Cinco respuestas sobre el nuevo CNE y las elecciones

El consenso entre los diputados de la AN de Maduro para elegir a los rectores de la institución comicial violó las normas que establece la Ley Orgánica del Poder Electoral. Eran 67 los postulados, y los 15 que ganaron ya se reconocían como tal, pero ¿qué hay detrás? ¿Qué se verá en las elecciones del 14 de noviembre? ¿Es el principio del final? Estas son algunas respuestas

Cinco respuestas sobre el nuevo CNE y las elecciones

La semana pasada, la Asamblea Nacional del chavismo juramentó la nueva estructura del Consejo Nacional Electoral (CNE), la cual ha sido celebrada por varios; señalada como ilegítima por otros; y vista como una posibilidad a los ojos de actores externos. Sin embargo, pocos parecen tener claro cuáles son los factores que influyeron sobre esta elección y las que están por venir.

El director del Centro de Estudios Políticos de la UCAB, Benigno Alarcón, ofreció algunas pistas en la revista PolítiKa UCAB para entender un poco dónde estamos y qué esperar.

Lea también: CNE: elecciones de gobernadores y alcaldes serán el 21 de noviembre

– ¿Es equilibrado e imparcial el nuevo CNE?

No. No es equilibrado porque la gran mayoría de sus miembros provienen directamente de las filas del chavismo. Solamente entre los rectores principales, que son cinco, hay tres que ya tienen historial en cargos de los gobiernos de Nicolás Maduro y Hugo Chávez. Tal es el caso de Pedro Calzadilla, quien ha sido ministro de Cultura (2011 -2013) y ministro de Educación (2013-2014).

Además, si se saca la cuenta desde la totalidad de rectores (principales y suplentes), la proporción es de 2 a 1. Son 10 rectores del chavismo y 5 apoyados por Capriles y «la mesita», una coalición de partidos minoritarios apoyados por Timoteo Zambrano. Incluso, esta es la constitución que privó en la conformación de los otros órganos del CNE: La Junta Nacional Electoral, la Comisión de Registro Civil y Electoral, y la Comisión de Participación Política y Financiamiento. En cada una de ellas hay dos rectores vinculados al oficialismo y uno apoyado por otras fuerzas, quedando dos de los cinco suplentes no oficialistas sin cargo.

Tampoco es imparcial, como suponen los artículo 26 de la Constitución y el 9 de la Ley Orgánica del Poder Electoral, que señalan que deberá integrarlo 5 personas no vinculadas a partidos políticos; y ese no es el caso.

– Este CNE sigue siendo elección del chavismo

Quienes celebran el nuevo CNE argumentan que fue elegido a través de la Asamblea, algo que solo ha ocurrido en «tres de los ocho directorios nombrados desde que el chavismo llegó al poder (2006, 2009, y ahora en el 2021)». PolitiKa UCAB señala que «no es casualidad» que sean parlamentos en los que el oficialismo controla más de los dos tercios necesarios para su designación, como lo estipula la ley.

Ante esto, explica también: «Cuando el artículo 296 de la Constitución vigente y el 8 de la Ley Orgánica del Poder Electoral establecen que los rectores sean nombrados con el voto favorable de dos terceras partes de la Asamblea Nacional, lo que se busca, precisamente, es que la designación sea producto de la negociación entre las fuerzas representadas en el Parlamento».

Sin embargo, tras las parlamentarias del chavismo en 2020, esos curules los ocupan solo simpatizantes de Maduro. Es decir, el resultado siempre tendrá tendencia a ser conveniente. De ahí que PolitiKa UCAB señale: «lo que negocia el régimen no es la composición ni el control del organismo electoral, que puede imponer unilateralmente, sino otras contraprestaciones a cambio de la concesión de uno o algunos rectores para la oposición».

– ¿Qué motivó a generar un nuevo CNE?

Más bien… ¿Qué se obtiene de esto? Según PolitiKa UCAB «es evidente que el régimen intenta vender la nueva composición del CNE como un avance en la búsqueda de una solución negociada; como una medida de construcción de confianza que debe ser recíproca, mediante la moderación o eliminación de algunas de las sanciones impuestas al gobierno por la comunidad internacional».  Además, hay que sumar a ello el interés de actores internos a que el panorama de ahora cambie; entre ellos una minoría de la oposición que se divide así:

  • Opositores cooptados, es decir, aquellos que no tienen interés en desplazar al gobierno, o lo consideran arriesgado o imposible.
  • Oposición a la que le interesa participar en el gobierno a cambio de espacios de poder, recursos y oportunidades de enriquecerse.
  • Opositores no cooptados, pero que desean sustituir a la oposición mayoritaria a través de una elección.

 – Así podría ser la estrategia del chavismo

La revista señala que el chavismo hizo esta designación con el fin de mantener un equilibrio por los próximos 5 años; y para lograrlo, planteó su legitimación a través del control de la vía electoral, «mediante un proceso para el que necesita fabricar una oposición a la medida, o sea, una que, aun siendo el oficialismo minoría, no pueda derrotarlo«.

Lea también: ¿El nuevo CNE será en verdad un primer paso?

Es decir, si bien hay un CNE capaz de tomar decisiones para crear condiciones electorales, no podrá sacar a Maduro del poder. Más bien, este buscará aprovecharse de lo que se paute para restar competitividad electoral a la oposición. Algo que sí podría pasar desapercibido, en un primer momento, para la comunidad internacional.

¿Cómo?

Igual que en las elecciones del 6 de diciembre de 2020, a través de la abstención y división de la oposición.

Así lo explica Alarcón: «La abstención se genera mediante la inhabilitación de algunos partidos y candidatos mayoritarios,  con capacidad para mover votantes; alimentando las dudas sobre la utilidad del proceso para producir un cambio; para lo cual la manipulación de la información en las redes sociales es una herramienta esencial que potencia la acción de los mismos partidos, líderes y electores que llaman a no votar».

No obstante, reitera que la clave de la estrategia es el «fraccionamiento del voto opositor mediante un proceso de clientelismo político competitivo-electoral». Es decir, se buscaría atraer un gran número de participantes que hagan difícil la coordinación para una postulación unitaria, logrando otra vez la dispersión de los votos.