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Y con ustedes…. George Harris

El comediante venezolano tiene muchos años presentando sus shows en vivo, en varios países. Contamos cómo es uno de ellos

9 de la noche, llegada al teatro para ver el show de George Harris. Se abren las puertas puntualmente. No sé por qué me imaginaba el Flamingo Theater Bar como un local aislado en medio de una calle oscura de Brickell. Todo lo contrario, está dentro de un hotel, muy bien iluminado, el Four Ambassadors. Igualmente, el local lo imaginaba algo sórdido, y desordenado. También resultó lo contrario, está muy bien arreglado y ordenado. (¿Traumas de mi imaginación signada por todos los problemas de Venezuela…?).

Durante la espera, puedes pedir desde tequeños hasta empanaditas, para entrar en ambiente. Lo que me llamó la atención es que, en el menú, en la sección de bebidas denominada “Venezuela Libre”, había allí una que no entendí bien por qué estaba…

10 de la noche, comienza el conteo para que salga a escena George Harris. “Y con ustedes…. George Harris”. Ni un segundo antes ni uno después, aparece en escena. Toda una estrella, indiscutible. Domina el escenario a su antojo (hubiera sido un buen político, si se hubiese dedicado a otra cosa, jeje). George hace reír con sus infinitas ocurrencias a tirios y troyanos.

El humor como concepto es prácticamente indefinible. No es solo lo que te hace reír, es mucho más. Desde Platón hasta Freud, desde Bergson hasta Baudelaire, han tratado de conceptualizarlo, sin que nadie hasta ahora haya dicho la última palabra. “Humor es posiblemente una palabra; la uso constantemente y estoy loco por ella. Algún día averiguaré su significado”: Groucho Marx.

Creo que George nos hace reír tanto porque nos pone a los venezolanos totalmente desnudos frente al espejo, al igual que a los extranjeros y a todas aquellas situaciones que escapan del sentido común. Por eso se autodenomina humorista folclórico. Sin embargo, eso no es suficiente para arrancar las risas: la forma de llevarte al espejo también tiene que ser la adecuada. Allí está el detalle, como decía Cantinflas en su película.

El show dura hora y media. Es increíble como alguien puede pararse en un escenario todas las semanas, variar el espectáculo, transmitirlo en vivo o en diferido y mantener la curva de atención en alto, haciéndote reír todo el tiempo. Definitivamente, es un arte, pero también influye que los venezolanos somos tan particulares -no sé si para bien o para mal, creo a veces que para mal- que el anecdotario siempre se hace infinito. No me imagino un George Harris, danés, por ejemplo. En Dinamarca, después de media hora al año no habría más nada de qué reírse. (Por cierto, no saque su celular para tomar fotos o grabar, porque le caen encima, de la nada, una suerte de águilas negras y pesadas. Cosa que no entendí mucho, porque todo se transmite en vivo, no hay nada oculto).

Sala llena. Cada vez se está complicando más conseguir entradas para sus shows en el corto plazo. Como ya hay venezolanos en todos los rincones del mundo, sus espectáculos son demandados en muchas ciudades. De alguna manera, creo que los venezolanos asisten para verlo, no solo para reírse, sino también para no olvidar quiénes son. Toda esta vorágine impetuosa de estos últimos años ha querido también borrar nuestra identidad. Más allá de todo sentimiento patriotero, a veces nos preguntamos: ¿qué significa, hoy, ser venezolano? ¿Cómo construir la venezolanidad en el futuro, sin traumas, sin complejos, sin diferencias, sin limitaciones? Una venezolanidad para el futuro, que pueda afrontar los desafíos del retador siglo XXI, más de informática y biotecnología que de escasez e inflación.

“El sentido del humor es una de las grandes creaciones de la inteligencia, capaz de resolver envenenados problemas de convivencia”: José Antonio Marina.

En todos sus shows, George les da la oportunidad a nuevos artistas, y a otros ya consagrados, para que se proyecten, o lo sigan haciendo. En esa ocasión estuvo cantando Nella Rojas, talento de sobra, de Margarita para el mundo. También estuvieron cantando Karina y Pedro Castillo. Ambos se superan a sí mismos todos los días. (Increíble que sus voces no envejezcan). Esa generación del Decreto 1×1 de la década de los ochenta, con todo y sus criticas desde el punto de vista de la libertad de escogencia que deben tener los ciudadanos, generó una explosión de talentos que, todavía hoy, entre la nostalgia y la alta calidad, ablandan y mueven las fibras de muchos venezolanos y latinoamericanos.

Llega el fin del show. Rifa, despedida, salida ordenada del público, hasta la próxima. En una semana habrá todo un nuevo anecdotario qué relatar. Es que no solo en el mundo pasan muchas cosas en una semana, en Venezuela pasan demasiadas. Sería ideal que llegara el día en que casi no pase nada, como en Dinamarca.

¡Gracias!

Nota: Este artículo fue escrito en 2018 después de un show de George Harris en Estados Unidos.

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