Carlota Sosa, actriz en clave de thriller dramático / Entrevista

Decidió no emigrar “porque no me considero tan valiente para reiventarme hasta ese punto”. Hoy protagoniza el célebre monólogo de Jean Cocteau “La voz humana”, con adaptación libre y dirección de Luis Fernández. Esta propuesta es una vuelta de tuerca muy diferente al texto original del autor francés, enmarcada en el nuevo formato on line surgido en tiempo de pandemia.

Carlota Sosa, actriz en clave de thriller dramático / Entrevista

Cuando llegó la pandemia en marzo de 2020, Carlota Sosa estaba a una semana de estrenar, en el Trasnocho Cultural, «La golondrina», inspirada obra del dramaturgo catalán Gillem Clua. Sentía tanto entusiasmo histriónico por esta puesta en escena, que volvería a los escenarios luego de un largo período de revisión.

Había sido un tiempo en el que se propuso que no iba a hacer nada que no la motivara y que no le fuese a dar una perspectiva distinta a nutrirla artísticamente, proporcionándole algo realmente diferente a lo que ya había hecho en 40 años de carrera.

Por ello, cuando el productor Douglas Palumbo le hizo llegar el texto de la obra en cuestión, sintió que su búsqueda había terminado.

-Leí el libreto de La golondrina y me encantó, me gustó muchísimo, me pareció un personaje estupendo, todo el sentido de la obra me fascinó y por ello me interesó hacerlo, estaba muy ilusionada. Pero llegó la pandemia y todo se vino abajo. La obra quedó en el tintero. Me resigné y pensé: “Esto es un retiro anticipado, ya no estoy interesada, ya no quiero hacer más nada”.

Confinada en su casa, junto a su pareja, el actor Rafael Romero, y dos de sus tres hijos (el menor vive fuera del país), poco después la llamaron Iraida Tapias y Rebeca Alemán para hacerle una propuesta llamada Lorquianas, a realizarse en Water People, la compañía de ambas actrices y productoras teatrales, vía la plataforma Zoom, con monólogos de Federico García Lorca.

-Fue algo muy bonito, otra cosa, bastante diferente, con varias actrices en vivo en un montaje aderezado con música. Se hizo el año pasado como algo sencillo pero muy lindo, que me satisfizo mucho, además de que yo, que andaba como de ermitaña, no me tenía que mover de mi casa.

Origen de una propuesta

Presentar espectáculos teatrales para la plataforma Zoom, que surgió como una necesidad a raíz de la pandemia, debido al cierre de las salas, originó interesantes hallazgos creativos.

Mimí Lazo y Luis Fernández, a través de su empresa productora con sede en Los Ángeles, figuran como precursores de esta tendencia innovadora, que es la de ofrecer su menú de piezas en un nuevo formato, al concebirlas y adaptarlas en función de las herramientas que ofrece Zoom, revistiéndolas de una renovada e inédita concepción, tanto en lo artístico como en lo técnico.

Comenzaron haciéndolo, con muy buenos resultados, con uno de los emblemas de su repertorio: A 2:50 la Cuba libre, de Ibrahim Guerra. Carlota Sosa no fue ajena a esta innovación.

-Vi la propuesta en Zoom de A 2:50 la Cuba libre y me encantó. Como yo había estado pensando en qué otra cosa podía hacer en pandemia que no fuera complicada, pensé en un monólogo corto. En mi época de estudiante de Comunicación Social en la Universidad Católica Andrés Bello, en la cátedra de Artes Escénicas, se revisitó a Jean Cocteau y a su monólogo «La voz humana». Ya había trabajado con Luis Fernández y sé cuál es su nivel de ‘voladura’ y creatividad. Por ello le propuse hacerla bajo este formato.

El monólogo de una mujer a punto de volverse loca por una ruptura sentimental, es el pilar de La voz humana, escrito en 1930 por el poeta, novelista, dramaturgo, dibujante, pintor, diseñador, crítico literario, ensayista y cineasta francés Jean Cocteau. Un monodrama -así lo calificaba su autor- concebido para Edith Piaf, pero que la divina cantante no se atrevió a estrenar. Temía subirse a un escenario sin músicos y con semejante carga dramática.

“Mi versión de ‘La voz humana’ desemboca en un final abruptamernte diferente al monólogo original de Jean Cocteau

La intensa andadura de un monólogo

La actriz belga Berthe Bovy fue la primera intérprete de La voz humana, al estrenarlo en 1930 en la Comédie Française. Desde entonces el monólogo ha tenido una intensa vida. Francis Poulenc lo convirtió en una ópera; Gian Carlo Menotti lo tomó como punto de partida para su composición «El teléfono»; Roberto Rossellini lo llevó al cine en una película titulada L’amore, protagonizada por Anna Magnani; y Pedro Almodóvar recreó parte de su texto en su filme de 1986, La ley de deseo, en la voz de Carmen Maura.

Más de 30 años después, el notable realizador español puso punto final a una obsesión, al estrenar su propia adaptación cinematográfica, en el cortometraje de media hora La voz humana, que presentó en la más reciente edición del Festival de Cine de Venecia. En el que constituye su primer filme en inglés, lo estelariza la actriz británica Tilda Swinton, a quien la crítica juzgó convincente en su rol de la desesperada mujer que aguarda al borde del abismo la llamada de su amante, que sabe que la va a abandonar.

La que ahora ofrece Carlota Sosa de La voz humana, en versión de Luis Fernández, ambos la fueron construyendo progresivamente. Desde el inicio del proyecto hasta su estreno en la plataforma mimilazo.net, donde la han venido presentando desde finales del año pasado, con muy buen respaldo de crítica y público.

Carlota Sosa entre Caracas y Los Ángeles

-Lo que hacíamos era tener sesiones todos los días -explica la actriz-, acuérdate que Luis vive en Los Ángeles, son cuatro horas de diferencia y nosotros nos conectábamos en la tarde vía enlace de Zoom, lo teníamos en imagen y él iba dirigiendo los planos que quería y me dirigía a mí como actriz. Así lo fuimos armando. Después vino la edición, a cargo de Luis; imagínate la cantidad de material que tenía. La otra parte interesante era añadirle los segmentos en vivo.

-¿Les llevó mucho tiempo hacerlo?

-Todo ese proceso fue entre noviembre y diciembre de 2020, porque en octubre fue cuando le hice la propuesta a Luis. Durante noviembre él estuvo trabajando en la versión y ya a finales de ese mes empezamos a grabar. Todo se hizo en mi casa. Antes le habíamos mandado fotos de cada uno de los espacios, de manera que él escogiera qué era lo que quería hacer y cómo.

-Fue un trabajo interesante, bien creativo -remarca la actriz- , con Rafa (Rafael Romero) estrenándose como camarógrafo, algo que no le quedó nada mal, si tomamos en cuenta que hacer cámara y dirección de fotografía no es fácil. Todo se hizo vía celular, con luz natural y la iluminación propia de la casa, pues no había luces ni focos especiales. Ni tampoco equipo técnico, ya que todo lo elaborábamos nosotros. Es una producción casera, pero a mí de verdad me sorprende el nivel alcanzado, que también tiene que ver con la edición, con el trabajo que hizo Luis.

Suspenso a lo Brian De Palma

Muchas han sido las actrices que han transitado por este texto, en el que una atribulada mujer habla por teléfono con su amante ausente: desde Simone Signoret a Amparo Rivelles, pasando por Liv Ullman y Cecilia Roth.

-Este monólogo lo han hecho una cantidad de actrices relevantes -asiente Carlota-. Recuerdo también a Ana Magnani, Ingrid Bergman y últimamente una actriz inglesa que a mí me encanta, que se llama Rosamund Pike. Sophia Loren la interpretó bajo la dirección de su hijo, Edoardo Ponti, filmada en cine y en exteriores, al contrario de Ingrid Bergman, Ana Magnani y Rosamund Pike, que están encerradas en un cuarto, como plantea el monólogo original de Cocteau.

-¿Qué diferencia tu propuesta de la de Cocteau?

-La original de Cocteau es la de una mujer abandonada y víctima, donde todo el quiebre de ella al final queda abierto, pero es de suponer que termina suicidándose, precisamente porque el hombre la abandona. Aquí la propuesta cambia considerablemente, porque posee un elemento de thriller importante que no lo tiene el otro. Hay suspenso, con muchos guiños a Brian De Palma, algo muy notorio. Aquí la mujer entra en un proceso psicótico, lo que tampoco está en la original, y desemboca en un final oscuro, muy oscuro, abruptamente diferente, una completa vuelta de tuerca a lo que originalmente planteó Cocteau. La he presentado varias veces y la idea es seguirla presentando. Luis también piensa doblarla y grabarla completamente, porque ahora se están haciendo festivales de este tipo de formato innovador generado por la plataforma Zoom.

-¿Crees que este formato llegó para quedarse?

-Esto surgió por una necesidad originada por la pandemia, pero creo que nació para quedarse, porque se ha notado que hay muchas posibilidades de creación y desarrollo en este formato. Independientemente de que se acabe la pandemia, creo que va a seguir existiendo. Se ha generado una nueva manera de presentar el espectáculo teatral, pues no es exclusivamente lo que se ha hecho siempre, que es teatro grabado. Esto es otra cosa, elaborado en un estilo cinematográfico y con otras herramientas.

“Me gusta viajar, pero no me voy”

-¿Qué habías hecho antes con Luis Fernández?

-Hice High en 2012 y después Todo sobre Bette, una obra en torno a Bette Davis, con la mala fortuna de que cuando la estrenamos empezaron los disturbios y las guarimbas de 2014. Se hicieron solamente tres presentaciones en el Trasnocho y justo después hubo que suspender las funciones por las protestas. Luego iban a presentarla en ese festival de teatro que organizaba Jorge Rodríguez y yo francamente, después de todo lo que pasó en 2014, realmente no tenía el estómago para participar en nada que esa gente organizara y entonces le participé a Luis y a Mimí que, sintiéndolo muchísimo, yo no iba a ese festival.

-Fue cuando la hizo Luis Fernández…

-Así es. Cuando ensayábamos Bette vi que Luis se sabía el texto de memoria y le sugerí que hiciera una adaptación y la interpretara él mismo. Todos los travestis imitan a Bette Davis y entonces le dije: “Estoy segura que harás una versión maravillosa travestido de ella”. Eso fue lo que él hizo. Lo vi en el Teatro de Chacao y estaba estupendo.

-¿Por qué decidiste quedarte en Venezuela y no irte del país, como muchos otros artistas?

-A los 60 años, decidir irme a emprender no sé qué me hizo llegar a la conclusión de que quizás no soy tan valiente como para reinventarme hasta ese punto. Resolví quedarme porque además en ese momento, en el que todo el mundo estaba marchándose, yo andaba de pata y cabeza en la calle protestando, sentía que mi sitio era aquí. Entiendo las razones por las que todo el mundo se fue, pero esas razones no privaban en mí. Viajo mucho, no hay nada que más me guste a mí en la vida que viajar. Yo lo hago, pero al cabo de un tiempo me regreso. Recuerdo que estuve en Miami en 2017 trabajando con Michel Hausmann, en un montaje muy bello de Our Town (drama del premio Pulitzer Thorton Wilder) y después de dos meses ya estaba desesperada, me quería venir para mi casa.

Oposición errática y poco transparente

-¿Crees que la situación en Venezuela está dada para que se normalice progresivamente la actividad cultural?

-No por ahora. Están haciendo cosas, como en el Trasnocho, con unas repeticiones inmensas en teatro, remontando obras un fin de semana sí y un fin de semana no. No me entra mucho en el cerebro cómo es que el virus funciona una semana pero otra semana no. Si la obra hubiera estado en repertorio te lo piensas, ¿pero hacer una obra de teatro para que la puedan ver 20 espectadores y con toda esa parafernalia de restricciones que tienes que tener? A lo mejor suena egoísta, pero no le veo el sentido a trabajar así. Creo que todavía va a faltar un tiempo.

-¿Sientes que las cosas en el país están estancadas políticamente?

-Totalmente. Yo me la pasaba escribiendo en Facebook y ya casi ni lo hago. Tú sabes que Facebook te trae los recuerdos de las cosas que has escrito y voy viendo en el tiempo cómo yo siempre decía que no había que bajar la guardia, que había que seguir teniendo esperanza, estimulando a los demás y a mí misma de que no se podía perder la esperanza. Bueno, ya lamentablemente estoy mucho más pesimista, porque la oposición ha sido errática, porque en este momento hay tanta falta de confianza, porque de verdad no ha habido transparencia en muchas cosas.

Lo que la gente reclama tiene toda la razón en reclamarlo, porque está harta. Debe haber un cambio absoluto, tanto de estrategias como probablemente de dirigentes que, para decirlo en lenguaje coloquial, están completamente rayados. Ese es el panorama que estoy viendo. Tendría que ocurrir algo que me devuelva el optimismo para pensar lo contrario- , agrega Carlota Sosa.

-¿Aparcaste entonces tu activismo?

-Ya la peleadera la dejé -dice en medio de risas-. Creo que lo último que puse en Twitter fue mi negativa a seguir discutiendo sobre las teorías conspirativas. A mí me parece, cuando son tan descabelladas y para mí tan difíciles de creer, que no puedo perder el tiempo discutiendo con gente que sí se cree eso a pie juntillas. ¿Cómo te convenzo si tú te crees de verdad que Bill Gates te va a meter un chip en la vacuna para espiarte? (risas).

-¿No funciona Twitter como una válvula de escape?

-Es un poco eso, porque hay veces que, aunque trato de controlarme porque me digo que ya estoy muy mayor para estar con esa peleadera, hay ocasiones que salen cosas con las que no me puedo quedar callada. ¿Cómo es posible que sean tan caras de tabla cuando te dicen que al único que hay que criticar es a Maduro? De Maduro y de los delincuentes que están en el poder ya todo el mundo sabe y yo he tenido una actuación clarísima a ese respecto. Pero no me puedo quedar callada cuando también veo cosas muy irregulares del otro lado, o por lo menos que a mí me lo parecen.

-¿Cómo transcurre tu vida en tiempo de pandemia?

-Ya me he visto todas las series habidas y por haber, porque además soy fanática del cine y de todo eso. Todo lo que he podido ver en Netflix y en Amazon Prime lo he visto. La última que vi, por cierto, y me gustó mucho aun cuando tiene todos los clichés y algunas cositas que son medio risibles, aunque es buena, es The Night Manager, de Amazon Prime, con un actor fabuloso que se llama Tom Hiddlestone y con Hugh Laurie, el de Dr. House, que hace un villano fabuloso. Eso es lo que hacemos básicamente. Y los fines de semana nos ponemos a bailar y a escuchar música. Rafa, mi hijo mayor y yo, porque el menor está afuera.

Inicios en la UCAB

-¿Cómo fue que habiendo ido a la Universidad Católica Andrés Bello a estudiar Comunicación Social, terminaste siendo actriz?

-No me gradué en la UCAB porque por una situación familiar complicada, me retiré en tercer año. Al año siguiente volví, pero con otro equipo de gente como compañeros. Estaban Marco Antonio Ettedgui, Javier Vidal como profesor de teatro, Julie Restifo, Aleska Díaz Granados, Antonio Adolfo Arais y Carlos Omobono. Creamos el grupo Autoteatro e hice varias cosas con ellos, pero me botaron por irresponsable, según ellos. Es que eran muy intensos y yo no lo era tanto. Hacían unas investigaciones sobre cada trabajo que montábamos y cada actor tenía que presentar una tesis alusiva. A mí me daba mucha flojera y no los hacía. Entonces me dijeron que estaba fuera por no seguir los lineamientos del grupo. Igual quedamos amiguísimos para siempre. Javier, Julie y yo seguimos siéndolo.

-¿Cómo llegas a la televisión?

-Ibrahim Guerra, con quien estaba empezando a hacer teatro, me llevó para el Canal 8 y más tarde me reincorporé a la Católica, donde cursé cuarto y quinto años, pero no hice la tesis porque entré a Radio Caracas Televisión y no me daba tiempo, pues estaba full de trabajo. Lo primero que hice en Rctv fue La Dama de Rosa. Mientras hacía televisión nunca dejé de hacer teatro, que era complicado, pero cuando uno está chamo no importan todas las horas que tengas que estar trabajando.

-¿Las obras teatrales que más recuerdas?

-En teatro hay algunas que no salieron muy bien, pero de las que tengo anécdotas divertidas. En A 2:50 la cubalibre estaba muy jovencita y fue un trabajo bien difícil, muy atrevido para mi edad, tenía creo que 21 o 22 años. También está Baño de damas, de Rodolfo Santana, que recuerdo con muchísimo cariño, porque fue de creación paulatina. Mi personaje era muy secundario, el de la borracha, pero se convirtió con el tiempo en un personaje central, ya que era muy graciosa cada vez que aparecía en escena. Hice también con mucho cariño El cuarto de Verónica, con Héctor Manrique y Marialejandra Martín. Interpreté allí un rol dual: una señora y una anciana.

-Con muchísimo agrado menciono a Sara o el grito de la langosta, una de mis interpretaciones más difíciles y satisfactorias. Era sobre Sarah Bernhart y alternaba con Omar Gonzalo; sin duda, un montaje precioso. No puedo pasar por alto tampoco a Los monólogos de la vagina, un hito por lo original de su propuesta.

En cuanto a High, de Matthew Lombardo, puesta en escena por Luis Fernández, diré que es uno de los pináculos para mí, porque de todas las obras en las que he participado, es la que más me ha exigido emocionalmente.

-Ahora vuelves a trabajar con Luis Fernández, ¿qué podrías decir de su trabajo como director?

-Que es un tipo absolutamente perfeccionista. Está atento a cada detalle. No es que dirija al actor solamente, es que también se ocupa de la escenografía, diseña las luces y el espacio, porque él también es arquitecto, y creo que de verdad tiene visos de genialidad. Cuando hemos tenido diferencias, y hablo en el caso mío, porque él a veces se sobrepasa en algunas de sus tendencias a romper los estereotipos y a ser muy provocador, se las expongo y él escucha. Hemos logrado tener una relación muy simbiótica, en el sentido de que entiende muy bien qué me puede sacar a mí como actriz. Me escucha, pero también me controla, sobre todo cuando se trata de un actor bastante emocional, como es mi caso.

-¿Qué títulos rescatas de tu actividad televisiva?

-Además de La Dueña y La Dama de Rosa, ambas de José Ignacio Cabrujas, me acuerdo de Primavera, adaptación de una telenovela de Delia Fiallo, donde me pusieron el mote de villana, del que más nunca me desprendí. Me teñí el pelo de negro para agregarme edad, porque hacía de mamá de Fernando Carrillo, al cual yo le llevaba ocho años. Era una malvada horripilante, que robaba bebés y todo. ¿Y cómo olvidar a Lucha Briceño en Por estas calles? Un momento importante para mí. Gocé mucho con ese personaje, porque ella era una corrupta, pero también resultaba graciosa. Fue indudablemente un personaje rico y pintoresco.

-¿No te deprime comparar la TV de esos años con la que se hace ahora?

-Ya estaba deprimida con las últimas cosas que hice en Venevisión. No había gente por los pasillos y sentías aquel agobio de trabajar con las uñas. Entre lo último que interpreté allí estuvo Marbelis, una malvada loca, muy cómica, en una telenovela de Mónica Montañés llamada Válgame Dios. Después vino Entre tu amor y mi amor, pero además de la que te acabo de mencionar de Mónica, la última novela realmente buena que hice fue Ciudad Bendita, de Leonardo Padrón.

-¿Venezuela está condenada a seguir sufriendo la grave crisis que vive?

-Quiero pensar que no. Pero nada me demuestra dónde está la luz al final del túnel, porque estoy viendo ese túnel larguísimo. Si tomamos en cuenta que el túnel de Cuba tiene más de 60 años, tú me dirás…

Como millones de otros venezolanos, Carlota Sosa apostó en las calles por las protestas pacíficas que sacudieron a Venezuela para luchar por un cambio positivo en Venezuela. Foto: Gustavo Vera/El Estímulo

 

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