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La nueva película con Tom Holland es tan mala como lo imaginabas (o más) 

Luego de un largo trayecto hacia su estreno, "Chaos Walking", de Doug Liman y protagonizada por Tom Holland, llega al cine a partir de este 5 de marzo. Pero en lugar del prometido espectáculo deslumbrante de ciencia ficción que se esperaba, la película es una combinación insólita y decepcionante de lugares comunes

La nueva película con Tom Holland es tan mala como lo imaginabas (o más) 

La trilogía Chaos Walking, de Patrick Ness, fue considerada una de las historias más curiosas de la ciencia ficción publicadas en la última década. Con su inevitable etiqueta “para adultos jóvenes”, también aseguraba llamar la atención de las grandes productoras hollywoodenses. Luego del éxito de franquicias como Harry Potter y Los Juegos del Hambre, la industria se encuentra en la búsqueda de la siguiente gran saga. Y la obra de Ness, con su buen uso de la distopía y el conflicto emocional, parecía ser la candidata ideal.

En 2021, la aventura literaria comenzó su gran recorrido hacia un éxito masivo. Lionsgate compró los derechos y contrató a Charlie Kaufman para la adaptación. ¿El motivo? La obra tenía un fuerte ingrediente introspectivo, basado en el tránsito interior de sus personajes, algo en lo que Kaufman es un especialista. La historia de Ness se basa en un futuro en el que los pensamientos pueden escucharse, en un flujo constante de imágenes y sonidos llamados escuetamente “Noise”. La especulación sobre algo semejante (además, en un escenario violento), parecía la fórmula ideal para que el guionista pudiera crear un extraño paisaje narrativo.

Pero, ya fuera porque Kaufman fue incapaz de traducir a la pantalla algo semejante o por simple perspicacia, el guionista abandonó la labor seis meses después.
El proyecto comenzó entonces un largo y accidentado recorrido de aplazamientos, cambios de productores, dos nuevos guionistas y finalmente, un director poco entusiasta. Doug Liman comenzó a filmar en 2017, pero desde los primeros meses la producción atravesó todo tipo de inconvenientes y obstáculos creativos. Al final, el conflicto alrededor del set parece haber afectado el resultado definitivo. “Chaos Walking” es una combinación torpe, poco efectiva y confusa de lo que pudo ser algo mucho mejor y más profundo.

La premisa de los pensamientos convertidos en “ruido blanco” se mantiene intacta, pero Liman parece incapaz de sacar provecho de ella. Tampoco lo hace del masivo genocidio femenino que se insinúa y que, por necesidad, debería dar un toque cultural concreto a la narración. En lugar de eso, la historia sorprende por su incapacidad para ser otra cosa que un desfile de efectos visuales deslumbrantes, sin mayor sentido. Por supuesto, resulta incluso comprensible, luego de que pasara nada menos que por seis guionistas.

Desde Kaufman, la reescritura del guion incluyó a Jamie Linden, el propio Patrick Ness, Lindsey Beer, Gary Spinelli hasta John Lee Hancock.

Al final, es un caos narrativo desde sus primeras secuencias. Y es notoria la necesidad de unir las piezas en algo comprensible, sin que Liman lo logre o tenga un momento inspirado en medio del desorden. “Chaos Walking” es apenas una combinación de situaciones y escenas que juntas entre sí, no parecen tener el más mínimo objetivo.

Por supuesto, en una historia en la que un interminable monólogo interior se traslada al ámbito visual, los efectos especiales lo son todo. O al menos, su pulcritud sería un requisito indispensable para la forma en que se sostiene. Pero “Chaos Walking” atraviesa un escenario artificial, fruto de una batería de efectos especiales poco efectivos.

Es inevitable preguntarse en dónde se encuentra la inversión de 125 millones de dólares. Desde el aspecto deslucido de la ambientación, hasta la forma de expresar la idea global del pensamiento “material”, la película tiene una apariencia incompleta y brumosa. La premisa que pudo mostrar de manera singular el mundo de sus personajes, termina por ser una confusión de colores en medio de un diseño pobre.

El escenario post apocalíptico presenta a Todd (un tedioso Tom Holland), que debe enfrentar la más inexplicable situación. No solo sus pensamientos adolescentes son visibles y pueden ser escuchados por cualquiera, sino que no hay mujeres a su alrededor. La combinación crea una cultura en que la masculinidad tiene relación con demostrar el poder individual, basado en un tipo de concepción sobre el silencio (no ser escuchado ni poder escuchar), que mientras en la novela tiene un tinte casi poético, en la versión cinematográfica parece solo sostenerse por la improbabilidad. ¿Qué ocasionó el fenómeno? ¿Qué provocó que algo semejante ocurriera? Nadie lo sabe. Y tampoco hay explicaciones que sustenten el centro argumental de la historia.

De modo que lo viril –o el liderazgo, que en la película es la misma cosa– no se demuestra a través de luchas ni tampoco de la competencia, sino en una tierra intermedia brumosa entre la reafirmación y algo más básico. Un atributo borroso que el guion no llega a determinar. ¿Qué es la masculino en medio de un mundo arrasado? La historia no lo muestra.

De hecho, durante la tediosa primera hora, el film parece más interesado en seguir a Todd sin que la acción parezca conducir a ninguna parte. Además, el guion plantea a este héroe incómodo, como uno que busca el motivo de su necesidad por el silencio. Liman, que toma referencias de varias de sus películas con personajes que enfrentan el sistema como pueden, sostiene al personaje de Holland desde el desconcierto.

Todd tiene un inevitable parecido con el Jason Bourne de “The Bourne Identity” o el William Cage de Tom Cruise en “Edge of Tomorrow”. El director toma un poco de sus films más conocidos para crear la sensación de destino inevitable. Como Jason y Cage, Todd debe encontrar una forma de superar a este Nuevo Mundo, ambientado en un lejano, retrofuturista y violento 2257 D.C.

Pero en esta sociedad de hombres, nada parece funcionar como debería. Desde los padres de Todd, Ben (Demián Bichir) y Cillian (Kurt Sutter), hasta el alcalde Prentiss (Mads Mikkelsen), los sobrevivientes luchan contra la desesperanza.

También, lo viril es un riesgo. En especial, cuando la falta de mujeres hace que la demostración de una cualidad semejante carezca de sentido. Tiene más relación con la manera en que la información se extiende como un eco elaborado, en medio de una sociedad sin secretos. En varios de sus momentos más logrados, el guion utiliza la idea como un puente entre situaciones. La comunicación de Todd con sus padres, el hecho que se enfrente al poder por lograr el deseado instante de silencio. Pero la ambición de contar docenas de situaciones a la vez, provoca que la película implosione desde su nudo argumental.

Todo lo anterior parece hacerse más complicado (si era posible), cuando una ¿nave? ¿barco espacial? se estrella en Nuevo Mundo. ¿La única sobreviviente? Viola (una Daisy Ridley que repite línea a línea su papel como Rey), a la que Todd debe rescatar para evitar que sea asesinada.

De pronto, la película entra en su punto más confuso. Nadie logra explicar por qué una sociedad masculina desea matar a la única mujer que aparece de pronto (y, por tanto, esperanza de reproducción). O el motivo por el que todos se movilizan en busca de atacar a Todd por el solo hecho de desear silencio. O incluso, algo tan simple como ocultar que sus hormonas adolescentes estallan como fuego pirotécnico a su alrededor.

La huida de Viola y Todd se convierte entonces en el centro del film. Y Liman, como en varias de sus producciones anteriores, se dedica a seguirles con un considerable tedio creativo. El poco interés que podía haber generado la historia se desploma y se transforma en algo más absurdo, extraño y sin sentido. Como si se tratara de una caótica línea en la que se intentan fusionar una docena de temas distintos.

Con su extraño aire de parodia involuntaria de películas como “I’m Legend” y “Children of Men”, “Chaos Walking es tan inclasificable como aburrida. Quizás lo que más desconcierta en una película que juega con el asombro y una supuesta provocación como principal baza.

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