertos grupos.

37 de los 48 países de la África subsahariana incrementaron medidas restrictivas y 25 de ellos lo hicieron en 2014 como resultado de los ataques yihadistas, lo que conllevó a que en África Occidental (Camerún, Níger o Congo) se prohibiera el uso del velo para evitar se escondieran bombas bajo él. En Kenia, la Corte Suprema consideró constitucional retirar los atuendos musulmanes de las escuelas.

manifestante palestino

El peligro en la región de Asia y Medio Oriente es en su mayoría para los cristianos. En ese continente son una minoría, que muchas veces, debe callar por temor a la violencia, y deben ceñirse a leyes religiosas que no profesan. Mientras que en Occidente se pide tolerancia contra las minorías en estas regiones se impone la sharia, y se castiga a las personas sin importar su confesión.

En Ruanda, el gobierno detuvo a ocho testigos de Jehová cuando se negaron a participar en la patrulla comunitaria –sus creencias rechazan el servicio militar- y despidió a 7 personas por negarse a tocar la bandera nacional mientras hacían el juramento de servicio público porque va contra sus creencias.

No solo es el gobierno

Los desmanes no solo vienen de los mandatarios de las naciones. También llegan de bandas paramilitares armadas que se hacen de territorios y tienen poder bélico para amedrentar a la población.

El ejemplo por excelencia y que nunca debe ser olvidado es el del autodenominado Estado Islámico. En Medio Oriente, África y Europa, los fanáticos del grupo y sus bandas criminales hermanas han quemado, decapitado, lapidado, ahogado, latigueado, explotado, tiroteado y atropellado a todo aquel que difiera de su visión retorcida y cruel del Islam.

No hay que olvidar algunos horrendos atentados como los de París en noviembre de 2015 en el que fueron asesinados 130 personas, los 32 asesinatos contra el aeropuerto y la línea de metro de Bruselas, Bélgica y los 84 fallecidos en Niza, Francia por arrollamiento ambos en 2016, o los 22 muertos por explosión en el concierto de Ariana Grande en Manchester en 2017.

Pero los ataques no son exclusivos de Europa, Asia y Oceanía también han sufrido los estragos del yihadismo. En 2018 en Afganistán murió junto a otras 23 personas un piloto venezolano que estaba alojado en el hotel Intercontinental de Kabul.

En 2019 Filipinas y Nueva Zelanda también fue escenario de matanzas. El primero con bombas contra una iglesia que causó 20 muertos y el segundo un supremacista blanco que mató a 50 personas en una mezquita en Christchurch.

África tampoco estuvo exenta con grupos como Al Shabaab en el que asesinaron a 21 personas en Kenia. También hubo ataques mortíferos en Túnez, Libia, Egipto, Malí y Nigeria donde el grupo Boko Haram es muy activo.

Más refugiados

La situación religiosa es una gran causante del aumento de refugiados en el mundo. En 2015 los principales motivos que tuvieron los refugiados para abandonar su país fueron la guerra, los problemas económicos y la violencia religiosa.

Siria. Las mujeres musulmanas oprimidas  en la lucha religiosa del Estado Islámico

El surgimiento del Estado Islámico y su expansión por territorios de Medio Oriente causó violencia y persecución extrema.

El ascenso de grupos radicales islámicos amenaza con convertir la zona en entornos monorreligiosos. Ya expulsaron a muchos grupos cristianos y también representa una amenaza para la diversidad musulmana. Muchos practicantes moderados de la fe de Alá y miembros de otras ramas de esta religión debieron huir de la línea dura del Estado Islámico.

El nuevo fenómeno de violencia basada en la religión lo llaman hiperextremismo. Este conlleva un proceso de violencia y radicalización sin precedentes que pasan de la discriminación y la persecución a actos criminales de lesa humanidad.

En países como Siria, Irak, Afganistán y Somalia, los enfrentamientos contra la fe religiosa causaron el desplazamiento de millones de personas.

Según la Organización de Naciones Unidas 65,3 millones de personas son refugiadas y en cuatro años la cifra aumentó en 55%. Si bien muchos huyeron de la guerra o de la mala situación económica, para pueblos enteros ser yazidí, chiíta o cristiano era una sentencia de muerte ante la expansión del Estado Islámico.

Otros grupos como los talibanes, Ansar al Sharia y al Shabab, también han hecho acciones violentas contra grupos que no pertenecen al Islam sunita. 

Más violencia

África sub sahariana tuvo un incremento en las hostilidades y la violencia entre grupos e individuos por religión. Entre julio y diciembre de 2015 Boko Haram tuvo 37 ataques suicidas con bombas en Camerún.

En este sentido, el continente americano es privilegiado, los gobiernos permiten la libertad religiosa y no ha habido hasta ahora incidentes de hostilidad por grupos extremistas. La discriminación y persecución es prácticamente inexistente y no hubo hasta la fecha casi ningún ataque yihadista.

Combatientes kurdos luchan por las libertades entre ellas la religiosa

EFE

Limitar para integrar

Europa recientemente vio el terror del extremismo en naciones como Reino Unido, Francia, Alemania y España.

Es por ello que en Suiza, específicamente en el World Trade Center de Zurich se prendieron las alarmas cuando se canceló una conferencia internacional de islamistas en la que figuraba un millar de participantes entre ellos musulmanes radicales.

El consejo Central Islámico de Suiza señaló el evento como una conferencia de paz. Sin embargo, muchos de los participantes e incluso de los oradores son personas que defienden el yihadismo. La presidente del Foro para un Islam progresista, Saida Keller Messhali, señaló que los invitados eran conocidos salafistas.

En Reino Unido el partido eurófobo y antiinmigrante UKIP propuso prohibir el velo para promover la integración.

Aseguran que la agenda es promover la moratoria de creación de escuelas islámicas en el país para empoderar en especial a las mujeres a quienes consideran oprimidas por esa religión.

UKIP afirma que pretenden que las mujeres puedan tener más libertad de expresión y religión, que los islámicos se adapten a los valores de Occidente, más laicos, y que lo que se busca no es sembrar la división sino por el contrario integrar esos grupos a la sociedad británica tal como se hace en otros países.

La primera ministra británica, Theresa May, dijo que no prohibiría el velo facial porque lo que una mujer viste es su elección.

La jefa de gobierno apuesta por el multiculturalismo sobre la asimilación cultural, por lo que afirma que las culturas, a pesar de sus diferencias, pueden convivir siempre que se sometan a la ley de la nación.

Los eurófobos descartan esta idea y claman que esos inmigrantes vienen de naciones con estilos de vida no modernizados. Es el dilema entre patriotismo y globalismo en el estilo de vida, cultural y religioso.

Aún latente

El temor de discriminación y persecución no es sólo contra los musulmanes. A principios de 2017 en Estados Unidos hubo una serie de profanaciones de tumbas de judíos y derribos de sus lápidas en los cementerios.

En Austria, el antisemitismo sigue latente y 33% de sus ciudadanos valoraron como positivos obras y acciones de Hitler en el país.

A su vez el Parlamento alemán encargó un informe en el que advirtió sobre nuevas formas de antisemitismo en el país. Con el intentan prevenir que se produzcan desmanes tan terribles como los de la Segunda Guerra Mundial.

Y aunque la amenaza del odio religioso vuelve a perfilarse, una investigadora que forma parte de la comisión que realizó el informe, Beate Krupper, expresó: “El problema tiene que ver con la socialización, no con la religión”.