Cambiar en paz, pero cambiar

La solución a la crisis que prefieren más venezolanos es pacífica y democrática. La violencia de cualquier tipo tiene apoyo reducido y es rechazada mayoritariamente

La solución a la crisis que prefieren más venezolanos es pacífica y democrática. La violencia de cualquier tipo tiene apoyo reducido y es rechazada mayoritariamente. Pero cada día son más los que no creen que esa solución pacífica sea posible. Ese es un problema político de la mayor magnitud.

La desconfianza en las vías constitucionales sembrada por el grupo en el poder con la ayuda, casi siempre involuntaria de una insensatez aislada y ruidosa en el campo opositor ha tenido resultados. Menos gente votaría en procesos que cree serán viciados antes y durante e irrespetados después. Es el resultado de la viveza miope convertida en política de Estado. Así, en votaciones de reducida participación, la abrumadora mayoría ansiosa de cambio no se expresa y la maquinaria oficialista, administradora de un segmento social cada vez más reducido no tendría mayores dificultades en imponerse en comicios de escasa o nula legitimidad por no ser creíbles nacional e internacionalmente.

Pero ¿Qué es lo “miope” de esa viveza? Me preguntarán ustedes. Pues que esa picardía puede ayudar a correr la arruga de rendir cuentas ante el pueblo por parte de lo que hay quien denomina el enchufadismo del siglo XXI, pero es incapaz de producir un efecto que los que mandan necesitan que es reconocimiento internacional que alivie su aislamiento y las sanciones que acarrea. Eso no se logra con cualquier “20 de Mayo Parte II”.

El peligro del continuismo vía simulacro electoral, para más de uno aterrador como perspectiva, es mínimo ante el muchísimo peor de que el sentimiento de que no hay solución democrática posible termine fortaleciendo la desesperación que anime intentos de falsas soluciones violentas, muy costosas en vidas humanas, en destrucción y en ruina. Un paseíto por los noticieros de televisión nos muestra lo caro que la humanidad paga por esas aventuras.
El voto es la fuerza del pueblo. La vía más práctica, probada y venezolana de participación ciudadana. Recuperar su valor pasa, claro, por recuperar sus garantías institucionales de libertad para buscarlo, emitirlo y respetar sus resultados. La Asamblea Nacional ha dado un paso importante al iniciar el proceso de renovación del CNE que produzca un ente confiable para todos. Harán falta acuerdos políticos con sincera disposición al compromiso, para que los venezolanos podamos votar a conciencia de que vale la pena.

En la sociedad civil hay, me consta, iniciativas diversas dirigidas a la revalorización del voto mediante elecciones libres, buenas. No digo perfectas, pero suficientes para reanimar a la ciudadanía en una esperanza concreta al ofrecer condiciones y garantías de equidad y competitividad. Personalidades y organizaciones diversas se reúnen, intercambian, acercan pareceres. Es un movimiento positivo que debería atreverse a transformarse en un impulso movilizador. Porque queremos cambiar en paz, pero cambiar.