Unos 14.000 venezolanos esperan hoy por refugio en Perú

Aunque las cifras varían diariamente, se estima que están llegando cada día a Lima unos 250 venezolanos que huyen del caos. Algunos tienen doble nacionalidad, otros vienen con contrato de trabajo, pero la mayoría llega como turista pidiendo refugio humanitario en el ministerio de Relaciones Exteriores de Perú. La capacidad operativa de los funcionarios de este organismo ya fue superada al tener en su poder 14.000 solicitudes de refugio en lo que va de año, solo por parte de los caribeños que escapan de la peor crisis económica y social en la historia de este arruinado país petrolero.

Unos 14.000 venezolanos esperan hoy por refugio en Perú

Según la ACNUR, Agencia de la Organización de las Naciones Unidas para los Refugiados, el Perú alberga más de 2.000 refugiados y solicitantes de asilo de más de 30 nacionalidades distintas, sin contar los venezolanos.
Esta modesta cifra contrasta con la altísima tasa de venezolanos que están llegando en una diáspora sin precedentes, y que mantienen sobrecargada la comisión de refugiados, pues 14.000 solicitudes sólo de venezolanos es una cifra nunca antes presentada.
Para el año 2016 las solicitudes eran respondidas en tan sólo 15 días, tal y como informan quienes obtuvieron este beneficio el año pasado. En cambio a la fecha, junio 2017, están llamando a quienes solicitaron el refugio durante el mes de enero, tardanza que se convierte en un dolor de cabeza para muchos venezolanos, pues en migraciones les dieron estadía por 120, 90, 30 o sólo 15 días a los últimos que llegaron. Esto los coloca en un limbo legal y en estado de indefensión.
La avenida Paseo de la República 3832, de Lima, es el sitio donde convergen los que solicitan el refugio. Allí se pueden ver las colas de venezolanos que huyen del régimen de Nicolás Maduro. Están en la calle, esperando por una respuesta a su solicitud o a que al menos les sea otorgado el permiso de trabajo por parte de la comisión especial para los refugiados, que les permita laborar mientras les dan una respuesta. En la mesa de partes (Oficina receptora de documentos) se escucha la misma respuesta a quienes preguntan por la fecha de su cita “deben esperar, hay 14 mil solicitudes de venezolanos por atender”.
Aunque muchos logran obtener ese primer permiso de trabajo, tienen que hacerlo en áreas que no son precisamente su formación, pues el ejercicio de sus profesiones requiere una convalidación legal de los distintos colegios gremiales de Perú, proceso que lleva papeleo, tiempo y mucho dinero. Dinero que muchos de ellos no tienen, por lo cual hay médicos en tiendas, ingenieros de mecánicos o administradores de mesoneros.
los venezolanos luchan en Perú
Otros se beneficiaron de una calidad migratoria única en el mundo, llamada «Permiso Temporal de Permanencia», PTP, y lo obtuvieron quienes llegaron a Perú antes del 2 de febrero de 2017, gracias a un grupo de venezolanos que conformaron la Organización No Gubernamental, Unión Venezolana en Perú, quienes lucharon y gestionaron para que los venezolanos no necesitaran como exclusividad un contrato de trabajo para quedarse.
De acuerdo al prestigioso centro de investigaciones Pew Research Center, basado en data de migraciones de Naciones Unidas, en Perú había en el año 2015 en total 90.000 migrantes de diversas nacionalidades, cifra que da una idea de la magnitud que ha alcanzado hoy la diáspora venezolana en el país andino de mayor extensión territorial.
Perú tenía ese mismo año 1,410 millones de sus ciudadanos esparcidos por el mundo. De ellos, 50.00 vivían en Venezuela en 2015, cuando este país ocupaba el sexto lugar, empatado con Japón como principal receptor de emigrantes peruanos.
Muchos descendientes de estas familias emprendieron ahora el camino de vuelta desde Venezuela, como ha ocurrido con personas de Colombia y otros países americanos, muchos con doble nacionalidad.
La metodología de la ONU considera como migrante internacional a cualquiera que haya vivido por un año o más en un país diferente a donde haya nacido. Esto significa que estudiantes internacionales y trabajadores temporales son contados. También los son los refugiados. Pero son excluidos de la cuenta los empleados temporales por menos de un año, y los turistas, casualmente el estatus predominante entre los venezolanos que llegan.
Marta Fernández y Oscar Pérez, asilado político en Perú, fueron los artífices de este movimiento que les dio legalidad a miles de venezolanos que querían residenciarse en Perú y no tenían el anhelado contrato de trabajo. Ambos coinciden en que el punto de encuentro de la ONG fue el deseo de ayudar a los venezolanos que atraviesan el peor momento de su historia y que requieren ayuda al huir del caos, la escasez y la desesperación que se vive en la actualidad en la tierra de Bolívar, por ello se reunieron para buscar un beneficio migratorio y laboral para todos los venezolanos y nació la regularización masiva conocida ahora como PTP.
Marta Fernandez
Marta Fernández, ha luchado incansablemente  por el estatus migratorio de los venezolanos en Perú (Foto: Margit Pérez)
“Creo que el principal problema fue la falta de convenios migratorios de los venezolanos y la falta de documentos apostillados, porque la mayoría de las personas por la misma situación del país no pueden apostillar”, manifestó Fernández sobre los principales escollos que tuvo el PTP.
El PTP, fue la tabla de salvación para miles de venezolanos que ahora cuentan con una calidad migratoria que les permite trabajar y obtener los beneficios del Perú. Según cifras oficiales de Migraciones, hasta marzo se habían otorgado 7.000 permisos temporales de permanencia.
No hay un patrón
Para instalarse en Perú no existe una fórmula de éxito, cada quien usa sus mejores herramientas. Algunos logran ejercer sus carreras. Elena Pérez es una de ellas, es geógrafa con amplia experiencia en su área. Consiguió un contrato de trabajo con una consultora y ya tiene su carnet de extranjería, tiene un poco más de un año en la tierra del imperio inca, pero afirma que fácil no ha sido.
“La gente cree que establecerte aquí es fácil y no lo es, te llevas golpes, te levantas y lo vuelves a intentar. Yo lo sigo intentando, quiero estar en lo que aquí llaman planilla y aún no lo he logrado, pero ejerzo y pude traer a mi mamá y a mi hija; pago la universidad de mi hija, pero hay que esforzarse mucho y sin descanso”, dice.
Ante la pregunta obligada de si volvería a Venezuela responde: “por supuesto, apenas caiga Maduro, me voy a reconstruir mi país”
Miguelina Falotico, arquitecta de profesión y ex directiva del Colegio de Arquitectos de Venezuela, llegó el 24 de diciembre de 2016. Ella y su hija tomaron el vuelo más económico que encontraron y se instalaron en Lima el día de Navidad, cargada de sueños, sueños que el actual gobierno venezolano les impedía cumplir: “antes de perder mi dignidad me vine, no iba a permitir que me marcaran el brazo y no iba a seguir haciendo colas. Aquí he encontrado tranquilidad, mi hija está en la universidad, pero no he logrado ejercer mi carrera, solo trabajos eventuales. No es fácil, para nada fácil, pero estamos luchando”.
–¿Te regresarías a Venezuela?
“Si el gobierno cae, por supuesto que sí, en Venezuela está mi vida”.
Luis Alberto Acuña es nativo de «La Perla del Caribe», Margarita. Se vino con una mano adelante y otra atrás como dicen en Venezuela, pero tenía muchas ganas de surgir y estar tranquilo. A este joven de 21 años le tocó vender arepas en Vía Expresa (una zona muy transitada de Lima) y tiene que estar pendiente de que la policía no llegue a quitarle la mercancía.
“Tardo más de dos horas en llegar aquí, vivo con un pana que me está ayudando, pero lo que gano me alcanza, estoy más tranquilo, por ahora no regresaría a Venezuela, prefiero seguir vendiendo arepas aquí ”, dice mientras saca de una cava una arepa con pollo para una clienta, pues el género femenino es el que más apoya su venta, tal vez por lo bien parecidos que son los “areperos” venezolanos.
Por su parte Giovanna Pérez de 16 años de edad, llegó a estudiar 4to año de secundaria con mucho miedo porque era una educación totalmente distinta. Tan sólo saber que eran 21 materias la aterraba. Sin embargo, con el transcurrir de los días se dio cuenta que el miedo era pasajero, se adaptó y en el primer bimestre llegó a alcanzar el mejor promedio de su clase, ganadora de los concursos de español e inglés en su colegio y brigadier de su salón.
“Sé que debo hacerlo bien, no sólo por mí, sino porque represento a Venezuela”, dice.
Estas y muchas otras anécdotas más forman parte de la historia de la diáspora venezolana, un país acostumbrado a recibir emigrantes de todas las nacionalidades pero nunca acostumbrado a emigrar. Sus nacionales ahora se ocupan en cualquier profesión, pero siguen luchando por ejercer las propias, para las que se formaron, por hacerse un nombre y ganarse sus espacios dentro de la sociedad peruana.
Como dijo Oscar Pérez, “aquí no vinimos a rascarnos la barriga, porque Perú necesita de nuestro talento, de nuestro trabajo y fuerza creativa. Por eso este año deben trabajar muy duro, para que cuando toque la renovación del PTP, les sea otorgado, porque ya viene su carné de extranjería. Y a los que están solicitando refugio les digo que tengan paciencia, el personal está sobrecargado de solicitudes, nunca antes había llegado tanto venezolano, pero vamos a demostrar con nuestro trabajo que vinimos a fortalecer el Perú y no a causar problemas”.
Oscar Pérez
Oscar Pérez, lideriza la ONG Unión Venezolana en Perú (Foto) Margit Pérez]]>

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