Sonia Chocrón: “No soy mala, soy un simple espíritu perdido”

Poeta, novelista y figura polémica en las redes sociales, la caraqueña Sonia Chocrón se formó para escribir guiones para cine y televisión. Con esa idea –y no habiendo un programa especializado en dramaturgia para los medios radioeléctricos- estudió Comunicación Social, en la Universidad Católica Andrés Bello, mención audiovisual, y luego se fue a Los Ángeles, California, para prepararse como guionista. No salió del país sin experiencia. En sus años universitarios empezó a trabajar como redactora de los noticieros matutino y del mediodía de la emisora de radio Éxitos 1090.

Sonia Chocrón:  “No soy mala, soy un simple espíritu perdido”

Las noticias –recuerda Sonia Chocrón- se recibían vía teletipo y se combinaban con los titulares destacados de la prensa escrita que llegaba a la emisora antes que yo: a las 4 y 30 de la madrugada. Yo entraba a las 5, junto con otra compañera y entre las dos redactábamos el noticiario. Para el mediodía, nuestro jefe, Luis Humberto Rueda, a quien recuerdo con enorme afecto y gratitud (y un reloj que le batía en la muñeca y sonaba mientras tecleaba en su máquina de escribir) llegaba más tarde y se montaba con nosotras en la tanda del mediodía. Para esa época, como aún no era mayor de edad, ni conducía, ni me gobernaba sola, mis papás me llevaban a la estación a las 4 y 45 am, mientras el resto de la ciudad dormía y seguía a oscuras.

Eso no era todo. La incansable aspirante a guionista ocupaba dos tardes a la semana en dar talleres de teatro a niños con síndrome de down, en Avepane. Y fue asistente de producción (como pasante sin salario) de una campaña de micros documentales sobre tránsito terrestre y seguridad para el Ministerio de Transporte. “Una de aquellas filmaciones reproducía un choque de madrugada en la bajada de Tazón. Así que hasta allá fui a tener, con mi madre de chofer, para supervisar que todo estuviera a punto”.

–Cuántas madrugadas… -evoca-. Tantas, que un día mi mamá me dijo con toda solemnidad: “Hija, ya no damos para más. Estamos cansados tu padre y yo de dormir mal, pendientes de despertarnos para que llegues puntual a tu trabajo. Cambia de oficio, por favor. Y renuncié a la radio, a pesar de que ofrecieron duplicarme el sueldo si me quedaba.

Ya había ingresado por concurso a los reputados talleres del Centro de Estudios Rómulo Gallegos, CELARG. Al de poesía. Y al de narrativa. El jurado supo antes que ella misma que además de escribir guiones, también podía escribir poesía y relatos.

Concluidos sus estudios californianos, regresó a Venezuela. “A escribir libretos para programas institucionales. Laboratorios farmacéuticos suizos, la Cruz Roja, la industria petrolera… Di clases de guión en la Fundación Academia Nacional de Ciencias y Artes del Cine y la Televisión. Incluso, escribí algún artículo sobre el tema para Video Forum, la revista especializada que la Fundación publicaba trimestralmente. Con guión mío, el corto “Post Diseño”, de Víctor Rodríguez, ganó como mejor película de cine superocho en los 80.

En 1984, ingresó a la plantilla de escritores de Radio Caracas Televisión. “Entonces comenzó mi verdadera formación. Primero con una serie juvenil. Después, con el Ciclo de Rómulo Gallegos. La versión libre que hice de Los Inmigrantes, cuento de Gallegos, fue mi primer premio como guionista. Tenía 24 años. Y, por último, escribiendo telenovelas con quienes para entonces eran los reyes del género. Desde Manolo Muñoz Rico, pasando por el semiólogo sureño Oscar Moraña, hasta la dulce Ligia Lezama”.

Chocrón ha publicado diez libros. Cinco, de poesía. Dos, de relatos. Tres novelas. Y tiene dos en imprenta, uno en Venezuela y otro en España, que se llama Bruxa, “que es en lo que me he convertido en estas dos décadas…”, así dijo el pasado 21 de marzo, en el evento de celebración del Día de la Poesía, en la plaza de Los Palos Grandes, Caracas, donde Chocrón fue convocada a leer.

–Ah, sí –dice con esa mirada relampagueante que tiene cuando se siente provocada-. Soy una bruja. Fui una persona inocente de casi todo hasta hace 20 años. Pero después de conocer al mal una termina por volverse desconfiada, precavida, visionaria, reñidora, malpensada, un poco seductora, un poco adivina, muy desobediente y descreída. En este sentido, he descubierto el poder de mis hilados de palabras y los uso aunque me cueste caro decir cosas. Pero hay que decirlas. Saber también es autoflagelarse. Y lo pago. Pero no soy mala. Digamos, como Michel de Montaigne, que soy un simple espíritu perdido.

¬–Hay quien piensa que usted sí es mala, que a veces se apresura a juzgar a los demás con parámetros demasiado severos.

–La bondad y la maldad, en tanto abstracciones universales, se concretan según la conducta específica de cada persona. Así que digamos que, como soy humana, mi riesgo es errar. Pero lo cierto y concreto es que a mi edad ya no sé mentir. Ni robar. Ni traicionar. Ni adular. Ni fingir. Ni alquilarme. Ni ocultar. Ni pasar agachada. Y tampoco quiero hacerlo. A lo mejor todo eso que nombro no es tan malo: a fin de cuentas, el bien siempre es tautológico.

Todos queremos ser Obi Wan Kenobi, y en gran medida lo somos; pero también hay un Darth Vader dentro de nosotros. Incluso, dentro de aquellos que juzgan como malos a los demás y que se creen buenos de corazón. De esos es de quienes más desconfío. Por eso procuro que mis parámetros sean los mismos para todo mundo, comenzando por mí. Y no me permito por ello ciertos lujos: como creerme que soy mejor persona que los demás. Ni tampoco peor.

De cómo me perciben los otros, no puedo juzgar. Mucho menos remediarlo. Unos opinan, según me dices, que soy maluca. Otros, en cambio, opinan que soy bienhechora y afectuosa. Y ya ves, supongo que ninguna de las dos versiones es completamente cierta, ni completamente falsa. Soy todo eso. Soy todo. Y no abjuro de ninguno de mis defectos ni de mis atributos. Soy la suma de todo. Sonia es la suma de todo.

–¿Podría explicar a qué se refiere con “hilados de palabras”?

–Es un símil que me traigo de la sorcellerie, de mi próximo libro de poesía, “Bruxa”. Lo traigo a colación a propósito de las prácticas de hechicería, de los atados de hierbas e ingredientes que usan las magas para hacer hechizos. En mi caso, son el equivalente de poemas, cuentos, tuits, frases. Ovillos de palabras como sinónimo de hilados para conjuros. Las palabras como un conjunto creador de conjuros. Y si te sigo la cuerda en lo del bien y el mal, pues a esas palabras las llamaría en un idioma inventado en este instante “buenabras” o “malabras”. Porque todos los “atados” sirven para bien o para mal.

– ¿Alberga usted un poquito de ese mal al que se ha expuesto en las últimas dos décadas?

–Desde el momento en que digo que ahora soy bruja es porque doy por sentado que el mal ya anida también en mí. Nada es inocente. No es posible exponerse y salir ileso. Pero no solo Sonia Chocrón. Nadie. Y quien no lo entienda así, quien piense que después de esta exposición extrema al envilecimiento y sus formas de acomodarse para sobrevivir, sigue siendo bueno, miente. O se miente.

–Cómo les explicaría lo que han sido estas dos décadas, a esos escritores extranjeros que ocupan papel periódico para decir que ellos no se han logrado enterar de lo que ocurre en Venezuela.

–1998: A Venezuela Llegaron los bárbaros con hambre. Robaron. Mataron. Envilecieron. Robaron. Sobornaron. Mataron. Compraron a buenos y malos. 2019: los bárbaros ya lo han arrasado todo. Quedan solo muertos, muertos en vida, muertos de hambre, muertos de mengua, muertos de bala y muertos de pena.

–Cómo diría que es el antisemitismo del siglo XXI.

–El antisemitismo del siglo XXI se llama en realidad anti israelismo y es el fundamento según el cual todo el mundo tiene derecho a defenderse de cualquier ataque bélico menos el Estado de Israel. Deben dejarse matar y así todos contentos. Israel se convertiría entonces en un país de gente muy buena (y no ese territorio lleno de personas malvadas, asesinos de críos y santos) que pone el pecho, de buena gana, a cohetes y balas, y muere. Y por fin, la única democracia (y moderna y próspera) de la región dejaría buenamente de existir. De nuevo, el bien y el mal. Y la moral mudable y su anclaje a las verdades relativas.

–¿Qué asuntos se reserva para abordarlos en poesía; y cuáles, en narrativa.

¬–Dependiendo de mi ánimo para escribir: si estoy contenta, escojo desarrollar un tema en una ficción. Una novela si me siento exultante. Si estoy triste, no tengo otra salida que la poesía. Si estoy supremamente triste, escojo dormir.

–¿Y para las redes sociales?

–Para las redes sociales no me guardo nada. La inmediatez marca mi pauta.