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A rezar en casa: el virus alteró la tradición de Petare

Ahora cuando una nueva peste acecha piden al Cristo de la Salud un milagro como el de hace un siglo y medio, cuando curó a la población de la fiebre amarilla y del vómito negro. La pandemia de Covid-19 echó por la borda los preparativos de la Semana Mayor y los encerró a todos

A rezar en casa: el virus alteró la tradición de Petare

El 17 de febrero de 1621 empezó la tradición. Ese día, sobre una colina rodeada por el agua de los ríos Caurimare y Guaire, los colonos blancos, encomendados por los habitantes de Santiago de León de Caracas, fundaron el pueblo Dulce Nombre de Jesús de Petare. Esa ubicación entre dos corrientes hidráulicas servía de epónimo para los mariches, la población indígena que habitaba por aquellos lares. Y al igual que ocurría con casi todas las ciudades y pueblos edificados hasta la fecha, los colonizadores partieron de una cuadrícula central en la que ubicaron a las instituciones públicas de la monarquía, a las casas de las familias principales y una iglesia que sería construida sobre las ruinas de un cementerio indio.

Así lo reseña la Fundación José Ángel Lamas (Fundalamas) encargada del resguardo histórico de la actual parroquia capital del municipio Sucre, en el estado Miranda.

La Semana Santa transcurre en un ciclo sin fin. La cuarentena pasará y la iglesia abrirá, es cuestión de esperar

Hoy -aparte de las casas de tapia y de la zona colonial- la iglesia es el único rastro que queda a la vista de todos después de cuatro siglos de historia.

Contra los embates del tiempo, la iglesia resiste como el junco que se dobla pero siempre sigue en pie. Está bordeada por las barriadas capitalinas, con techos de zinc, casas sin frisar y la pestilencia del río Guaire. Su prescripción temporal tal vez no se deba a la solidez de sus columnas o al esfuerzo de los alarifes que la levantaron. Se debe a la fe que los parroquianos depositan en ese recinto. No solo en las fiestas patronales, también en los días después de la cuaresma, a partir del Viernes de Concilio, cuando inicia la Semana Mayor.

de Petare

La Semana Santa en Petare es tradición familiar. Una costumbre generacional que, pese a los malos tiempos y a las adversidades que parecieran hacer sucumbir a la parroquia, mantiene viva la esperanza por la mejoría del país.

Los preparativos para los siete días santos comienzan en diciembre, antes de las fechas patronales del Niño Jesús que se celebran en enero. En su organización participan más de 20 personas. No es tarea de un solo día, son semanas de trabajo: se montan las mesas, bajan a los santos, los visten con ropajes nuevos y se adornan con flores y orquídeas que donan los feligreses.

“A pesar del alto costo de las cosas, seguimos. No podemos permitir que nada ni nadie nos quite esos espacios de fe que nos llenan de esperanza hacia infinitas bendiciones”

Así ha sido por 399 años y en 2021 serán 400. Los petareños lo saben y se preparan como nunca para celebrar sus raíces. O al menos eso esperan, porque este año es inédito: ante la propagación de la Covid-19 y el confinamiento social, la Semana Santa que tenían prevista para abril 2020 se suspendió.

de Petare

Las procesiones estaban pautadas a las 6 de la tarde, pero ahora las imágenes talladas en madera policromada y acabado en yeso durante los siglos XVII y XVIII salen a plena luz del día, sin la organización que se esperaba ni el protocolo habitual. Esta vez, la feligresía apoya desde sus casas mientras los santos recorren las calles en una camioneta, sin cargadores.

Esto a petición del padre Miguel Vargas, quien lleva casi 2 años presidiendo el clero petareño. “Tuvimos que cambiar la planificación y abrirnos a las redes sociales. Aunque los templos están cerrados físicamente, espiritualmente están abiertos porque Dios está en todos lados. Hemos llegado a más feligresía en este tiempo de cuarentena que en el habitual”.

Una semana para reencontrarse con la fe

El Viernes de Concilio empiezan las rogativas, pero las procesiones no salen sino hasta el Domingo de Ramos con “Jesús en el huerto”, una escena que recrea las oraciones de Jesús en el monte Getsemaní antes de ser arrestado por los representantes del Sanedrín.

Esta vez, la feligresía apoya desde sus casas mientras los santos recorren las calles en una camioneta, sin cargadores

Ese día también era la repartición de las palmas, pero dadas las circunstancias este año prescindieron de ellas. El Lunes Santo sale “Jesús cautivo”, con una tradición particular: la liberación de un preso por parte del Concejo Municipal después de una solicitud que hace la Iglesia como institución. El reo con mejor comportamiento y un caso menor alcanzaba la liberación. Tras el retorno de José Vicente Rangel Ávalos a la Alcaldía de Sucre la tradición se suspendió.

de Petare

Félix Chiquito tiene 5 años vistiendo y decorando al paso “Humildad y Paciencia” que sale el Martes Santo. “Paso” es el nombre con el que la comunidad identifica a cada una de las figuras que salen en procesión desde el Domingo de Ramos. El de Félix es la representación de Jesús ante el pueblo judío, el momento de su encuentro con Poncio Pilatos y la liberación de Barrabás.

“A pesar del alto costo de las cosas, seguimos. Confiamos plenamente en Jesucristo que es el camino, la verdad y la vida. No podemos permitir que nada ni nadie nos quite esos espacios de fe que nos llenan de esperanza hacia infinitas bendiciones”, dice. Los gastos los paga de su propio bolsillo, desde las lámparas y los ropajes, hasta las flores y los faldones que lleva a sus pies y que cambian dependiendo el año y las promesas concedidas.

Los preparativos para los siete días santos no son tarea de un solo día, son semanas de trabajo: se montan las mesas, bajan a los santos, los visten con ropajes nuevos y se adornan con flores y orquídeas que donan los feligreses

El Miércoles Santo sale la procesión más seguida: la del Nazareno. La imagen tiene 17 años a cargo del señor Miguel Salas, petareño de crianza y quien la recibió a partir de una promesa concedida.

de Petare

En años anteriores, miles de parroquianos vestían de morado y asistían con compromiso y devoción a la misa y procesión del santo, pero este año las calles están vacías y la iglesia tiene sus puertas cerradas. El recorrido empezaba en el templo y a una cuadra de la iglesia El Calvario, también en la zona colonial, se encontraba con Santa Verónica, quien secó, con su velo, el rostro de Cristo cargando la cruz. De allí partía hacia el “Cristo de la redoma”, donde se encontraba con el “Nazareno del mercadito”, adornado y cargado por los fieles buhoneros, quienes gracias a él hallaron prosperidad en sus negocios. Una visita al Hospital Ana Francisca Pérez de León cerraba el trayecto y volvía.

“Es una promesa que yo le pago desde pequeño. Nosotros no tenemos plata para comprar las orquídeas, la comunidad colabora con eso y con la ropa parimos para conseguir los reales”, cuenta Salas, quien tiene el apoyo de Yenny Oropeza, otra voluntaria a la hora de vestir los santos.

de Petare

Nelson Pérez es parte del cuerpo de rescate encargado de garantizar la seguridad y los primeros auxilios durante las procesiones, órgano que tiene más de 40 años sirviéndole a la parroquia. “Esto es vocación, porque con el sueldo de un funcionario público nadie vive. Yo le pagué al Nazareno una promesa por 7 años. Trabajo los 8 días completos, desde el Viernes de Concilio hasta el Domingo de Resurrección”. Explica que la asistencia actual no se compara con la de años anteriores, cuando las calles empedradas se abarrotaban de gente.

La Semana Santa en Petare es tradición familiar. Una costumbre generacional que, pese a los malos tiempos, mantiene viva la esperanza por la mejoría del país

La culminación del recuento de la pasión, muerte y resurrección de Jesús de Nazaret termina los días más sacros: jueves y viernes. El jueves solía ser el único día en el que la iglesia cerraba en el día. Mientras que en la tarde se realizaba la “Cena del Señor”, una misa en la que los fieles se lavaban los pies tal como ocurrió con los apóstoles en la última cena.

El viernes salía el crucificado y a su regreso se realizaba el “Oficio de la Pasión”, una ceremonia para conmemorar la muerte en la cruz, y al atardecer marchaba el Santo Sepulcro, imagen a cargo de la señora Amelia Rodríguez. El Sábado Santo se bendecía el agua y el Domingo de Resurrección celebran la pascua, siendo el acto fundamental de la religión cristiana. Los petareños también quemaban un muñeco de trapo en representación a Judas.

El milagro del Cristo

Un señor con tapabocas se persigna frente a la fachada de la Iglesia. Las puertas están cerradas, pero él sabe que allí dentro está el Santo Cristo de la Salud que ha salvado a los enfermos en numerosas oportunidades. La primera en 1868, cuando una plaga de fiebre amarilla y vómito negro azotó a los petareños. El santo fue sacado en rogativa y a medida que circulaba entre la multitud los enfermos sanaban con su presencia.

Pero esta vez es diferente. Los milagros son historia. Venezuela no es el país del siglo XIX, a pesar de las miserias que todavía conserva. Una orden emanada del gobierno de Nicolás Maduro es acatada por la población que, en sus casas, implora por la cura a la nueva peste: la Covid-19.

Hoy -aparte de las casas de tapia y de la zona colonial- la iglesia de Petare es el único rastro que queda a la vista de todos después de cuatro siglos de historia

Desde la plaza, varias colinas terracotas decoran el fondo. Son casas sin frisar que en su interior albergan a personas esperanzadas. Asomadas en los balcones, aguardan y oran por la sanación del mundo. Las calles desoladas bajo el sol inclemente las hacen parecer a las de un pueblo fantasma. Tampoco hay buhoneros en estos días. La redoma está sola y las santamarías abajo.

En las casas de tapia de la zona colonial un señor apunta su vieja cruz de palma bendita desde los barrotes de su ventana. Con ella se persigna frente al santo que pasa ante sus ojos. No puede salir. Las salas de las casas son los nuevos templos y los cuartos los confesionarios. La Semana Santa transcurre en un ciclo sin fin. La cuarentena pasará y la iglesia abrirá, es cuestión de esperar.

Por ahora, cualquier sitio es propicio para encontrarse con Dios.