Bolsas y escuelas abiertas, la fórmula Capriles para batir el hambre en Miranda

Henrique Capriles recibe hasta cien cartas al día llenas de peticiones en los recorridos que hace por las comunidades del estado Miranda, la céntrica entidad que gobierna desde 2008. “Pero no tiene presupuesto infinito como Santa Claus”, advierte uno de los integrantes de su equipo.

Bolsas y escuelas abiertas, la fórmula Capriles para batir el hambre en Miranda

Las principales peticiones son por alimento. El hambre arrecia en Venezuela, pese a que el Gobierno descartó recibir ayuda humanitaria en las Naciones Unidas. Las misivas son elocuentes: “Me dirijo a usted con el propósito de pedirle una ayuda ya que soy madre de 5 niños, todos menores. No nos alcanza para comer”; “Le escribo para ver si me puede ayudar a conseguir una bolsita. No tenemos nada de comer en mi casa”.

El presidente Nicolás Maduro insiste en calificar a Capriles como el “vago de Miranda” pero el dirigente opositor riposta, anunciando la apertura los fines de semanas de escuelas públicas de la entidad para cubrir los almuerzos de los más pequeños. “El programa Escuela Solidaria va a continuar porque hay muchos casos de desnutrición”, argumenta el jefe regional.

El gobernador desde hace dos meses comenzó sus “batidas contra el hambre” con las que intenta enfrentar un problema que ya es de salud pública entre los venezolanos, según la última Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi) elaborada por tres universidades del país.

El programa incluye mercados populares a precios accesibles, atención integral de salud así como la distribución de bolsas de comida para las personas de la comunidad que estén en pobreza extrema. Los productos entregados provienen de donaciones, asegura el equipo del gobernador opositor.

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“No son como los Comité Local De Abastecimiento y Producción (Clap)”, advierte Luis Moreno, director de desarrollo social de la gobernación de Miranda, en referencia a los comités de racionamiento de comida aplicados por Maduro. El subsidio “se trata de una bolsa solidaria sin costo. Tiene carbohidratos, carne y queso”, añade.

Capriles se sujeta de las cifras arrojadas por la Encovi para defender la activación de su nuevo programa social: “El 88,7% de los venezolanos compran comida en abastos. Solo 10,4% prefieren que se mantengan los Clap. Pero es un mecanismo de control político. Menos del 20% recibe regularmente las bolsas. 50% ha recibido la bolsa alguna vez. Pero ¿cuántas veces?”, se pregunta.

Los beneficiados de las bolsas de Miranda se eligen entre las familias más golpeadas por la pobreza. En efecto, en la Unidad Educativa Eugenio Pignat D’Bellard, ubicada en la localidad de Guatire, se seleccionaron a 35 casos de estudiantes –entre 1.100 alumnos- que cayeron en la pobreza extrema.

Al igual que las escuelas en otras partes del país, la asistencia escolar en el Pignat D’Bellard ha bajado durante el último año por los estómagos vacíos. “Los niños han dejado de venir. Hay unos que solo vienen tres días a la semana. ¿Cómo avanzamos así?”, se pregunta una maestra.

De 40 niños en las clases de educación física pueden asistir ocho, apunta la profesora de esa materia Mayte Hernández, quien se ha visto obligada a adaptar sus actividades con deportes menos exigentes porque los niños no tienen fuerza. “Ya no pueden trotar. Se cansan incluso con los juegos. La pregunta diaria es: ¿Qué desayunaste? Muchas veces responden: ‘Dos mandarinas’”.

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En sus recorridos por las comunidades, Capriles recibe más peticiones de tequeños que juguetes entre los niños que lo abordan. El gobernador entiende su programa como un paliativo, pues expresa que las políticas económicas no dependen de su gestión. A quien lo tilde de populista le contesta: “Ayudar al pobre es un acto de justicia no de caridad. No le voy a pedir que me muestre la célula. El que tienen necesidad, a ese lo atendemos”.

La pobreza es democrática

 

En el estado Miranda, una de las entidades más pobladas, violentas y pobres de Venezuela, el hambre afecta a todos. En el puesto de atención nutricional dispuesto por la gobernación en Guatire se atendieron a 111 personas. El balance arrojado impresiona: el estándar de peso de las personas mayores fue de entre 42 a 48 kilos. “La gente mayor ha bajado entre 20 y 30 kilos en un año”, afirma uno de los doctores.

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Teresa Navarro, de 56 años, dice que ha perdido 40 kilos en 12 meses. Está enferma. “Necesito ayuda, no palabras”, afirma. Pide dinero para costear cuatro exámenes médicos luego de lanzar una crítica al Gobierno: «Ahora están metiendo la yuca amarga para terminarnos de matar».

María Leunda (70 años) ha bajado 30 kilos. “De enero para acá he perdido cuatro”, desliza. Le pide a Capriles comida para darle a sus hijas. El funcionario responde y la madre agradece: “Mi casa está a la orden aunque no tenga mucho”.

La jornada del gobierno de Miranda incluye un foro nutricional en el que enseñan a los vecinos cómo preparar una ensalada de plátano verde. “Es una clase para rendir la comida”, explica la profesora ante los ojos de los mirandinos.

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Capriles tiene como meta extender las “batidas contra el hambre” en toda la entidad.

“Además de alimento ofrecemos vestido, calzado, medicinas. La alimentación es un tema muy serio, no para hacer chistes. Tenemos un señor que encadena todos los días y hace chistes al respecto. Ahora la agarraron con las panaderías. Las van a quebrar como todo lo que agarran. Como pasó con las areperas (socialistas)”, explica el dos veces candidato presidencial.

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