Carmen Victoria Pérez: El Miss Venezuela desmejoró desde el paro petrolero

La locutora y animadora venezolana siempre le ha tenido “mucho miedo” al tiempo. Considera los años 80 como “la época de oro” del certamen de belleza más importante del país: “No tiene comparación”, afirma.

A sus 75 años, aún conserva esa voz profunda y pausada por la que una vez decidió ser animadora y locutora en vez de actriz. “Gracias a Dios, no me arrepiento”, asegura Carmen Victoria Pérez con la elegancia que siempre la ha caracterizado.

Se inició en la televisión a los 21 años, cuando fue aceptada como bailarina en un casting del periodista y narrador Renny Ottolina. “Yo aprendí todo lo que él sabía”, recuerda. Hoy, acaba de cumplir 54 de carrera artística y reconoce haber trabajado con los mejores animadores del país.

Durante diez años fue la conductora oficial del Miss Venezuela, pero rememora ese período como si hubiera sido más extenso porque la previa del evento duraba casi un mes entre galas, presentaciones y desayunos. “Ahora no. Se ensaya hoy, mañana es el concurso y se acabó la historia”.

Los años 80 fueron para la animadora venezolana “la época de oro” del concurso porque contaba con la producción de Joaquín Riviera un hombre que, según dice, “hizo todo lo que tenía que hacer”. En ese momento, había mucha mística, recursos y facilidades para realizar el certamen de belleza más importante del país, resalta la entrevistada.

“Una cantidad de cosas que son irrepetibles. El Miss Venezuela de aquella época con el de ahora no tiene comparación”, declara ocultando su mirada bajo unos lentes de sol. Carmen Victoria Pérez recuerda que, a partir del año 2000, fue invitada a presenciar el concurso en el estudio, pero carecía del mismo despliegue de antes.

Reflexiona y afirma que el Miss Venezuela comenzó a desmejorar desde el año 2002, cuando se llevó a cabo en el país el paro petrolero. “Desde ese momento empezó a tener fallas. Joaquín trabajaba de una manera muy triste, ya no era lo mismo”.

Carmen Victoria Pérez

Miedo al tiempo

La locutora y animadora venezolana siempre le ha tenido “mucho miedo” al tiempo. De hecho, cuando llegó al décimo año del concurso dijo que se iba: “Y lo hice perfecto. Jugar con los tiempos es muy delicado porque siempre hay alguien que viene detrás”. Nunca se creyó que fuese la mejor de su época.

No duda que hoy en día volvería a la pantalla venezolana, pero con una condición: “Si hubiese una televisión donde yo quepa, con mi tiempo cronológico de edad, mi visión de las cosas, preparación y evolución, teniendo una televisión de mucho respeto en el léxico, vestuario y en la conducta, yo lo haría”.

Sin embargo, considera que la televisión venezolana es hoy en día “una rosa plástica”, porque no hay producción y “la gente está puesta a dedo”, a excepción de algunos casos. Antes de los 80, evoca una pantalla “sumamente digna”.

Confiesa que nunca se iría definitivamente de Venezuela, aunque ha permanecido en otras naciones durante largos períodos. “No es fácil irte de tu país a otro, ¿para empezar qué? Una gente de 60 años que emigra es terrible”.

Vivir el día a día

La animadora venezolana admite que cuenta con una “formación muy sólida” y que aún tiene la posibilidad de enseñar lo que ha aprendido. Asevera que viene de una “escuela muy fuerte”, de las manos de Ottolina.

“Es lo máximo que ha pasado por este mundo de Dios, no hay otro”. Hoy en día se dedica a la radiodifusión y escribe mucho. Impulsada por sus más allegados, está pensando en escribir  un libro sobre sus vivencias y anécdotas. Alega que es una adicta a la noticia algo que, según dice, no es nada grato.

“La información para mí es una especie de alimento malo, pero lo es”. Debido a la situación-país, prefiere vivir el día a día ya que confiesa que los venezolanos están pasando por una situación “muy fuerte” como para estar planificando. Al igual que muchos, también se siente “muy afectada” por la actual crisis.

“En mi familia se la mantienen regañándome porque me dicen que no puedo vivir así. Los años lo van poniendo a uno un poco sensible”. Como uno de los grandes “impactos” vividos como animadora, rememora aquel momento en el que la arreglaban para el concurso y en un instante se le rompió el cierre del vestido. Faltaban solo 10 minutos para salir al aire.

Finalmente y a pocos segundos de iniciar su presentación, sus ayudantes resolvieron el altercado colocándole alfileres al atuendo. “Ese es uno de los impactos más grandes que puede tener cualquier presentador en un programa de televisión. Eso fue en el año 81 cuando ganó Irene Sáez”.

A pesar de sus comentarios sobre el Miss Venezuela, la animadora aclara que “todo” lo que tiene que decir sobre el certamen es bueno. No recuerda algún momento desagradable que haya vivido durante sus años como conductora. Siempre le ha gustado su independencia y, a pesar que de pequeña culminó su bachillerato después de “mucho rato”, hoy en día reflexiona y reconoce que es “muy estudiosa”.