Buena Vista Social Club: nuevo disco para celebrar 25 años de un éxito mundial

En septiembre llega una edición conmemorativa del legendario disco que devolvió la fama al son tradicional cubano, esta vez acompañado de nuevas fotos, textos y un segundo disco con canciones grabadas en La Habana en aquella memorable primavera de 1996, pero que no se publicaron entonces.

Buena Vista Social Club: nuevo disco para celebrar 25 años de un éxito mundial

Al cumplirse 25 años de su irrupción arrolladora en el ámbito musical, la mayoría de las figuras principales de Buena Vista Social Club, el legendario disco, ha desaparecido. Compay Segundo, que en el momento de la grabación tenía 89 años, falleció en 2002, a los 95. Rubén González se fue en 2003, a los 84. Ibrahim Ferrer dos años más tarde, cuando tenía 78, y Orlando Cachaíto López en 2009, a los 76. Pío Leyva, Puntillita y el guitarrista Manuel Galbán tampoco están ya.

Del grupo sobreviven Omara Portuondo, quien sigue activa a los 90 años y Eliades Ochoa, que tenía 50 años en 1996 -“me llamaban el niño del Buena Vista”-promociona actualmente su último disco, Vamos a bailar un son. Juan de Marcos (La Habana, 67 años), figura imprescindible del proyecto, reside en Estados Unidos y sigue componiendo.

El aniversario no pasará inadvertido. World Circuit, discográfica y empresa productora británica, nervio motor de esta exitosa iniciativa que devolvió la fama al son tradicional cubano, al rescatar del olvido a estos celebrados intérpretes, lo conmemora con el lanzamiento de una edición de lujo del disco remasterizado.

Estará acompañado de nuevas fotos, textos y un segundo disco con canciones que fueron grabadas en La Habana en aquella primavera de 1996, pero que no se publicaron entonces.

Incluirá versiones diferentes de las canciones más famosas del original (Chan Chan, El carretero, Dos gardenias y Orgullecida, entre otras), junto a temas inéditos y absolutamente terminados, como Vicenta y La Pluma, que ya han sido lanzados como promoción y obtienen significativa difusión en las redes sociales. Ambos son de Compay Segundo, interpretadas por el propio trovador junto a Eliades Ochoa.

Viejas glorias, nuevos ídolos

La celebración de este cuarto de siglo es pertinente, tomando en cuenta el rango de fenómeno artístico que Buena Vista Social Club adquirió en su momento, al vender ocho millones de ejemplares y devolver al son tradicional cubano su lugar de honor en el panorama de la música mundial.

Ganó un Grammy y fue tema de un documental realizado por Wim Wenders y nominado al Oscar. Sin olvidar que propició más de 15 años de giras por todo el mundo. Todo esto y mucho más es el saldo de esta antológica producción. Son motivos más que suficientes para celebrarlo.

Al frente de este proyecto musical estuvo el músico estadounidense Ry Cooder, quien con el apoyo de Nick Gold, propietario de World Circuit, confió en el músico y productor musical cubano Juan de Marcos para unir a viejas glorias de la música de la isla. De Marcos convenció, entre otros, a Compay Segundo, Eliades Ochoa, Ibrahim Ferrer, Rubén González, Omara Portuondo, Manuel “Puntillita” Licea, Manuel “Guajiro” Mirabal y Orlando “Cachaíto” Lopez.

El resultado fue espectacular: en solo seis días salieron 14 canciones, para hablar sólo de las que se editaron.

La mayoría de aquellos músicos septuagenarios habían caído en el olvido y sobrevivían como podían en pleno Período Especial. De la noche a la mañana se convirtieron en estrellas internacionales aclamadas en todo el mundo.

El nombre del disco también buscó una conexión con el pasado musical cubano, ya que el Buena Vista Social Club había sido uno de los lugares más populares de La Habana de los años cuarenta del siglo XX, donde se presentaron varios de los mejores músicos de la época, intérpretes de boleros, danzones y sones.

Puertas abiertas al son

“Ha sido probablemente el disco más importante de la música cubana de finales del siglo XX y el que reabrió las puertas del reconocimiento internacional al son cubano. Veinticinco años después, todavía puedo sentir las vibraciones del estudio. Me siento muy satisfecho por haber contribuido al disco que rescató la música de mi país y a muchos de sus grandes intérpretes de las sombras”, dice Juan de Marcos, citado por el diario español El País en un reciente reportaje.

Inicialmente previsto como un proyecto de música fusión en el que participarían soneros cubanos y músicos africanos (al estilo del trabajo previo de Cooder con el cantante y guitarrista de Mali, Ali Farka Touré), Buena Vista Social Club acabó convertido (por culpa de unas visas para los africanos que nunca llegaron) en un improvisado homenaje al son y a la música tradicional cubana.

“Oye, déjame hacer algo”

El escenario de las grabaciones fue un estudio de la disquera cubana Egrem (construido en los años cuarenta por Panart, el primer sello instituido en la isla) y durante las sesiones hubo no pocas dosis de improvisación.

“No había nada muy organizado, ni repertorio definido; iban llamando a los músicos, entraban e improvisábamos. Se corrió la voz entre los músicos de que había un americano haciendo un disco y que pagaban bien, y algunos llegaron sin ser convocados”, cuenta Eliades Ochoa a El País. “Pío Leyva tenía loco a Juan de Marcos. Cada vez que salía, le decía: ‘Oye, déjame hacer algo’”.

Para Leyva era, además, la única oportunidad de tomar leche en aquellos años duros, donde escaseaba casi todo, desde el ron hasta el pan y casi cualquier alimento. Los dólares de la productora inglesa revivieron a muchos de aquellos jubilados.

Ibrahim Ferrer, el cantante que en la película de Wenders es llamado “el Nat King Cole cubano”, apenas ganaba dinero para subsistir lustrando zapatos a unas cuantas calles del estudio donde Cooder y Juan de Marcos trabajaban en el disco. Esa grabación, así como el documental de Wim Wenders, convirtieron en estrellas internacionales a Ferrer y a muchos otros músicos cubanos que ya se habían resignado al olvido.

“Estaba la fuerza de la música tradicional cubana, y sobre todo el carisma de los protagonistas, que a su venerable edad transpiraban elegancia y cargaban a sus espaldas toda una fabulosa historia musical”, recuerda De Marcos.

Cinco de los integrantes del mítico grupo, con Omara Portuondo al centro.

Y la vida les cambió…

Lo que siguió ya es historia. Aunque Pablo Milanés llevaba años trabajando con la música tradicional cubana y con varios de aquellos soneros, su proyecto fue definitivamente opacado por el éxito apoteósico de Buena Vista, consagrado en julio de 1998 con un gran concierto en el Carnegie Hall de Nueva York.

A todos aquellos músicos, muchos de los cuales tenían que viajar con enfermeras debido a su avanzada edad, el éxito les cambió la vida.

El suceso del disco animó a Cooder a regresar a la capital cubana en 1998, para grabar un segundo álbum, esta vez con el vocalista Ibrahim Ferrer, entonces con 74 años, como figura central. El productor estadounidense llegó acompañado por el cineasta alemán Win Wenders quien recogió en un documental, no solamente el proceso de grabación de aquel álbum, sino también las historias de los músicos del grupo y sus presentaciones en vivo en Ámsterdam y el Carnegie Hall de Nueva York.

Ibrahim Ferrer, olvidado, trabajaba como limpiabotas cuando lo reclutaron para el proyecto.

En el documental, Ry Cooder contó algo que aprendió a hacer en los inicios del proyecto. Después de escuchar una melodía especialmente buena, hacía dos preguntas: “¿Quién la escribió?” y “¿Él o ella sigue con vida?”.

La película de Wenders resultó muy aplaudida en todo el mundo. Además de recibir una nominación al Oscar de Hollywood, fue galardonada en su rubro en el Festival de Berlín (Berlinale) y ayudó decisivamente a la globalización del fenómeno Buena Vista Social Club.

Una última mirada

Aunque menos conocido, otro documental, mucho más reciente, arroja significativas luces sobre los protagonistas de esta experiencia. Se trata de Buena Vista Social Club: Adiós (2017), dirigido por la cineasta inglesa Lucy Walker, del cual Wim Wenders es uno de los productores ejecutivos.

Se filmó con motivo de la gira internacional de despedida de este entrañable grupo de figuras de la música cubana, cuyo periplo incluyó, entre otras, una presentación en la Casa Blanca, por invitación del presidente Barack Obama, que acababa de reanudar las relaciones diplomáticas con Cuba.

Este documental reflexivo, aunque algo disperso, da una última mirada al enormemente influyente fenómeno de Buena Vista Social Club, con toques bastante diferentes al tremendamente exitoso de Wim Wenders, que ayudó a disparar aún más las ventas del álbum.

Cinco de los integrantes del mítico grupo, con Omara Portuondo al centro

El de Lucy Walker entrelaza entrevistas con muchos de los miembros sobrevivientes de la agrupación y el apoyo de material de archivo, para así proporcionar antecedentes biográficos, políticos e históricos. Esto rellena de manera útil los vacíos que el primer documental no llenó.

Cambios en Cuba… para peor

Si algo es notorio en Buena Vista Social Club: Adiós es el cambio experimentado en Cuba con relación al documental de Wenders. Y no precisamente para bien. Al abrir con noticias sobre la muerte de Fidel Castro, Walker señala que en el país caribeño hubo una transformación radical, que iba de mal en peor, aún tratando de disimularla con pañitos calientes. El crítico estadounidense Alan Zilberman es particularmente lapidario, al destacar que otro de sus aspectos decepcionantes es la música misma:

“La película de Walker no permite que nos detengamos en una canción entera y solo despliega fragmentos que transmiten la idea de una melodía y no todo su peso emocional. La balada inolvidable ‘Chan Chan’, por ejemplo, llega sin la parte instrumental con que comienza, lo cual hace que la canción sea tan poderosa como la música de fondo de un restaurante. En otro momento alguien menciona el talento de Ferrer para la improvisación vocal, pero el clip que Walker elige para ilustrarlo es tan extraño que resulta difícil comprender qué hace que su presentación sea tan especial”.

Y más adelante añade: “Adiós… existe sobre todo para reforzar el legado de los músicos de la primera película, muchos de los cuales han fallecido en las dos décadas desde el lanzamiento del documental original, y que -se sugiere- han alcanzado el estatus de héroes populares. Algunos de ellos vivieron hasta sus 90 años, así que sus muertes no fueron una tragedia, pero Walker insinúa que el estilo del son cubano pudo haber muerto con ellos”.

Anécdotas en otro contexto

Más benevolente es el New York Times, al calificar este documental como “una secuela ejemplar y vital, pues no solo hace una crónica de las carreras durante los últimos años de vida de las estrellas de Buena Vista, muchas de las cuales han muerto desde entonces, sino que además relata algunas anécdotas dolorosas y fascinantes e insiste en darle a la música un contexto histórico y social”.

El filme de Wenders no hizo mucho en ese aspecto, pues se conformaba con ser una película en la que se pasaba el rato con los músicos, capturando los momentos en que jugaban dominó mientras esperaban su turno ante el micrófono. Como contrapartida, aquí se muestran las acaloradas discusiones en las pruebas de sonido y queda de manifiesto la ambivalencia con la que algunos de esos músicos vivieron la fama tardía.

Este Adiós…no es tan poético ni tan armónico como el primer documental. Trata de ser más duro y analítico, pero se queda a medio camino.

Deshielo en la Casa Blanca

Como para remarcar con un toque especial su gira de despedida, en octubre de 2015 Buena Vista Social Club se convirtió en el primer grupo cubano en actuar en la Casa Blanca en más de 50 años, al tocar en una recepción organizada por el presidente Barack Obama.

Casi tres meses después de que se restablecieran las relaciones diplomáticas entre los dos enemigos de la guerra fría, se encargó de amenizar la recepción de la residencia presidencial norteamericana con motivo del Mes de la Herencia Hispana.
Ante unos 400 asistentes, en la Sala Este de la Casa Blanca interpretaron cuatro de sus éxitos más famosos: Chan Chan, Veinte años, El cuarto de Tula y Quizás, quizás, quizás. Omara Portuondo brilló especialmente al dirigirse en algunas ocasiones a los asistentes en inglés para agradecer los aplausos, que fueron nutridos y repetidos.

“Voy a cantar para ustedes una canción cubana de nuestro repertorio llamada Veinte años”. Y aquí introdujo unos versos del clásico de jazz estadounidense Summertime, de George Gershwin, perteneciente a la ópera Porgy and Bess. Y
cuando tocaron Quizás, quizás, quizás, instó a la concurrencia a cantar la letra en inglés: Perhaps, perhaps, perhaps.
La acompañaban sus compañeros Eliades Ochoa, en la voz y guitarra; Barbarito Torres con el laúd, Manuel “Guajiro” Mirabal en la trompeta y Jesús “Aguaje” Ramos tocando el trombón. No se presentó el grupo completo, “debido a lo reducido del recinto”, justificó Portuondo.

Aunque los anunciaron mediáticamente como “la primera banda cubana en tocar en la Casa Blanca”, otros artistas originarios de la isla caribeña, los del exilio, como Gloria Estefan, Willie Chirinos, Celia Cruz y el trompetista Arturo Sandoval, por solo mencionar algunos, habían actuado también en la mansión presidencial.

Luego la luna de miel entre Obama y la Cuba castrista se rompería. Treinta meses después de que el mandatario iniciase el histórico deshielo con La Habana, Donald Trump, su sucesor en la presidencia, dio marcha atrás en el proceso de apertura.

“Ha nacido una nueva política. Doy por cancelado el acuerdo de Obama. No apoyaremos al monopolio militar que oprime a los cubanos”, clamó Trump, en lo que se consideró un triunfo de la línea dura auspiciada por el anticastrismo.

Compay Segundo y Ry Cooder, nervio motor del disco

Detalles del disco homenaje

La Pluma y Roberta son las canciones inédita que World Circuit ha lanzado, con sus respectivos videos, de lo que será la edición 25 aniversario de Buena Vista Social Club, que llegará el próximo 17 de septiembre. Incluirá igualmente un video oficial con imágenes de las sesiones en La Habana, grabadas en 1996 por la fotógrafa Susan Titelman, esposa de Ry Cooder.

Esta edición especial saldrá en tres formatos: 2LP + 2CD Deluxe Book Pack, 2CD + 2LP vinilo desplegable y en Digital. Tendrán además el álbum original remasterizado por el ingeniero ganador del Grammy, Bernie Grundman, así como canciones nunca antes escuchadas de las cintas de la sesión de 1996, entre las que se encuentran las ya menciónada La Pluma y Vicenta.

Además, todos los formatos tendrán nuevas notas, fotografías y letras inéditas, biografías, impresiones artísticas y una historia escrita del legendario Havana Club original, disponible exclusivamente en el formato Deluxe Book Pack.
El video de La Pluma muestra a Compay Segundo, con su banda Los Muchachos, tocar esta trova con letras que se remontan a los poetas del siglo XIX. Esta es una de las “cartas de amor” musicales menos conocidas que escribió Compay Segundo. Con esta denominación describió a varias de sus creaciones. El hallazgo lo hizo Ry Cooder durante largas conversaciones en el estudio, cuando este le pedía al músico que hablara sobre los viejos tiempos de la trova.

Ry Cooder expectante

En cuanto a los temas de esta nueva edición, que se grabaron durante la famosa semana de 1996, pero que nunca se editaron, algunos fueron pensados como sugerencias de repertorio y otros como improvisaciones espontáneas. También hay tomas alternativas de varias de las ahora famosas y más queridas del álbum original.

Cuando ha transcurrido un cuarto de siglo del surgimiento de Buena Vista Social Club, vale la pena recordar aquel gran álbum de la improvisada orquesta, que la colocó entre las más grandes de la música cubana de todos los tiempos y la llevó hasta el último rincón del planeta.

“A esta altura llevo 50 años haciendo discos, así que sé algunas cosas al respecto (…) Me da mucha curiosidad ver si la gente tiene ganas de escuchar este disco aniversario de Buena Vista, si le gusta y si le significa algo”, expresó hace poco Ry Cooder al diario argentino Clarín. Habrá que esperar al 17 de septiembre para comenzar a comprobarlo.

 

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